Itongadol/Agencia AJN.- Las mujeres que se desempeñan como oficiales de operaciones especiales de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en Cisjordania ocupan uno de los puestos de planificación más importantes del Comando Central. Supervisan inteligencia, coordinan fuerzas y garantizan que las complejas operaciones antiterroristas se desarrollen sin inconvenientes.
Durante los últimos tres años, a medida que las FDI modificaron su estrategia en Cisjordania hacia operaciones más proactivas, el ritmo de las incursiones y detenciones aumentó significativamente. Detrás de muchas de esas misiones se encuentran jóvenes oficiales mujeres responsables de transformar la inteligencia en operaciones concretas.
La teniente P., oficial de operaciones especiales de la Brigada Regional Efraim de las FDI, supervisa las operaciones en las ciudades palestinas de Tulkarem, Kalkilia y Salfit. Comenzó su servicio militar en tareas de formación e instrucción, pero quería pasar al ámbito del comando operativo.
“Llevo nueve meses en este puesto. Mi función anterior era como instructora en el curso de oficiales, pero quería experimentar el aspecto operativo del Ejército, incluido el contraterrorismo y la coordinación”, detalló.
Los oficiales de operaciones especiales son la mano derecha del comandante de brigada y coordinan cada etapa de una operación, desde la planificación inicial hasta la cooperación con unidades de las FDI, fuerzas de la Policía de Israel y el Shin Bet, el servicio de seguridad interior.
Hace aproximadamente seis semanas, la teniente P. ayudó a coordinar la detención de un sospechoso palestino presuntamente involucrado en el asesinato del civil israelí Ido Zoldan en Cisjordania, ocurrido en 2007.
“La operación involucró a unidades militares y policiales especiales. Fue necesario cerrar brechas de inteligencia y asegurarnos de que todos los detalles médicos y logísticos estuvieran cubiertos para que nada saliera mal”, explicó.

Una unidad que opera las 24 horas
Una de las unidades más activas de las FDI en Cisjordania es Duvdevan, una unidad de élite encubierta especializada en operaciones de detención.
Su oficial de operaciones especiales, la capitana A., de 23 años y oriunda de Tel Aviv, se acerca al final de sus dos años en el puesto.
“El papel es diferente en una unidad de operaciones especiales que en una brigada regional. Tengo que pensar hasta en el último soldado y en cada escenario posible que pueda desarrollarse durante una operación”, señaló la capitana A.
Como una de las pocas mujeres en una unidad predominantemente masculina, afirmó que nunca sintió que su autoridad fuera cuestionada: “Trabajo las 24 horas, los siete días de la semana, con los comandantes de las compañías y los soldados, pero nunca sufrí una falta de respeto. Esta es una unidad que opera a un ritmo muy elevado y todo recae sobre mí. Ni siquiera tengo un segundo al mando”.
La capitana explicó que las exigencias operativas suelen tener prioridad sobre su vida personal: “Cancelé planes por las misiones. Las cenas de los viernes por la noche, reunirme con amigos… esas cosas pasan a un segundo plano. Es simplemente parte del trabajo”.
La capitana A. lleva más de cinco años en las FDI, incluido un período como oficial de operaciones del 13.º Batallón de la Brigada Golani, donde prestó servicio durante las primeras etapas de la guerra que comenzó tras la masacre de Hamás del 7 de octubre.
“Me di cuenta de que todo lo que hago tiene un significado y de que tenemos que proteger nuestro país. Mientras tenga fuerzas para servir, no hay manera de que me retire”, aseveró.

Equilibrar el deber y una pérdida personal
Durante su actual destino, la capitana A. sufrió una tragedia familiar. Su primo, el sargento Amitai Alon, murió en un ataque con drones contra la base de entrenamiento de la Brigada Golani.
“Me estaba preparando para una operación muy importante en el sector de Samaria. Durante un breve descanso, mi padre me pidió que averiguara si Amitai estaba bien porque había escuchado que había ocurrido un incidente en la base de Golani”, recordó.
Como anteriormente había servido en la brigada, se comunicó con antiguos comandantes. “Unos minutos después, mi padre volvió a llamarme y me dijo que mi primo había muerto”, lamentó.
A pesar de la noticia, permaneció en su puesto hasta que terminó la operación: “Tuve que recomponerme. Entendí que teníamos una misión importante. Tenía que funcionar con normalidad y solo después podría llorar a Amitai”.
La capitana A. continuó trabajando durante toda la noche antes de viajar a reunirse con su familia a la mañana siguiente.
“Soy el brazo operativo”
La capitana H., de 24 años y oriunda del valle de Jezreel, se desempeña como oficial de operaciones especiales de la Brigada Regional Etzion, al sur de Jerusalem. Anteriormente fue oficial de operaciones de la 98.ª División y decidió permanecer en las FDI poco antes de completar su servicio.
“Soy el brazo operativo. Cuando ocurre algo en el área de la brigada, elijo de nuestro banco de objetivos qué operación vamos a llevar a cabo”, afirmó.

Una de las misiones que más la marcó fue la coordinación de la demolición de la vivienda del atacante palestino que asesinó al civil israelí Shalev Zvuloni en el cruce de Gush Etzion el año pasado: “Ocurrió justo al comienzo de mi período en el puesto. Vi cómo la operación que coordiné ayudó a completar el ciclo con la demolición de la casa del atacante”.
También dijo que encuentra satisfacción en éxitos más pequeños: “Cerrar el ciclo con quienes arrojan piedras o cócteles molotov, trabajar junto con brigadas vecinas… no tiene que ser una operación importante. Incluso las misiones más pequeñas generan una verdadera sensación de satisfacción”.
Al acercarse al final de su servicio militar, la capitana H. aseguró que ningún viaje al extranjero podría compararse con la satisfacción que encontró en su función.
Mujeres en el comando operativo
La capitana H. remarcó que trabajar casi exclusivamente junto a comandantes hombres nunca afectó su desempeño: “No es un factor. Participo en todas las decisiones junto con el comandante de la brigada y los demás comandantes. Nunca sentí discriminación”.
También subrayó que considera que el servicio militar es una obligación para las mujeres israelíes: “Contribuyo, y lo que hago tiene un significado que no encontraría en ningún otro lugar”.
La teniente P. coincidió y sostuvo que las mujeres aportan capacidades particulares a la coordinación operativa: “Este trabajo requiere fuertes habilidades interpersonales y paciencia”.
“Hay que coordinar tantas organizaciones diferentes mientras se encuentran soluciones con mucha rapidez. Esa es una de las ventajas que aportan las mujeres: son capaces de manejar varias cosas al mismo tiempo”, concluyó la teniente P.
Fuente: Ynet.

