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Presidente de KKL Argentina: “Israel tiene la tecnología para trabajar en limpiar el Riachuelo”

Por Iton Gadol
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Itongadol.- En el marco de los 120 años del KKL, el presidente de la organización en Argentina, Hernán Hilu, mantuvo un encuentro con ItonGadol para dialogar sobre los diferentes proyectos que la institución está desarrollando. “Nuestro único interés es ayudar al país y a sus comunidades”, destacó.

En ese sentido, recordó el proyecto que KKL realiza para facilitar el acceso al agua en Calalao del Valle, Tucumán, y destacó que si existiera la decisión política, la organización podría incluso ayudar a sanear el Riachuelo. “Nosotros estamos al servicio de la comunidad para lo que necesiten”, aseguró.

-Sos un presidente joven y eso marca un cambio en KKL…
-Estamos trabajando desde hace 5 años en renovar la marca, en renovar la presencia en un target mucho más joven. Yo siempre antes de asumir veía a los presidentes del KKL como personas grandes. Ahora hay una participación mucho más joven de la comunidad.

-¿En qué espacio se da? ¿En el donante, en la Comisión, en las instituciones?
-En la Comisión seguro, porque al tener un presidente más joven la Comisión acompaña. Eso nos obligó también a entender el cambio generacional y nos fuimos dirigiendo a los jóvenes. Se lo ve en los clubes, en las kehilot, en la comunidad y también en el mensaje. Cuando nosotros empezamos en KKL, hicimos un estudio de todo: cómo estaba la marca y cómo es percibida para la sociedad. Encontramos que para los jóvenes tenía un hueco, no tenían noción. Así que empezamos a trabajar con ellos, los empezamos a recuperar porque los vemos en redes, en las analíticas de Internet.

-El Keren Kayemet ha tenido relación con países con los cuales Israel no tenía formalmente relación, y se convertía en un hilo conductor poderosísimo en el momento de ayudar y compartir conocimiento. En estos últimos tiempos pude observar aportes no menores que ha hecho el Keren Kayemet respecto a su aporte a la Argentina. Y tanto la vacuna de la mano de Hadassah como el Keren Kayemet irrumpieron en un momento donde había una tensión entre Argentina e Israel. Por ejemplo, la colaboración de KKL en el tema agua en Tucumán. ¿De qué se trató, cómo fue y cómo se gestó?
-En todo el mundo siempre hay algo latente en contra o que irrita acerca de la participación de Israel en distintas comunidades. Venimos trabajando desde hace 3 años en Tucumán, en una comunidad en Colalao del Valle, que se conoce como “las ruinas de los Quilmes”. Fuimos a pedido de la provincia y con apoyo del gobernador. Hicimos un relevamiento en un viaje que estaba fuera de agenda, con toda la comitiva de Israel incluso, y vimos necesidades muy claras y muy simples de resolver del acceso al agua, y una parte de energía. Hicimos un relevamiento de materiales, de distintos reservorios, parecían incaicos, muy de piedra antigua, e hicimos relevamientos de reservorios, de acequias, de los ríos que pasan por ahí. Más adelante se involucró a la UTN de Tucumán, donde también empezó a participar con inversión. Este 1° de junio iban a empezar las obras, se van a dilatar porque están aislados por el tema del Covid, pero en 3 meses va a estar listo con una solución de agua y en algunos casos de energía en gran parte de la comunidad.

-¿En qué consiste ese proyecto en Tucumán?
-En el caso de Colalao del Valle es un lugar estepario, muy seco, casi llueve lo mismo que en Israel de lo seco que es. El agua la tienen lejos. Tenían acequias largas, muy secas. Entonces empezamos con filtros, que ellos ya tienen pero abandonados. Estamos reciclando para purificar el agua y que ellos tengan agua limpia para alimentos. El proyecto llega hasta la provisión de alimentos. Nosotros primero vamos a poner agua, levantar reservorios para que ellos acopien agua, y después las acequias para tener riego para alimentos. Ahí entra otra institución de Tucumán y le va a enseñar a la comunidad a generar su propio alimento por el agua, porque lo único que necesitan es agua.

