Itongadol/Agencia AJN.- Una inusual crecida en el arroyo de Qumran (Wadi Qumran), en el desierto de Judea al noroeste del Mar Muerto, sorprendió a quienes siguen el clima y la naturaleza de la región esta semana, cuando fuertes lluvias asociadas a un sistema de tormentas invernales provocaron que cauces normalmente secos fluyeran con fuerza y generaran impresionantes cascadas sobre los acantilados cercanos al sitio arqueológico.
La inusual corriente —registrada como la primera crecida significativa del arroyo en la temporada tras las lluvias— convirtió en torrente las corrientes estacionales (wadis) que suelen permanecer áridas la mayor parte del año, transformando el paisaje desértico en un entorno temporalmente acuático.
El desierto de Judea, conocido por su clima extremadamente seco, recibe escasas precipitaciones anuales concentradas principalmente en los meses de invierno. Cuando estas lluvias ocurren, el agua corre por los lechos de los wadis y puede generar inundaciones súbitas (flash floods), un fenómeno bien documentado en la región y que en ocasiones ha causado flujos espectaculares incluso cerca de lugares como Qumran y el Mar Muerto.
Este año, las lluvias intensas vinculadas al paso del sistema de tormentas denominado Byron trajeron acumulaciones considerables de agua en amplias zonas de Israel, desde las costas hasta el desierto, con alertas meteorológicas por inundaciones y riesgos de crecidas en cauces secos del desierto de Judea.
El arroyo de Qumran es un cauce fluvial intermitente que corre por una región arqueológica de gran relevancia histórica: Qumran es reconocido como el sitio más cercano a las cuevas donde se encontraron los Manuscritos del Mar Muerto, descubrimiento que ha sido clave para estudios bíblicos y arqueológicos.
La aparición de agua en lechos casi siempre secos no solo atrae la atención de naturalistas y turistas, sino que también recuerda la importancia de estos eventos climáticos para un entorno que, por siglos, ha dependido de precipitaciones esporádicas para sostener puntos de vida en medio del aridísimo desierto. Las imágenes de cascadas y corrientes en Qumran y otros wadis durante episodios de lluvia intensa son frecuentes recordatorios de cómo la naturaleza puede transformar dramáticamente este paisaje aparentemente inhóspito.
Las autoridades ambientales y de parques nacionales suelen monitorear estas correcciones climáticas, ya que las crecidas pueden ser impredecibles y potencialmente peligrosas para excursionistas y visitantes de la zona, así como para la conservación de los sitios arqueológicos y naturales.

