Inicio MEDIO ORIENTE Las nietas de Mandela: “El apartheid fue una segregación racial, Israel no es nada parecido”

Las nietas de Mandela: “El apartheid fue una segregación racial, Israel no es nada parecido”

Por Gustavo Beron
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Itongadol.- Para Zamaswazi (Swati) Dlamini-Mandela y Zaziwe Dlamini-Manaway, el viaje a Israel fue tanto personal como profundamente significativo. Herederas de uno de los legados familiares más poderosos de la historia moderna, las nietas de Nelson Mandela viajaron a la región en octubre, pocos días antes de que se declarara un alto el fuego entre Israel y Hamás, con un propósito claro: ver la realidad con sus propios ojos.

“Es un punto de vista completamente distinto cuando estás sentado con las familias y las víctimas, escuchando y viendo las cosas por ti mismo”, dice Swati. “Ambas narrativas existen, pero estar allí cambia todo.”

La visita fue organizada por el National Black Empowerment Council e incluyó recorridos por Yad Vashem, las ruinas del kibutz Nir Oz y la Gaza Humanitarian Foundation, donde pasaron un día distribuyendo alimentos y suministros médicos a mujeres y niños. Durante su estadía, también se reunieron con sobrevivientes de los ataques del 7 de octubre, funcionarios israelíes y con una mujer cuya fortaleza, dicen, las marcará para siempre.

“Rachel Goldberg-Polin fue extraordinaria, el epítome de la resiliencia”, recuerda Zaziwe, refiriéndose a la madre de Hersh Goldberg-Polin, un joven de 23 años que fue asesinado en Gaza. “Aguantó más de 300 días sabiendo que su único hijo estaba vivo y luego tuvo que enterarse de su muerte. Aun así, sonreía, hablaba de paz, de la posibilidad de una Comisión de Verdad y Reconciliación como la que tuvimos en Sudáfrica. Me dejó sin palabras.”

Swati asiente: “Estaba decidida a seguir luchando por los rehenes que siguen en Gaza. Quiere sanación para todos — israelíes y palestinos. Esa fuerza nos dio esperanza.”

Su visita coincidió con el segundo aniversario de los ataques de Hamás, una experiencia que describen como “horrible” y “desgarradora”. En el sitio del festival de música Nova y en los kibutzim cercanos a la frontera de Gaza, se encontraron con sobrevivientes que habían perdido amigos, padres e hijos. “Escuchar sus historias cara a cara fue devastador”, dice Swati. “La magnitud de la pérdida es algo que nunca olvidaremos.”

Días después, cruzaron a Gaza para participar en la distribución de ayuda humanitaria. “La destrucción era total”, señala Zaziwe. “Vecindarios arrasados, familias desplazadas, niños profundamente traumatizados. Pero incluso en medio de tanta devastación, encontramos gratitud.”

También les impresionó la coordinación detrás de la operación de ayuda. “Vimos israelíes, estadounidenses y gazatíes trabajando juntos para entregar asistencia”, agrega Swati. “No sabíamos que eso ocurría desde mucho antes de esta guerra. Nos dio esperanza de que la cooperación todavía es posible.”

Esa esperanza, dicen, define el legado de su familia. Sin embargo, en su país, Sudáfrica, su viaje contrastó con la postura del gobierno, que encabeza el caso contra Israel en la Corte Internacional de Justicia y ha recibido a representantes de Hamás en Pretoria.

Swati es cauta, pero firme: “La posición del gobierno no representa a todos los sudafricanos”, afirma. “Nuestro viaje fue humanitario. Fuimos a escuchar y a aprender. Lo que vimos fue el dolor de la gente común, no la política.”

Ambas creen que su abuelo habría rechazado el terrorismo “de manera absoluta”.
“Él defendía el diálogo y la unidad”, dice Zaziwe. “Cualquiera que invoque su nombre debería recordarlo. Hoy estaría sentado en la mesa, tratando de unir a los líderes.”

Sus reflexiones van más allá de Medio Oriente. Al ser consultadas por otros conflictos en África —desde la persecución de cristianos en Congo y Nigeria hasta el desplazamiento en Sudán— no dudan en trazar paralelos.
“Claro que sentimos responsabilidad”, afirma Swati. “Hay conflictos en nuestro propio continente que han desplazado a millones de personas. Algunos casi no se mencionan, pero todo es sufrimiento humano. Cualquier conflicto merece diálogo y reconciliación.”

Pero fue su postura inequívoca sobre las comparaciones con el apartheid lo que dio a su viaje su mensaje más contundente.
“El apartheid fue una segregación racial impuesta por el gobierno”, sostienen. “Lo que vimos en Israel y Gaza es muy diferente. No hay comparación posible. Vimos comunidades —judías y árabes— viviendo, trabajando y casándose unas con otras. Equiparar ambos procesos es tergiversar las dos historias.”

Para las hermanas Mandela, esa distinción no tiene que ver con política, sino con verdad. “Nuestros abuelos nos enseñaron a seguir nuestro propio camino”, dice Swati. “No somos políticas. Solo queremos aprender, ayudar donde podamos y ser parte de algo que construya, no que divida.”

Al final de la entrevista, vuelven a la enseñanza central de su abuelo: el perdón.
“Una de mis frases favoritas de él fue la que dijo al salir de prisión”, recuerda Zaziwe. “‘Si no dejo todo atrás, es como si nunca hubiera salido de la cárcel’. Al hablar con Rachel (Goldberg-Polin), vi ese mismo espíritu en ella. Es la prueba viviente de que el perdón y la sanación son posibles.”

Swati concluye: “Crecimos en una casa donde se rechazaba la hostilidad contra cualquier nación. Nos enseñaron a buscar la paz, la unidad, el amor. Eso fue lo que intentamos llevar con nosotras en Israel y Gaza: la humanidad, por encima de todo.”

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