-La provincia de Buenos Aires no tiene sequías, pero sí tiene dificultad en la calidad del agua, como en el Riachuelo… ¿se podría implementar un proyecto allí?
-Absolutamente, lo primero que hace falta es predisposición política. La tecnología está, el conocimiento está. Nosotros en Israel sacamos aguas saladas y las convertimos en dulces. O sea, hay un montón de técnicas para Riachuelo. El Keren Kayemet y otras instituciones más de Israel podrían trabajar en limpiar el Riachuelo. Muchas veces nos llaman de provincias para que los ayudemos con el acceso al agua. De Misiones nos llamaron y de otros lugares más por forestación. Nosotros estamos al servicio de la comunidad para lo que necesiten.

-¿Lo que ocurre en Tucumán es perfectamente aplicable en la provincia de Buenos Aires?
-Absolutamente replicable. Puede ser en un sistema estepario como el De los Quilmes, o puede ser una llanura, una Pampa húmeda o lo que sea, por su puesto: recuperación de suelos. Porque lo peor que tiene Tucumán es un suelo estepario, seco. Cuando haya agua ya recuperás el suelo, porque vos generas humedad, generás alimentos, podés forestar, les das un sotobosque y empezás a hacer un circuito.

-¿En qué contexto se hicieron las plantaciones de árboles en Vicente López y en Lomas de Zamora?
-Fue una invitación de la Embajada conmemorando los 120 años del Keren Kayemet. Se plantaron 60 árboles en Lomas de Zamora y 60 árboles en Vicente López.

-¿Qué significa que el Keren Kayemet plante?
-Tiene mucha simbología. Hace 120 años, el hecho de forestar no fue porque parecía ecológico, fue por el afán de dar trabajo. Unos 100 años después se forestó todo y el árbol por sí mismo tiene un valor gigante. Lo simbólico de plantar y forestar tiene que ver con mejorar la vida, con mejorar el suelo, dar futuro, dar oxígeno. Hoy Keren Kayemet está parado en esa simbología. Cuando estuvimos con los dos intendentes les trasmitimos el valor de lo que significa poner un árbol. Estaría bueno que Argentina tenga el Día del Árbol como existe en Israel. Que la gente salga del barrio a plantar un árbol en algún lado una vez al año, sería grandioso.

-Este intercambio ocurrió en medio de una tensión entre la Argentina e Israel. ¿Cómo lo viviste vos como presidente del Keren Kayemet?
-Lo hicimos desinteresadamente, más allá de lo que pase en el ambiente político, y de hecho lo empezamos hace tres años. El único interés fue ayudar, y es el interés que a mí en lo personal me moviliza. Lo que hicimos con Tucumán, lo que hacemos con las kehilot en Argentina, con las comunidades, es ayudar y acercar.

-Y se da que son colores políticos diferentes. Tucumán es un color político, Macri es otro color político, sin embargo las puertas se abrieron para esto…
-Indiscriminadamente, cien por ciento, porque como dije recién, el objetivo es ayudar.

-Respecto a lo comunitario, venimos de un año y medio diferente. Las instituciones judías, puntualmente las escuelas han hecho un gran esfuerzo y siguen de pie, trabajando con los chicos. ¿Cómo es la colaboración del Keren Kayemet con los docentes y las escuelas?
-Siempre el objetivo es ayudar. Lo hicimos el año pasado en el pico de la crisis, donde se reunieron las instituciones centrales. Y en educación siempre estamos presentes. Desde México para abajo todas las oficinas estamos trabajando con la educación, con concursos, para acercar la ecología. La ecología en tanto cómo funciona en Israel el cuidado de la tierra. Estuvimos un año y medio parados. Antes del Covid recorríamos la kehilot de las provincias y hemos visitado comunidades como en La Rioja, de 50 judíos nada más.

