Itongadol/AJN.- A nueve días de la sospechosa muerte del fiscal de la “causa AMIA”, Alberto Nisman, y en el segundo aniversario de la firma del polémico Memorándum de Entendimiento con Irán en paralelo a la investigación del atentado, la comunidad judeoargentina realizó hoy, martes, un acto propio por el Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto, bajo el lema “Libertad, vida y legado de los sobrevivientes” y con el objetivo de “honrar la memoria de quienes fueron perseguidos y asesinados por la barbarie nazi”, en un colmado auditorio de esa entidad que obligó a instalar un pantalla y parlantes en el foyer.
El mismo estaba planificado hace varios días, pero cobró otro cariz cuando se decidió no asistir, por primera vez en la historia, el evento oficial que el gobierno organizará, esta tarde, en la Cancillería, debido “a la muerte del fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman”, hace nueve días, y su “descuerdo” con el pacto con Irán, según confirmaron, la semana pasada, referentes de sus instituciones a la Agencia Judía de Noticias (AJN).
La conducción del encuentro estuvo a cargo del vicepresidente de la AMIA, Pablo Reisman, quien dio inicio al evento, junto a Batia Nemirovsky, directora del departamento de Educación de la misma institución.
Luego de la lectura de la “reafirmación de la Declaración de Estocolmo” de 2000 por parte de sus 31 países firmantes, a 70 años de la finalización de la Shoá, el tesorero de la DAIA, Mario Comisarenco, recordó que el “inconstitucional Memorándum que se firmó con un país negacionista, nada más y nada menos que en el Día Internacional del Holocausto”.
En velada referencia a la ausencia en el acto oficial, el dirigente aseguró: “Rompimos con la hipocresía: no vamos a compartir una mesa con quienes no nos brindan la verdad, ni mucho menos justicia”.
“Nos encontramos frente a una encrucijada inesperada: las instituciones no estamos para contestar preguntas, sino para hacerlas: ¿cuáles son los alcances de la reciente denuncia del fiscal Nisman?, ¿por qué apareció muerto?, ¿cuál es la responsabilidad de los diferentes funcionarios frente a tal terrible golpe a la causa?”, enumeró.
“Esperábamos cautela, seriedad y solidaridad: frente al tenor de una denuncia como ésa sería irresponsable pronunciarse; por ello que confiamos plenamente en el accionar de la Justicia argentina”, expresó Comisarenco.
“Hoy también venimos a honrar la memoria de las víctimas de la Shoá y también a rendirle honor a Alberto Nisman, un fiscal que fue víctima por el solo hecho de investigar el ataque más violento que sufrió la República Argentina”, destacó.
“Acuerdos de origen dudoso, promesas incumplidas, escuchas telefónicas, ‘tapones de punta’ y muchísimas dudas hacen que nos cueste seguir creyendo”, admitió el tesorero de la DAIA.
“Pensábamos que la Shoá iba a ser el último ataque contra los judíos del mundo; mientras en la Argentina no nos habíamos recuperado del atentado a la Embajada de Israel, lamentábamos a los muertos de la AMIA y la DAIA, y todavía no estábamos analizando la denuncia del fiscal cuando nos horrorizamos con su muerte”, subrayó.
El dirigente comunitario también recalcó que “la justicia no es una cuestión de fe” y volvió a reclamar que “se investigue con seriedad y profundidad” la denuncia y posterior muerte de Nisman.
“Pedimos justicia, es una obligación de quienes deben impartirla”, puntualizó.
“Estoy orgulloso de pertenecer a un pueblo que hace de la memoria un culto y por ello recordamos a nuestros mártires de la Shoá, sometidos a la barbarie sin transformarse en bárbaros y no salieron a buscar venganza”; por eso “son nuestros héroes”, subrayó Comisarenco, quien cerró su discurso con la primera estrofa del Himno de los Partisanos y, en referencia a los 80 años de la DAIA, concluyó con el leitmotiv del mismo: “¡Mir zainen do!” (aquí estamos, en ídish).
Luego, el presidente de la AMIA, Leonardo Jmelnitzky, afirmó en nombre de todas las instituciones organizadoras que el Día Internacional de las Víctimas de la Shoá recuerda el 27 de enero de 1945, cuando “las tropas soviéticas entraron al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau”, donde “más de un millón de personas fueron asesinadas”, y “solo encontraron a 7.000 sobrevivientes” porque “días antes, los guardias nazis habían obligado a más de 50.000 prisioneros a marchar para evitar que cayeran en manos de los Aliados”, la mayoría de los cuales “también fueron asesinados”.
“Más del 90 por ciento de las víctimas, tanto las asesinadas como los sobrevivientes, eran judíos”, puntualizó.
“La Shoá de la que puede hablarse no es la verdadera”, su “horror es inexpresable porque su irrealidad ética es absoluta”, dado que se trata de “la mayor crueldad humana del siglo XX” y por ello “recordar es un deber sagrado”, pero ello “no puede ser un mero hecho conmemorativo”, sino que debe implicar “fundamentalmente educar a las nuevas generaciones, intentando convertir los corazones para desarrollar en ellos el amor al prójimo, el respeto por la vida, la misericordia y la justicia", sostuvo el líder comunitario.
“Esta diabólica irrealidad ética a la que nos hemos referido no constituye solamente una amenaza latente para el futuro, sino que es también un fenómeno concreto del presente: se manifiesta en el terrorismo que hoy está asolando al mundo entero; un fanatismo que conocemos muy bien porque golpeó a nuestro país, en la AMIA, el 18 de Julio de 1994, matando 85 personas”, prosiguió.
