Casi dos tercios de los israelíes experimentaron una fuerte disminución en la actividad física y una reducción en la duración del sueño durante el conflicto. A su vez, se detectó un aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados.
Itongadol/Agencia AJN.- Un estudio publicado recientemente por la Universidad Hebrea de Jerusalem (HU, por sus siglas en inglés) reveló que la guerra entre Israel y la República Islámica de Irán provocó una serie de efectos negativos en la salud de la población del Estado judío.
La investigación, realizada a través de la Escuela Federmann de Políticas Públicas y Gobierno de la HU, fue liderada por la epidemióloga y dietista clínica Roni Lotan y el profesor Eyal Pe’er.
Los resultados indican que, durante el conflicto, cerca de dos tercios de los israelíes experimentaron una fuerte disminución en la actividad física, junto con una reducción en la duración del sueño.
Además, el estudio detectó un aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados: algo más de la mitad de los participantes reportó mayor ingesta de dulces, pastelería y productos similares, lo que coincidió con una disminución en el consumo de frutas y verduras. De la misma manera, el alcohol registró un incremento.
No se encontró una correlación directa entre el aumento de alimentos ultraprocesados y la reducción del consumo de productos frescos, lo que sugiere que el incremento responde a una mayor ingesta general de alimentos. El informé detalló que el impacto en los hábitos alimentarios fue más pronunciado entre mujeres que entre hombres.
Sin embargo, lo que sí se observó es una correlación entre el mayor consumo de alimentos ultraprocesados y la reducción de la actividad física, especialmente entre quienes padecieron una reducción del sueño.
Entre los fumadores, por ejemplo, se registró un aumento en el consumo diario de cigarrillos, aunque la investigación advierte que la muestra en este grupo fue limitada.
Uno de los factores más influyentes identificados fue la frecuencia de las sirenas de alerta de misiles, que se asoció con menor duración del sueño y menor nivel de actividad física.
En cuanto a los niños, aproximadamente la mitad de los padres participantes en el estudio señalaron un aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados, así como una reducción en la actividad física y el tiempo de sueño. Asimismo, el 85% reportó un incremento en el tiempo frente a pantallas en menores de entre dos y diez años.
También se observó que los padres sin hijos aumentaron más el consumo de alcohol que aquellos padres con hijos chicos, lo que plantea un posible efecto moderador.
Los investigadores, por su parte, afirmaron que los resultados evidencian la necesidad de implementar intervenciones de salud específicas durante situaciones de emergencia, incluyendo el fomento de la actividad física en el hogar, entornos alimentarios más saludables y rutinas estructuradas para niños.
La investigación concluyó que estos efectos tienden a presentarse de forma simultánea, lo que demuestra un deterioro generalizado en múltiples aspectos de la salud infantil.
Fuente: The Jerusalem Post.

