Itongadol/Agencia AJN.- Entrevista al Rabino de la AMIA, Eliahu Hamra, que estuvo presente en la 33ª Conferencia del Comité de Rabinos de Europa, realizada en Israel.
–Sorprendido con una foto que vimos de muchos rabanim en la residencia del presidente Herzog, en Israel. ¿De qué se trata?
La imagen corresponde a un encuentro realizado en la 33ª Conferencia de Rabinos de Europa, de la cual formo parte como miembro permanente. Mi participación se debe a que, como Gran Rabino dela Argentina, represento allí a los Rabinos de América Latina, en el marco de la sección internacional de la conferencia que se creó últimamente.

Este año, la misma se desarrolló en Israel con motivo de la conmemoración de los 70 años de su creación, una institución fundada tras el Holocausto, y que hoy reúne a cientos de rabinos de distintas comunidades europeas. El objetivo central de la conferencia fue fortalecer el trabajo conjunto, analizar las problemáticas que atraviesan las comunidades judías y promover espacios de cooperación y apoyo mutuo. El encuentro en la residencia presidencial fue muy significativo. Me impresionó profundamente el conocimiento y la cercanía del presidente Isaac Herzog con el mundo rabínico: conocía a cada uno de los rabinos presentes, su origen, la historia de sus comunidades y los vínculos familiares, algo que refleja su compromiso con la tradición rabínica.
–¿Cuáles son los temas que se abordaron en el encuentro?
Uno de los ejes centrales fue analizar el complejo escenario que atraviesan hoy las comunidades judías en Europa, en un contexto internacional cada vez más cambiante. Por primera vez, en algunos países europeos, los intereses del Estado de Israel no siempre coinciden plenamente con las realidades y necesidades de las comunidades judías de la diáspora.
En ese marco, los rabinos plantearon con claridad que, si bien las comunidades de la diáspora no pretenden indicar a Israel cuáles deben ser sus decisiones, sí resulta fundamental que se tenga en cuenta el impacto que determinadas políticas o posicionamientos pueden generar a nivel local. En muchos casos, esas situaciones terminan afectando directamente a las comunidades judías.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo, la convocatoria de Chikli, el ministro de la Diáspora, a partidos ultranacionalistas, de extrema derecha, a la Conferencia Internacional sobre la Lucha contra el Antisemitismo, donde se invitó a Vox, de España; al partido Unión Nacional de Francia; a Marine Le Pen-Maréchal, miembro del grupo independiente de extrema derecha “Identidad y Libertad” en el Parlamento Europeo, y Charlie Weimers, eurodiputado del partido de extrema derecha “Demócratas Suecos”; por mencionar algunos casos.

–Pasaría lo mismo si Israel se metiera con la Kehilá de Venezuela, podría generarle problemas a los judíos de Venezuela.
– Exactamente. En Venezuela ese equilibrio se vuelve muy evidente. La comunidad judía necesita administrar con prudencia sus vínculos institucionales para poder desenvolverse en un contexto político complejo, y eso no siempre coincide plenamente con los intereses o posicionamientos del Estado de Israel.
Por eso se trata de un tema que debe manejarse con mucho cuidado. Las comunidades judías de la diáspora apoyan de manera plena y decidida a Israel, especialmente en este momento tan difícil marcado por la guerra y los desafíos que atraviesa el país. Justamente por ese compromiso profundo, es fundamental comprender que se trata de un hilo muy fino, donde cada gesto puede tener consecuencias directas a nivel local.
La conferencia dejó en evidencia el rol central que hoy ocupa el liderazgo rabínico, con una capacidad de diálogo y una llegada muy significativa a los principales dirigentes políticos de Israel. Ese vínculo resulta clave para abordar los desafíos actuales desde una mirada responsable y plural.
Otro de los temas que se trabajaron fue la necesidad de reforzar el respeto hacia los líderes religiosos de otros credos. En ese sentido, el Comité Permanente —del cual formo parte— difundirá en los próximos días un comunicado en el que se expresará un rechazo claro a determinados episodios ocurridos en la Ciudad Vieja de Jerusalem, protagonizados por algunos observantes que no actuaron con el debido respeto hacia representantes de otras religiones.
–Es decir que se está sugiriendo que haya en el mundo, dentro de lo posible, una convivencia sana ecuménica.
Absolutamente. La convivencia ecuménica no es solo un ideal, sino una responsabilidad concreta. Respetar a los líderes religiosos de otros credos es una condición indispensable para la convivencia pacífica y el diálogo, especialmente en contextos sensibles como los actuales.
–¿Cómo estuvo el capítulo argentino?
–Me encontré y tuve la posibilidad de hablar mano a mano con el presidente Herzog, y le dije que lo estamos esperando en la Argentina. Me dijo que tenía previsto visitar el país y me contaron sus asesores que están muy interesados en visitar la Argentina. Obviamente que la AMIA y la comunidad judía está totalmente a disposición para recibirlo.

