Itongadol/Agencia AJN.- Un grupo islamista armado se adjudicó el atentado con explosivos perpetrado contra una mezquita de la comunidad alauita en la ciudad siria de Homs, que dejó al menos ocho personas muertas y más de 20 heridas, en lo que constituye uno de los ataques sectarios más graves registrados en el país en los últimos meses.
En un comunicado difundido a través de Telegram, la organización Saraya Ansar al-Sunna afirmó que sus combatientes “detonaron varios artefactos explosivos” dentro de la mezquita Imam Ali bin Abi Talib, ubicada en un barrio de mayoría alauita. El grupo aseguró que el ataque fue ejecutado de manera deliberada, aunque no brindó detalles adicionales sobre los responsables directos.
Según fuentes oficiales citadas por la agencia estatal SANA, la explosión ocurrió durante la oración del mediodía, uno de los momentos de mayor concurrencia en el templo. El Ministerio de Salud sirio confirmó que al menos 21 personas resultaron heridas y fueron trasladadas a hospitales de la zona, y advirtió que el número de víctimas fatales podría aumentar debido a la gravedad de algunos casos.

Imágenes difundidas por medios estatales mostraron a rescatistas y fuerzas de seguridad inspeccionando el interior de la mezquita, con restos de escombros y objetos personales esparcidos sobre la alfombra del recinto. Las autoridades acordonaron el área para permitir las tareas de investigación.
Saraya Ansar al-Sunna es un grupo de orientación islamista sunita que surgió tras la caída del expresidente Bashar al-Assad, miembro de la minoría alauita que gobernó Siria durante más de dos décadas. La organización ya había reivindicado anteriormente un atentado contra una iglesia en Damasco ocurrido en junio, lo que refuerza las sospechas sobre una campaña de ataques dirigidos contra minorías religiosas.
El atentado se inscribe en un contexto de creciente violencia sectaria en Siria desde el cambio de poder, con denuncias reiteradas de comunidades alauitas, drusas y cristianas sobre ataques selectivos, represalias armadas y falta de protección efectiva por parte del Estado.
A comienzos de este mes, dos soldados estadounidenses y un intérprete civil murieron en el centro del país en un ataque atribuido a un presunto integrante del Estado Islámico. En noviembre, el asesinato de dos miembros de una tribu beduina al sur de Homs derivó en represalias contra civiles alauitas, profundizando el clima de tensión.
Ante la escalada de violencia, el gobierno sirio impuso toques de queda en distintas zonas, aunque fuentes locales advierten que estas medidas no siempre logran contener la acción de grupos armados que operan de forma autónoma. Episodios similares se registraron durante el año en Sweida, con ataques contra drusos, y en Latakia, también dirigidos contra la comunidad alauita.
En este contexto, el Consejo Alauita pidió a la ONU y a la comunidad internacional que refuercen la protección de las minorías religiosas en Siria. “Civiles desarmados fueron aterrorizados mediante disparos directos, incendios de viviendas y comercios, y la destrucción sistemática de propiedades”, denunció la organización en un comunicado.

