Itongadol/Agencia AJN.- El primer ministro británico, Keir Starmer, aseguró que el Reino Unido no será arrastrado al conflicto en Medio Oriente, al tiempo que anunció una serie de medidas para mitigar el impacto económico, especialmente en materia energética.
“Este no es nuestro conflicto. No seremos arrastrados a la guerra”, afirmó Starmer durante una conferencia de prensa, marcando una clara distancia respecto a la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán.
En lugar de una participación militar directa, el gobierno británico apuesta por una vía diplomática. Starmer indicó que el Reino Unido explorará “todas las vías diplomáticas posibles” para reducir tensiones y lograr la reapertura del Estrecho de Ormuz, clave para el comercio energético global.
En ese marco, Londres logró reunir a 35 países con el objetivo de coordinar esfuerzos para garantizar la seguridad marítima en el Golfo. La ministra del Interior, Yvette Cooper, será la encargada de encabezar una cumbre con estos países en los próximos días.
La iniciativa se complementa con gestiones previas en el marco del G7, donde los cancilleres de las principales economías occidentales pidieron el cese inmediato de ataques contra civiles y la protección de infraestructuras críticas, además de insistir en la necesidad de mantener abierto el Estrecho de Ormuz.
Starmer también adelantó que se convocará a planificadores militares para analizar cómo garantizar la seguridad de esta ruta estratégica, aunque advirtió que no será una tarea sencilla.
En paralelo, el gobierno británico presentó un plan de cinco puntos para amortiguar el impacto del conflicto en la economía doméstica. Entre las medidas se incluyen recortes en las facturas de energía, extensión de reducciones impositivas al combustible y un fondo de 53 millones de libras destinado a sectores más afectados por el aumento del precio del petróleo.
El primer ministro subrayó además la necesidad de acelerar la transición hacia energías limpias para reducir la dependencia externa. “Es la única forma de sacar las facturas energéticas de la volatilidad controlada por Vladimir Putin y el régimen iraní”, sostuvo.
La postura británica refleja un intento de equilibrio: evitar la implicación directa en el conflicto mientras lidera esfuerzos diplomáticos y protege su economía frente a una crisis energética global en expansión.

