Itongadol.- Mientras celebramos la luz, lloramos a las víctimas del terror en Sídney y acompañamos a sus familias.
Y aun así —o precisamente por eso— encendemos una luz.
Encenderemos la primera vela de Janucá con el corazón pesado.
Intentaremos traer luz en medio del terror, memoria frente a la barbarie. Celebraremos la resistencia a la oscuridad.
Porque la violencia que hoy golpea en Australia es parte de una misma lógica de odio que se globaliza.
Por eso hoy no alcanza con el silencio o con palabras de solidaridad. Tenes que alzar tu voz. Esto no es un dolor “judío”, o no debería serlo. La historia lo demuestra:
lo que empieza con los judíos, nunca termina con los judíos.
Encender una vela es también alzar la voz, exigir humanidad, rechazar el terror y la complicidad de la indiferencia.
Que la luz de Janucá no sea ingenua.
Que sea firme, lúcida y compartida.
Janucá Sameaj.
Batia Nemirowsky

