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EL DEDO ROTO DE LA ONU *por Waldo Wolff*

Por Gustavo Beron
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Itongadol.- Hoy Israel tiene que explicarle al circo de la ONU por qué habría hambre en Gaza, cuando debería ser la ONU la que explique por qué, durante los 20 años de administración de Hamás en la Franja permitió que sus instalaciones se utilizaran para planificar actividades terroristas, mientras se financiaba a sus milicias y se les daba cobertura con rango de funcionarios de su propia organización.

Itongadol.- por Waldo Wolff.- Hay un famoso chiste que habla de un hombre que va al médico y le cuenta que cada parte de su cuerpo que toca con el dedo índice le duele. Se lo apoya en la pierna y le duele; lo mismo en el hombro y en la cabeza. El remate llega cuando el médico, después de revisarlo, le dice: “Lo que usted tiene roto es el dedo índice”.

Las explicaciones que Israel debe dar son como ese dedo índice del cuento. Debe justificar por qué ataca Gaza cuando la enfermedad es Hamás y sus secuestros de civiles, después de haber devuelto el territorio en 2005. Debe explicar por qué tiene derecho a tener su Estado en la tierra donde lo tiene —más allá de los matices opinables— cuando sobran argumentos históricos, además de los políticos que surgen de la Resolución 181 de las Naciones Unidas de 1947.
Israel debe explicar por qué Jerusalén es su capital cuando así la declamó siempre, mientras habiendo sido ocupada durante 3.000 años por babilonios, persas, griegos, romanos, cruzados, mamelucos, otomanos, jordanos y británicos, jamás nadie la proclamó capital de su imperio, mientras que en las Sagradas Escrituras se la menciona 662 veces y en el Corán, ninguna.
Hoy Israel tiene que explicarle al circo de la ONU por qué habría hambre en Gaza, cuando debería ser la ONU la que explique por qué, durante los 20 años de administración de Hamás en la Franja permitió que sus instalaciones se utilizaran para planificar actividades terroristas, mientras se financiaba a sus milicias y se les daba cobertura con rango de funcionarios de su propia organización.

Israel debe explicar por qué no llega la ayuda humanitaria que él mismo entrega a la población civil, cuando son los convoyes interceptados por Hamás los que impiden que esa ayuda llegue a destino y la misma ONU no se ocupa de que la obtengan.

Ya es hora de señalar que el proyecto del pueblo judío está vivo y sano y que la verdadera enfermedad está en el dedo podrido, roto e infectado del antisemitismo enquistado en la ONU y en sus tentáculos, que exigen explicaciones a quien en realidad debería darlas.

Ocúpense ustedes, Naciones Unidas, de alimentar a los gazatíes si no les gusta cómo lo hace Israel. Garanticen de que les llegue la ayuda que el mismo mundo árabe les retacea. Exijan la liberación de los secuestrados, que el próximo 7 de octubre cumplirán dos años en cautiverio. Denuncien los túneles que atraviesan Gaza y que utilizan incluso las sedes de la propia ONU como cobertura del terrorismo. Condenen la consigna “desde el río hasta el mar”, convertida en apología de la destrucción de un Estado que ustedes mismos reconocieron.

El pueblo judío goza de buena salud, con Israel como su tierra por derecho y Jerusalén como su capital eterna e indivisible.

Vayan la ONU y todos los viejos judeófobos de siempre al médico del chiste para que les diagnostique lo que todos ya sabemos: lo que está roto es su relato tan antiguo que huele a rancio.

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