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Cien años de la comunidad judía en Santa Fe El diálogo interreligioso en una jornada de reflexión

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El diálogo es la puerta de entrada del conocimiento mutuo. El conocimiento es el mejor antídoto contra la existencia de prejuicios y su consecuencia negativa que son las divisiones y los desencuentros. Así lo señalaba el programa de la jornada de reflexión, con la que la comunidad judía comenzó la celebración de sus cien años en la ciudad.

Con la participación de los rabinos Daniel Dolinsky y Angel Kreiman Brill y el presbítero Gerardo Galetto, rector de la Universidad Católica de Santa Fe, tuvo lugar la exposición del tema: Objetivos, alcances y avances del diálogo interreligioso , ante un auditorium interesado y respetuoso que siguió vivamente las intervenciones de los tres religiosos.

LA HISTORIA RECIENTE
El padre Galetto comenzó su disertación aludiendo a lo que denominó «signos alentadores» en la historia reciente del mundo, de la Argentina y en nuestra ciudad y trajo a colación, al igual que Dolinsky, el diálogo ciudadano convocado por el arzobispo Mons. Arancedo juntamente con la Daia y la Federación de Pastores Evangélicos, que «refleja un mutuo deseo de conocimiento, de colaboración y de servicio al bien común». El sacerdote remarcó que si bien la religión tenía que ver con la búsqueda de las cosas de Dios también ello ocurría con el servicio a la comunidad.

«La historia no siempre estuvo marcada por la mutua comprensión entre las personas y religiones… Encontramos vaivenes, desentendimientos y puntos que estamos llamados a superar. Hay también valores que considero sumamente rescatables, que nos están indicando que estamos ante un espíritu nuevo que debe repercutir en la comunidad internacional».

Reseñó el camino reanudado por la Iglesia Católica a partir del Concilio Vaticano II con las figuras de sus dos papas: Juan XXIII y Paulo VI. «Para la Iglesia significó una apertura, una puesta al día; un sincero deseo de escuchar los signos de los tiempos para responder mejor a nuestra identidad católica y, luego, para entrar en diálogo con todos los hombres de buena voluntad y en particular con los hombres religiosos». Dentro de los documentos que dejó ese Concilio se refirió a Nostra Aetate que marcó un punto de inflexión en la lectura histórica que el catolicismo hace en su relación con el mundo y, en particular, con el judaísmo.

Aludió luego a la figura de Paulo VI y sus encíclicas, una de las cuales, Eclesian Suan, se la considera como una verdadera teología de la comunicación, que analiza el diálogo en sus distintos aspectos e incluso en su más sublime, el del creyente con su Creador.

«Vino después otro hito, podríamos decir un huracán que pasó por la Iglesia Católica: Juan Pablo II que en sus escritos, gestos y acciones encontramos mucha materia para el diálogo entre judíos y católicos», graficó. En orden a esta aseveración, recordó la visita papal en abril de 1986 a la Sinagoga de Roma; la visita a Tierra Santa y la «valiente» convocatoria para celebrar el Jubileo del Año 2000. Subrayó, a continuación, la recomendación del Pontífice a los católicos de hacer un verdadero examen de conciencia y arrepentimiento ante errores cometidos por los hijos de la Iglesia en los 2.000 años de historia. En este contexto, encuadró la revisión de la relación con el pueblo hebreo.

Galetto citó como otros hechos el reconocimiento del Estado de Israel efectuado por el Vaticano y el establecimiento de relaciones diplomáticas a partir de 1994; la visita de Juan Pablo II a Auschwitz y sus expresiones por el Holocausto (ver aparte).

TRES ASPECTOS ESENCIALES
En forma particular se refirió al documento Nostra Aetate que en su cuarto punto invitó a reconocer que en el mundo de los católicos existieron falsas interpretaciones de las Sagradas Escrituras y del Nuevo Testamento respecto del pueblo judío, tras la muerte de Jesús.

Otro aspecto esencial del mismo número, es la bendición de Dios al pueblo de Israel, «lo que nos está diciendo -dijo- que el pueblo judío sigue siendo el portador de la bendición divina que también nos alimenta a nosotros. Este dato es muy fuerte y es fuerte que lo diga un Concilio como el Vaticano II», Reflexionó, luego, sobre la relación esencial entre las dos religiones: «El judaísmo no es un elemento extrínseco al catolicismo… No se puede ser católico si no se conoce la historia y teología del pueblo de Israel», recalcó Galetto.

ACEPTAR LA LUZ Y LA ENSEÑANZA
El rabino Kreiman Brill invitó a avanzar en el diálogo visto desde el punto de vista de cuál es la responsabilidad judía. «Porque el diálogo significa dos que mantienen incólume su identidad con conocimiento y coherencia de la práctica de aquello que conocen para poder generar esto que es un diálogo. De lo contrario si vos y yo tenemos razón y somos amigos esto se llama un monólogo de a dos. Y es más cómodo».