“En consecuencia, hoy, 27 de enero, cuando se cumple también un nuevo aniversario de la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán, queremos decir, una vez más, que no podemos admitir que se pacte con aquellos que utilizan el terror como un modo de hacer política”, insistió Jmelnitzky.
“No hemos visto en ellos gestos de cooperación ni la intención de esclarecer lo ocurrido”, sino que “se han rehusado sistemáticamente a colaborar con la Justicia argentina”, recordó.
“En consecuencia, ratificamos nuestra convicción sobre la inconveniencia del acuerdo firmado con Irán y queremos expresar que, a pesar de este difícil escenario que hoy se nos presenta, continuaremos luchando por el esclarecimiento de la causa porque ello constituye un deber irrenunciable que nos compromete a insistir en este reclamo de justicia que es, también, un reclamo por la vida y la dignidad de nuestra sociedad”, recalcó el titular de la AMIA.
Acto seguido se encendieron seis velas, una por cada millón de víctimas de la Shoá, con una luminaria guía prendida por los sobrevivientes presentes.
Así se sucedieron el subsecretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural porteño y presidente del Museo del Holocausto, Claudio Avruj, en nombre de los masacrados; las supervivientes Helene Gutkowski, quien era una niña y honró al millón y medio de sus pares que no tuvieron su suerte, y Lea Novera, representante de la Asociación Israelita de Sobrevivientes de la Persecución Nazi Sherit Hapleitá, por las comunidades y acervos culturales arrasados; y los titulares de la B’Nai B’Rith Argentina, Mario Wilhelm, en homenaje a los partisanos y a quienes resistieron de diversas maneras a los nazis y sus cómplices; de la Organización Sionista Argentina, Daniel Lew, por los Justos de las Naciones que salvaron a judíos; y del Centro Simon Wiesenthal en la Argentina, Fernando Sokolowicz, en reconocimiento a los supervivientes.
A continuación se realizó un minuto de silencio, previo a las palabras de la última oradora del acto, la sobreviviente de la Shoá, Eugenia Unger.
“Es un día muy difícil porque a esta hora se hacía la ‘Marcha de la Muerte’ y siento que estoy caminando bajo la nieve con los zuecos y mientras nos ‘rompían el alma’ con carabinas para que camináramos rápido”, contó.
“Viví… ‘morí’ dos años en Auschwitz; ¿cómo se puede vivir después? No sé”, reconoció la superviviente.
“Los nazis nos evacuaron poco tiempo antes de la llegada de los rusos; parecíamos fantasmas, escuálidos y congelados, y muchos quedaron en el camino porque sus cuerpos no les permitieron caminar”, memoró.
Las víctimas de la Shoá “murieron de hambre, experimentos médicos o tifus, pero lo peor era que estábamos separados de nuestras familias y no sabíamos qué pasaba con ellas”, continuó Unger.
“Nadie puede liberarse de los traumáticos recuerdos que nos atormentan” porque “Auschwitz es un símbolo de otros campos” donde los nazis y sus cómplices se concentraron o exterminaron a millones de judíos y miembros otras minorías, transmitió.
“Al finalizar la guerra tuve miedo a cada instante porque los rusos y los ucranianos perseguían y violaban a las mujeres jóvenes; durante 2 años no podíamos digerir lo que nos daban porque habían sido demasiados sin comer”, explicó la oradora.
“¿Por qué tuvimos que pasar tanto horror y por qué sobreviví y no mis otros hermanos? Primero pensé que era un premio y después, que fue un castigo: tras ver tanta miseria, dolor y sufrimiento, ¿cómo es posible contar lo que mis ojos vieron?”, aseveró.
“Tengo que cumplir una misión y un legado, mientras mi salud me lo permita: gritar por nuestros hermanos; entre ellos, un millón y medio de niños, que en paz descansen, a quienes dedico estas palabras”, sostuvo Unger, quien se quejó de que “por muchos años nadie quiso saber y hoy Auschwitz parece una irrealidad y los negacionistas enemigos del pueblo judío siguen afirmando que nada pasó”.
Éste “siguió siendo atacado en la Embajada (de Israel) y la AMIA; tenemos un cementerio propio aquí, en Pasteur (633), y nadie se preocupa por averiguar” qué ocurrió, paralelamente a otros “atentados antisemitas en todo el mundo contra los pueblos judío e israelí”, destacó.
“Por eso mi compromiso es seguir dando testimonio y colaborando en el Museo del Holocausto, del cual soy fundadora, para hablar con los jóvenes y transmitirles lo que pasó, que no tiene palabras, para que nunca más sucedan hechos terribles como éstos”, señaló la sobreviviente, quien lucha “contra el olvido, que significaría una nueva muerte para los 6 millones de personas asesinadas por pertenecer al Pueblo del Libro”.
Finalmente, Unger anheló “la continuidad de los valores judíos, por los cuales murieron las víctimas de la Shoá”, y cerró su alocución con el tradicional “¡Am Israel jai!”, el Pueblo de Israel (judío) vive.
El evento fue matizado por el saxofonista Oscar Kreimer, quien interpretó varias melodías tradicionales judías e israelíes, y videos alusivos.
Entre las centenares de personalidades presentes se encontraron representantes diplomáticos de 17 embajadas, como las de Alemania, Francia, Israel y Holanda; el jefe de gabinete del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y la diputada Patricia Bullrich, titular de la Comisión de Legislación Penal ante la cual debía comparecer Nisman horas después de su misteriosa muerte.

