Inicio ISRAEL Opinión. Ofri Bibas, hermana, tía y cuñada de exrehenes israelíes: «Descubrí fortalezas en mí que desconocía»

Opinión. Ofri Bibas, hermana, tía y cuñada de exrehenes israelíes: «Descubrí fortalezas en mí que desconocía»

Por IG
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Itongadol/Agencia AJN.- Ofri Bibas Levy vivió 484 días en los que su única certeza era que Yarden y los argentinos Shiri, Ariel y Kfir habían sido secuestrados en el kibutz Nir Oz y estaban en Gaza.

En medio de la inmensidad del vacío y la sensación de falta de control, la acción se convirtió en un instinto de supervivencia que le permitió descubrir fortalezas que desconocía.

Su hermano fue liberado, pero su cuñada y y sus pequeños sobrinos fueron asesinados en cautiverio.

En una columna especial para el proyecto Vinimos a abrazar la oscuridad del movimiento MiSH»A, sigla en hebreo de Palabras que hacen la diferencia, cuyo propósito es concientizar sobre la prevención del suicidio por medio de la comunidad, escribió:

«Cuando intento mirar retrospectivamente los últimos dos años, me cuesta encontrar puntos de luz dentro de la gran oscuridad en la que nos sumimos la mañana del sábado 7 de octubre.

Es imposible, y ni siquiera lo intento, encontrar el «lado bueno» de la tragedia personal de mi familia. Lo que pasó, realmente pasó, pero nunca debió haber pasado. Y lo que pasó cambió nuestras vidas para siempre.

Durante los 484 días que transcurrieron hasta el regreso de Yarden del cautiverio, la única certeza que teníamos era el último mensaje que me había enviado esa mañana: ‘Vienen por mí’. Desde ese momento solo nos había quedado la certeza de que Yarden, Shiri, Ariel y Kfir estaban secuestrados en Gaza… y un enorme vacío de incertidumbre.

Ese largo período fue aterrador, doloroso y, sobre todo, paralizante.

Para no hundirme en el miedo y la impotencia, ya ese sábado me sentí atraída por la acción. Al principio fue una reacción casi automática, un instinto de supervivencia, pero muy pronto me di cuenta de que la acción era mi rueda de auxilio. Me ayudaba a seguir existiendo. A seguir esperando. A seguir funcionando.

La oscuridad es amenazante. Nos hace sentir pequeños e indefensos. Pero estar en la oscuridad también puede agudizar nuestros sentidos. Nos obliga a examinar quiénes somos, qué es importante para nosotros, quién nos ayuda y quién nos perjudica. En la oscuridad también se revelan los límites de qué es bueno y qué es malo para nosotros. La oscuridad también puede traer consigo aprendizaje y crecimiento, no del tipo que pedíamos o deseábamos, pero que sucede a pesar de todo.

Los últimos dos años no han sido para mí un túnel con una luz al final. Han sido más bien como un largo eslalon con secciones oscuras, algunas más y otras menos.

Hemos atravesado una travesía que nadie habría elegido, pero que nos fue impuesta.

Y en todo esto, el único consejo que puedo dar es buscar la acción. No tiene que ser grande, también puede ser una pequeña acción que les permita sentir que vuestra voz es escuchada, que están influyendo y haciendo algo por ustedes mismos o por otra persona.

A veces, una pequeña actividad puede marcar la diferencia entre hundirse y seguir respirando.»

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