Itongadol/Agencia AJN.- Una bala impactó en la cabeza de la teniente R. en los primeros minutos del ataque de Hamás del 7 de octubre. Estaba desorientada y sangrando, pero incluso en ese estado su reacción inmediata no fue atender su herida, sino mirar a los soldados novatos que esperaban órdenes. La mayoría llevaba apenas dos meses de entrenamiento cuando el ataque sorprendió a la base de instrucción de la Brigada de Búsqueda y Rescate en Zikim, al norte de la Franja de Gaza.
La oficial de 20 años —cuya identidad no puede publicarse por directivas de seguridad— entendió que la supervivencia de todos dependía de su capacidad para mantenerse consciente, tomar el mando y responder al ataque.
“Si no respondo, si no peleo, mis soldados no sobreviven. Y yo tampoco”, dijo en una entrevista reciente con The Jerusalem Report.
Un ataque en el momento más vulnerable
A las 6:30, tras una lluvia de más de mil cohetes sobre el sur de Israel, comandos armados de Hamás avanzaron hacia la costa adyacente a la base. En las horas siguientes, siete soldados de la compañía fueron eliminados y decenas resultaron heridos. Los atacantes golpearon el lugar cuando estaba cubierto casi exclusivamente por reclutas con pocas semanas de servicio.
R recuerda que a las 8:13 un RPG impactó cerca de su posición en la entrada del complejo, seguido por granadas y fuego directo. Cuatro soldados murieron en ese enfrentamiento.
“Me hirieron. Una bala me dio en la cabeza y, aun así, no entendía del todo qué pasaba”, relató. El impacto emocional llegó recién al ver a su sargento, Noa Zeevi, gravemente herida. “Pensé que estaba muerta. Ahí entendí que era un ataque a gran escala.”
De inmediato, se obligó a recuperar la calma. Bajo fuego, rodeada de explosiones, con la visión borrosa por la herida, asumió que su única opción era liderar.

“Las mujeres lideraron”
Lo ocurrido en Zikim no solo expuso fallas y vulnerabilidades; también desarmó mitos sobre el rol de las mujeres en combate.
“Es todo estigma, pura tontería”, afirmó R. “En nuestro batallón, la mayoría son mujeres.”
Cuando el comandante de compañía, el mayor Adir Abudi, cayó en combate, fue la subcomandante —una oficial mujer— quien asumió el mando. Las comandantes de pelotón reorganizaron las defensas. Las oficiales coordinaron la respuesta.
“Las mujeres lideraron”, subrayó. “Podemos hacer cualquier cosa.”
R reconoce diferencias físicas entre hombres y mujeres, pero rechaza que eso determine la capacidad operativa.
“Si puedo ver al terrorista, reaccionar, disparar y pensar rápido, eso es lo que importa”, señaló. “Las que fueron heridas, lo fueron porque corrieron hacia el peligro.”
Los datos respaldan el cambio: en 2015 las mujeres representaban solo el 7% del personal de combate. Hoy llegan al 20%.
Camino al liderazgo
R creció en una familia militar. Su padre fue soldado de carrera durante tres décadas. Desde muy joven decidió que quería aportar de manera significativa. Se preparó físicamente durante años, participó en cursos de liderazgo y se inscribió para servir 2,8 años, más allá del mínimo obligatorio.
En la secundaria, fue voluntaria de Magen David Adom durante tres años. “Quería salvar vidas”, contó.
Su objetivo nunca fue el rango: “Quiero que mis soldados me vean como un ejemplo, saber que tengo algo para dar.”
Liderar después de la pérdida
Dos años después del ataque, R continúa en servicio, en su último rol antes de la liberación. Aún recibe tratamiento psicológico para poder seguir adelante.
“Hoy pienso mucho más en mis soldados”, explicó. “Me aterra tener que mirar a un padre y decirle: ‘No protegí a tu hijo’.”
Su motivación actual es transmitir las lecciones aprendidas. “Quiero enseñar a las próximas generaciones cosas que yo no sabía y que podrían haberme ayudado en combate.”
Fuera del ejército, piensa en estudiar, formar una familia y enfocarse en su recuperación. Al mismo tiempo, quiere seguir contando lo que ocurrió, para honrar a quienes murieron.
“Compartir la historia ayuda. Y si yo no la cuento, ¿quién lo hará?”, concluyó.
Fuente: The Jerusalem Post
Autor: Chani Kaplan

