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Joven israelí se suicida en la tumba de su mejor amiga asesinada en la Masacre del 7 de Octubre

Por IG
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Itongadol/Agencia AJN.- Un joven israelí se suicidó en la tumba de su mejor amiga, asesinada en el festival de música Nova, durante la Masacre del 7 de Octubre de 2023, lo que pone de relieve la continua lucha de los sobrevivientes, familiares y allegados de las víctimas de ese ataque terrorista palestino.

Bar Bechor Asraf, de 30 años y residente en Shaarei Tikva, era amigo íntimo de la infancia de Liron Barda, de 26, quien trabajaba como encargada de la barra en la fiesta y se negó a abandonar el lugar tras la invasión, quedándose para atender a los heridos.

«Eran inseparables, almas gemelas», declaró la familia a Ynet.

El miércoles, Asraf bailó y celebró la boda de su hermano Maor.

Su hermana Lihi contó: “Me dijo lo orgulloso que estaba de mí. No entendí por qué me decía todo eso”.

El sábado por la tarde, durante la celebración familiar de la boda, “Bar pidió ir a la pileta. Le dijimos que no teníamos abono y dijo: ‘De acuerdo’. Como no lo encontrábamos, empezamos a buscarlo a pie. Pensamos: ‘¿Dónde estará?’ y dijimos de ir a la tumba de Liron”, prosiguió.

“Al principio no lo vi, y luego lo vi tirado allí. Grité: ‘¡Bar, levantate!’, pero solo entonces me di cuenta de lo que había pasado. Al principio pensé que alguien lo había matado. No entendía lo que veía”, relató Lihi, quien dijo que la muerte de Barda había afectado profundamente a su hermano.

“Al principio, no durmió durante una semana. No habló, no comió y no se rió. Después, poco a poco, empezó a recuperarse. Volvió a reír, a hablar con la gente y a difundir el amor de Liron. Organizaba comidas para los soldados en su memoria. Era una persona que siempre ayudaba a los demás”, contó.

Su madre, Braja, declaró a Walla: «Liron había sido todo para él. Era su mejor amiga y su terapeuta. Para él era importante contarle todo lo que hacía. Después de que fue asesinada, iba casi todos los días al cementerio».

Si bien parecía haber sanado y estar alegre la mayor parte del tiempo, su dolor no había disminuido más de dos años y medio después de la masacre, aseguró.

«Hace dos meses, se sentó en el living y lloró. Le pregunté: ‘¿Qué te pasa?’, y me respondió: ‘Mamá: me duele mucho estar sin Liron. Nadie puede reemplazarla. La extraño’. Me abrazó y lloró desconsoladamente, de una manera que jamás olvidaré. Murió en el lugar donde más deseaba estar», añadió.

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