-¿Cómo estás viendo el trabajo del Keren en Latinoamérica?
-Yo creo que se está viendo un giro de modernización en las oficinas del Keren Kayemet de a poco. Me da la sensación que Buenos Aires o Argentina hace una punta de tendencia en todo eso. Algunos lugares lo toman, otras son operaciones más chiquitas, oficinas más chiquitas. La oficina de acá comparte mucha información con México, y también con Brasil, entonces la región de a poco se está modernizando. Creo que hay mucho interés también de conocer los socios, los donantes, sus comunidades. El KKL es muy amplio y eso le da la posibilidad de moverse y llegar a distintos lugares.

– Me parece que el donante entendió en la pandemia la importancia de su participación…
-Lamentablemente la palabra ayudar o solidaridad tiene mala prensa, no es muy canchero ser solidario. En general a las personas les cuesta ser solidarias, porque están muy metidas en lo suyo, en lo individual, y nosotros tenemos que jugar contra eso, sacarlos de ellos mismos para mostrarles que hay necesidades en todos lados. A partir del Covid se habla de reacción solidaria, pero yo creo que hay una actualización que es comunitaria, porque nos ayudamos en comunidades. Vos tenés tu propia comunidad más chiquita: tu familia, tus amigos, un grupo más chiquito y vos sos solidario en esa comunidad. Cuando uno dice solidario es tan amplio que terminamos no haciendo nada, entonces creo que la solidaridad se está convirtiendo. Hay mucha migración a las afueras de las ciudades en ayudas más comunitarias, más tangibles.

-Quizás la segunda generación pudo retomar lo que eran sus padres y abuelos respecto a donar, porque parece que hay un par de generaciones que no fueron educadas o se desconectaron de eso. ¿Eso se puede retomar? Teniendo en cuenta que la segunda generación tiene mucho dinero…
-Es cierto que la segunda generación llegó hasta allí siendo gente con mucho dinero, con acceso a un montón de cosas que los desvió de lo que es la ayuda, la comunidad. Quizás es más difícil llegar a ellos, como era con la primera generación, que llegaron con nada y que entendieron que si no te ayudaban a vos, el otro no avanzaba un pasito más. Porque necesitaban protegerse entre todos. Pero ahora ese concepto de necesidad, protegerse entre todos me parece que no está tan latente.

-Quizás tienen que ser educados, porque no tienen el ejercicio de hacerlo…
-Sí, hay una actitud centrada en necesidades más materiales del momento. Pero materiales no por la falta, por el exceso. Están concentrados en el exceso. Y nosotros estamos concentrados en la falta. AMIA y un montón de instituciones están focalizados en lo que les falta.
Yo el foco lo pongo en trasmitir el concepto de ayudar, porque es mágico ayudar, y está sobrevalorada la palabra ayudar. Es como cuando vos a la noche te comés un chocolate y sentís placer en el cerebro. Cuando ejercitás ayudar te pasa lo mismo, sentís un placer más a largo plazo, porque vez el placer en el otro.
Mi Biblia es trasmitir el valor de la ayuda, porque te hace más fuerte. Te fortalece el autoestima.

-Hernán Felman puso en marcha la creación de un bosque en homenaje al fiscal Nisman y se inauguró con la presencia de su madre, la AMIA y la DAIA. Hace pocos días Felman expresó su preocupación por el antisemitismo y rápidamente generó un encuentro virtual para poder hablar sobre esto. El Keren Kayemet también, de algún modo, está protegiendo a las comunidades y a sus miembros, con este tipo de reacción que surge desde Israel…
-Tenemos la suerte y la bendición de tener a Hernán, que es un gran líder comunitario de la diáspora de este lado. Está en Israel y tenemos la suerte de que él no pierde la atención de este lado, de México para abajo, y no se le pasa una. Está atento y cuando pasa algo, inclusive cosas que a mí se me pueden escapar, él las ve. Por supuesto porque tiene más experiencia, y las agarra, se adueña de eso y las resuelve. Pisa seguro, y hace que todos los que estamos atrás corriendo, estemos seguros corriendo porque él nos allana el camino.

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