–Más allá de la convivencia entre líderes de diferentes religiones, ¿abordaron algunas otras cuestiones que le hacen al mundo judío después de la guerra? ¿O solo se tratan temas religiosos?
– Se abordaron múltiples cuestiones, no exclusivamente religiosas. Como mencioné anteriormente, uno de los ejes fue la necesidad de actuar con mayor cuidado y responsabilidad en un escenario internacional en transformación. Hoy ya no existe la misma alineación entre Estados Unidos y Europa, y ese cambio representa un punto de inflexión a nivel global.
Frente a este nuevo contexto, es esencial que las comunidades estén preparadas, ya que son las que resultan más directamente afectadas, especialmente en un escenario marcado por el crecimiento preocupante del antisemitismo en Europa.
–¿Se habló de eso?
–Sí porque hay mucha preocupación. Y los líderes de esta Conferencia lo que hacen es mantener diálogo permanente con referentes políticos de todos los países y de la Unión Europea, precisamente para alertar sobre el impacto que el contexto actual tiene en la vida cotidiana de las comunidades judías.
En ese marco, se remarcó la importancia de actuar con responsabilidad y sensibilidad, entendiendo que determinadas decisiones o posicionamientos a nivel internacional tienen consecuencias directas sobre las comunidades locales, que hoy enfrentan un escenario especialmente complejo.
–En general esto lo puede transmitir un dirigente judío, pero es la primera vez que escucho que hombres religiosos se preocupen por este tema.
–En Europa, los que están al frente de todas estas cuestiones comunitarias, a nivel nacional, son rabinos. Como religiosos, tienen una llegada profunda, tanto dentro de las comunidades como en el diálogo con los distintos actores institucionales.
Esa posición les permite involucrarse activamente en estas cuestiones y expresar preocupaciones que impactan directamente en la vida comunitaria, más allá de lo estrictamente religioso.

–¿Está difícil ser judío en el mundo hoy? ¿O es tan difícil como siempre? ¿Es más difícil después de la guerra?
– Más allá de las dificultades evidentes del contexto actual, uno de los aspectos más significativos que se destacó en las charlas y conferencias fue un profundo despertar identitario y espiritual, especialmente entre personas que no se consideran religiosas.
Se observa un acercamiento genuino a las fuentes del judaísmo, incluso por parte de quienes tradicionalmente estaban muy alejados de la práctica religiosa. Frente a este fenómeno, el mundo religioso tiene el desafío de estar preparado y abierto, para recibir y acompañar.
Este despertar no se limita a Israel. También se percibe con fuerza en las comunidades de la diáspora, donde muchas personas que antes tenían un vínculo muy distante con la religión hoy buscan involucrarse, comprender y reafirmar su identidad judía. Es un proceso profundo, atravesado por la necesidad de pertenecer y de encontrar sentido en tiempos complejos.
Uno de los momentos más emocionantes que vimos en la Conferencia fue cuando recibimos la noticia de la identificación de los restos de Ran Gvili Z’’L, asesinado por los terroristas de Hamás, y su regreso a Israel. Ran era el último de los secuestrados que permanecía en Gaza desde el 7 de octubre de 2023.
–En la Argentina, se puede caminar con una kipá sin problemas… ¿Cómo se ve esta realidad, afuera, en medio del creciente antisemitismo?
– Mi propia experiencia es una prueba clara de esa realidad. He recorrido la Argentina de punta a punta, vistiendo de manera visiblemente religiosa —con sombrero negro y traje— y nunca viví una situación de agresión o discriminación.
En un contexto internacional atravesado por un preocupante aumento del antisemitismo, la Argentina se destaca hoy como un país donde los judíos pueden vivir y expresarse con libertad y seguridad. Esa es una realidad que valoramos profundamente y que refleja una convivencia social sólida, basada en el respeto y la diversidad.
–El tema de las conversiones en el mundo, ¿tuvo algún momento un punto donde está pasando esto en diferentes comunidades del mundo o es un tema que ni se tocó?
–No fue abordado específicamente en esta Conferencia, en parte porque en muchas comunidades de Europa las conversiones forman parte de la vida comunitaria habitual. La conversión es una realidad histórica dentro del judaísmo y siempre ha existido una apertura en ese sentido.
A lo largo del tiempo se establecieron lineamientos, cuyo objetivo no fue cerrar las puertas, sino garantizar la seriedad y el compromiso del proceso. Lejos de desalentar, la intención es acompañar y facilitar el camino a quienes desean convertirse, asegurando que lo hagan de manera auténtica.
–Vas a volver a Buenos Aires. ¿Qué te traes de este encuentro? ¿Veremos algo reflejado para que contribuya a la vida judía en la Argentina?
–Me llevo tres ejes muy claros. Primero, profundizar el acercamiento con toda la comunidad. AMIA, como institución central, tiene todo el potencial y la trayectoria, para seguir creciendo como un espacio cercano, presente y federal.
El segundo eje es fortalecer el trabajo conjunto con las comunidades judías de la Argentina y de Latinoamérica. En Europa existe un modelo de articulación que funciona muy bien, y la idea es profundizar esa experiencia a través de ámbitos como el Comité de Rabinos de Latinoamérica, dándole mayor solidez y estructura.
Por último, resulta clave seguir fortaleciendo los vínculos internacionales de la comunidad judía argentina, para integrarnos activamente al diálogo global y acompañar, desde nuestro lugar, los desafíos que hoy enfrenta el pueblo judío en el mundo.

