La historia del siglo XX, teñida de sangre, no recuerda a ninguna figura médica más oscura que Josef Mengele. Sus atrocidades incluyeron la tortura severa de gemelos y de personas con discapacidad.
Itongadol/Agencia AJN.- (Dr. Itay Gal – The Jerusalem Post) Josef Mengele, el médico monstruoso conocido como el “Ángel de la Muerte”, dirigió un sistema aterrador de experimentos sobre prisioneros del campo de Auschwitz, explotando su estatus profesional para avanzar la teoría racial nazi.
Sus atrocidades incluyeron la tortura severa de gemelos y personas con discapacidades, evadiendo el castigo durante décadas hasta su muerte accidental en Brasil.
La historia del siglo XX, teñida de sangre, no recuerda a ninguna figura médica más oscura que Josef Mengele. Cuando llegó al campo de exterminio de Auschwitz en 1943, lo hizo no solo como oficial nazi, sino como científico que buscaba convertir el sufrimiento de cientos de miles en material para una investigación genética distorsionada.
Josef Mengele se paraba en la plataforma del tren en Auschwitz-Birkenau, vestido con un uniforme impecable, y con un gesto casual de su mano enviaba a masas de judíos a la muerte inmediata en las cámaras de gas. Escaneaba a la multitud aterrorizada con ojos fríos, buscando gemelos y personas con anomalías físicas raras. Para él, estas personas no eran seres humanos con derechos o sentimientos, sino materia prima para el laboratorio humano monstruoso que había creado dentro del campo de exterminio.
Su actividad se centró principalmente en experimentos con gemelos. Mengele creía que si lograba descifrar los secretos genéticos de los nacimientos múltiples, podría permitir que las mujeres arias tuvieran el doble de hijos y así asegurar la superioridad de la raza nazi.
Los niños seleccionados para sus experimentos recibían un trato aparentemente especial; no eran enviados a trabajos forzados y recibían mejor comida, pero eran sometidos a una serie de torturas continuas.
Mengele inyectaba sustancias químicas en los ojos de los niños en un intento de cambiar su color a azul, lo que causaba un dolor extremo y ceguera en todas las víctimas sometidas al procedimiento.

En otros casos, realizaba cirugías sin anestesia para examinar los órganos internos de gemelos mientras aún estaban vivos.
Cuando algunos niños morían a causa de los experimentos, Mengele ordenaba el asesinato del gemelo sobreviviente para poder realizar autopsias comparativas.
Su crueldad también se extendía al estudio de enfermedades. Inyectaba deliberadamente enfermedades como el tifus y la tuberculosis en cuerpos de prisioneros sanos para observar el progreso de la enfermedad.
Aunque los médicos juraban salvar vidas, Josef Mengele actuaba como un asesino en masa con bata blanca. Incluso colaboró con compañías farmacéuticas alemanas que buscaban probar medicamentos experimentales en humanos con resultados casi siempre fatales.
Cuando estallaba una epidemia en un bloque del campo, su solución no era el tratamiento, sino el envío inmediato de todos los habitantes a las cámaras de gas.
La historia de la familia Ovitz, una familia de siete personas con enanismo que eran artistas, ilustra la crueldad del médico monstruoso. Josef Mengele desarrolló un interés académico enfermizo en ellos y decidió mantenerlos con vida para sus investigaciones. Los sometió a exámenes invasivos y humillantes, incluyendo extracciones masivas de sangre y radiografías repetidas sin protección. A pesar del abuso, la familia sobrevivió a la guerra, pero quedó marcada de por vida.
Josef Mengele no mostraba ninguna empatía hacia sus víctimas y documentaba todos sus crímenes en cuadernos donde detallaba mediciones y resultados.

Cuando el Ejército soviético se acercó a Auschwitz en enero de 1945, Mengele comprendió que su tiempo se acababa. Escapó del campo y desapareció. Más tarde vivió en Alemania bajo identidad falsa y luego escapó a Sudamérica, estableciéndose en Argentina, Paraguay y Brasil.
Nunca expresó arrepentimiento y continuó justificando sus crímenes en diarios personales.
La caza de Mengele fue una de las operaciones de inteligencia más complejas de la historia. El Mossad y cazadores de nazis como Simon Wiesenthal intentaron localizarlo durante años. Vivió escondido, cambiando de identidad y moviéndose constantemente.
Murió en 1979 en una playa de Brasil tras sufrir un derrame mientras nadaba, siendo enterrado bajo un nombre falso. Su identidad fue confirmada recién en 1985 mediante análisis forenses y de ADN.
El hecho de que muriera en libertad generó indignación internacional.
El legado de Josef Mengele sigue influyendo en la medicina y la ética. Sus experimentos llevaron a la creación del Código de Núremberg, que establece normas éticas para la investigación médica en humanos.
En la actualidad, sus crímenes se estudian en las facultades de medicina como advertencia de lo que ocurre cuando la ciencia se separa de la moral.
Los sobrevivientes continúan contando sus historias, y aunque escapó de la justicia en vida, la historia lo recuerda como uno de los individuos más despreciables de la humanidad.