Precisó que desde lo interreligioso se busca el diálogo entre personas religiosas, «no que pertenecen por herencia o descendencia a alguna tradición religiosa sino porque confiesan un Dios padre y creador del Cielo y de la Tierra que es el mismo Dios que se manifiesta como redentor en Egipto y que propone un concepto redentorial, la señal para nuestro objetivo final como pueblo que escoge a Dios para cumplir con sus mandamientos y llevar la fe en el Dios único a la humanidad entera».

«El paso a llegar a una tierra prometida que puede ser la tierra terrenal como también la tierra prometida personal y la prometida eterna, la Jerusalén celestial…», consignó el rabino Kreiman Brill. Para los judíos es el Verbo divino encarnado en esas tablas de la ley que debe encarnarse en la vida moral diaria de cada judío para poder seguir camino a esa tierra prometida.

«Si pensamos en nuestros abuelos hace cien años, reunirse con un cura para hablar de diálogo era impensable. Hace seiscientos años, era normal, como en la Córdoba de Andalucía, porque judíos, católicos y musulmanes dialogábamos en profundidad en las calles. ¿Qué pasó? Muchas cosas. Entre ellas, que nuestro conocimiento de nuestras raíces se debilitó, que nuestra coherencia con esas raíces también se debilitó, porque prevalecieron otros valores», y citó a la Inquisición y la expulsión de musulmanes y judíos.

PARA PREVENIR FUEGOS
Prosiguió señalando se debe entender que este diálogo interreligioso «exige identidad y coherencia; no lo usemos para apagar incendios frente a la necesidad momentánea, como los derechos humanos y la pobreza. El diálogo debe ser para prevenir fuegos. Y para prevenir tenemos que educarnos nosotros y educar a nuestros hijos en una profundidad religiosa. Porque si no en cada etapa de la historia, como tenemos valores comunes, nos unimos para lo urgente, que no es lo mismo que lo importante. Al dejar de lado los valores morales trascendentes surgen cada vez más urgencias», reflexionó en una de las partes más importantes de su exposición.

Precisó que el diálogo no debe ser `té y simpatía’. «El diálogo es entender. Si miramos nuestra realidad sociopolítica, hay un tema de ética y moral versus un secularismo consumista, que da prioridad a valores que no son ni judíos ni cristianos. Nos están comiendo nuestra espiritualidad. Entonces hay que promover hacia adentro del judaísmo que nos permita ver en el cristianismo una comunidad teológica, que se fundamento en valores morales y conceptos religiosos similares a los nuestros», concluyó.

El rabino Kreiman Brill

fue ordenado rabino en el seminario Rabínico Latinoamericano, es doctor en Teología Honoris Causa, Seminario Teológico de América y fue Gran Rabino de Chile entre 1970 y 1990. Se desempeñó como vicepresidente internacional del Consejo Mundial de Sinagogas y asesor de la Casa Blanca de Washington en materia de libertad religiosa en América latina y se ha destacado como un conferencista internacional en materia de diálogo interreligioso en general y judeo-cristiano en particular.

Juan Pablo y el holocausto
El padre Galetto consideró que respecto de su relación con el judaísmo, en el Papa Juan Pablo II primó además de su formación teológica la experiencia personal de su Polonia ocupada por el nazismo.

Muchas veces Juan Pablo II se refirió al Holocausto como una tragedia del pueblo judío como nunca la había conocido hasta ese momento y como una verdadera claudicación de la civilización occidental… «Lo que claudicó allí fue la humanidad, con una rotura terrible de los principales valores que sustenta nuestra civilización».

Sobre este punto -continuó Galetto- la Iglesia intenta discernir a la luz de la historia, de la sociología, de la psicología y la filosofía, el interrogante de cómo fue posible semejante barbaridad. Una pregunta que sigue sin respuesta y que merece ser iluminada desde distintos puntos de vista.

Recordó que Juan Pablo invitó a preguntarnos a los católicos qué hicieron los hijos de la Iglesia en ese momento, y señaló que también la Iglesia trataba de discernir entre la incomprensión e incluso el odio religioso, que pudo haber existido y que de hecho existió entre católicos y judíos, de lo que fue el antisemitismo como ideología que «no tiene una raíz religiosa, sino todo lo contrario».

«El antisemitismo es una ideología secular que nace de un profundo desprecio hacia la trascendencia y por el Dios personal… La Iglesia pide que se entienda que el antisemitismo no tiene un origen en la cosmovisión católica», remarcó.

Teresa Pandolfo y Roberto Schneider
Fte El Litoral

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