Itongadol.- Puerto Madero es la zona más nueva, y posiblemente moderna, de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado entre la calle que bordea los reciclados doques del antiguo puerto porteño que se desactivó a fines de los años ’80 del siglo pasado y la Costanera Sur, que bordeaba el Río de la Plata y frente a la cual se rellenó ese curso de agua para establecer la Reserva Ecológica.
Son unas 170 hectáreas que fueron convertidas en el 47º barrio de la ciudad en 1996, y tras utilizar esos predios que bordean los cuatro diques para oficinas y negocios gastronómicos comenzaron a construirse imponentes torres de amplios departamentos, que cuentan con salones de usos múltiples, pileta y los más modernos servicios de seguridad, donde se calcula que están habitando entre cinco y diez mil personas.
Otra de sus particularidades es que todas las calles llevan el nombre de mujeres que tuvieron un papel preponderante en la vida nacional argentina, una de las cuales es Azucena Villaflor.
En la última construcción de la vereda izquierda, mirando al río, está ubicado un Beit Jabad que dirige el rabino Jaim Oirechman, quien como todos los shlujim del Rebe es acompañado por su esposa, Broje, en su labor espiritual, educativa y social.
“Empezamos en 2005: Puerto Madero era el barrio más nuevo, no había un templo y conocidos nos comentaron que se estaban mudando judíos al lugar”, así que “consideramos la idea de empezar el crecimiento espiritual del barrio”, explicó el religioso a la Agencia Judía de Noticias (AJN).
“Cuando decidí casarme y venir a vivir acá, me dijeron que iba a haber un Jabad cerca y fuimos con mi esposa a un departamentito de uno de los vecinos; no llegábamos al Minián y ahí hicimos el primer Shabat”, recordó Sergio, nacido y educado en Concordia y uno de los primeros miembros del Beit Jabad.
“Hay muchos judíos en la zona y estamos en contacto con ellos, personalmente y mandándoles mails”, afirmó Oirechman.
“Baruj Hashem, en Rosh Hashaná y Iom Kipur no nos alcanza el lugar y tenemos que ampliar el templo; para Shabat, el lugar está bárbaro”, destacó.
El Beit Jabad funciona en una casa de valor histórico y patrimonial que fue cedida en comodato por un decreto firmado por el entonces jefe de gobierno Jorge Telerman, el 6 de diciembre de 2007.
Estaba en estado de abandono y muy deteriorada, fue puesta a nuevo gracias al apoyo de varios miembros de la comunidad y el Beit Jabad de Puerto Madero se inauguró oficialmente el 15 de septiembre de 2009.
El Beit Haknéset está ubicado en el primer piso, mientras que en la planta baja hay un hermoso salón comedor que es utilizado para el dictado de cursos y la realización del Kidush posterior a las tefilot.
Como la casa está rodeada por un extenso parque, en el cual se han instalado juegos infantiles, “estamos pensando en ampliarnos para Rosh Hashaná y Kipur porque el terreno es grande y podríamos hacer (los servicios religiosos) en una carpa”, anticipó el rabino.
“No queremos hacerlos en un hotel de la zona, como al principio, porque la idea es rezar en el templo y que la gente lo conozca”, agregó.
“En estos años se puede ver que el Beit Jabad creció bastante: mucha gente nueva vino a vivir al barrio y también se acercan otros de los alrededores”, resaltó Sergio.
“Está manejado en forma muy amena por el Rav, y cada vez hay más actividades: Kabalat Shabat; en Shabat, desayuno con un shiur (clase) de Torá, rezos, un almuerzo (en el cual se sirve chulnt y, a veces, maúde, tradicionales comidas ashkenazí y sefaradí, respectivamente) y luego nos quedamos charlando hasta las 3 de la tarde. Los miércoles a la noche tenemos (otro curso de) Torá, que se hizo famoso, y ahora, todas las mañanas, entre las 8 y las 10, un espacio para ponerse tefilín y tomar café”, describió.
Por su parte, Broje dicta cursos para mujeres relacionados con el estudio de los textos sagrados, la forma de vida tradicional y la cocina judía.
Como es lógico, en el Beit Jabad de Puerto Madero también se celebran las festividades judías (Pésaj, Shavuot, Sucot, Janucá y Purim).
“En todas las fiestas hacemos importantes eventos, a los que vienen mucha gente: armamos una sucá de 20 metros de largo, para casi 100 personas, donde hacemos la cena correspondiente y está abierta a todos los que deseen realizar las bendiciones tradicionales del lulav y el etrog; organizamos una cena la noche de Simjat Torá y un gran séder comunitario en las dos noches de Pésaj, y un desayuno muy lindo en Shavuot, después de la lectura de los Diez Mandamientos, aunque si cae domingo, lo reemplazamos por un gran almuerzo; en Purim organizamos juegos y un programa especial para los chicos, utilizando el gran parque que tenemos enfrente, y también actividades para los padres”, contó Oirechman.
“Yo sabía muy poco de Torá, y aprendí gracias al rabino (Tzvi) Grünblatt (director general de Jabad Lubavitch Argentina) y ahora con Jaim; acá se está haciendo un buen trabajo dentro de la comunidad y cada día somos más: la gente se va acercando despacito, incluso algunos que tal vez no iban a otros lugares”, ratificó Elías, quien hace 17 años concurre asiduamente a las tefilot y cursos de Jabad y hace tres se mudó a Puerto Madero.
El curso de Torá de los miércoles a la tarde consiste en una clase sobre la parashá de la semana, el rezo de Maariv y un asado que solventan los concurrentes y durante el cual siguen comentando aspectos relacionados con la parashá y se tratan temas de actualidad.
“Mi consuegro me trajo cuando me radiqué en la zona, conocí a Jaim, quien me impresionó de entrada por los valores que tiene, y junto con todos los que vienen, que son personas macanudísimas, empezamos a hacer amistad, me siento muy cómodo y en los últimos años participé en todas las festividades”, comentó Marcos.
“Venimos a pasar un momento de Torá, y después la cena; me siento cómodo con Jaim y los que participan”, añadió su hijo, Alberto.
“Jabad abre las puertas, y ‘Puerto Madero’ es una de las cosas que hizo que viniera a las fiestas mucha gente que no lo hace regularmente durante el año; realmente hay caras que no conocemos y nos queda chico el lugar”, recalcó Elías.
“Esto se debe a que el rabino es muy joven y abierto a las preguntas, al igual que su esposa; en este momento tenemos muchos sefaradim que vienen a hacer tefilá con nosotros, y eso significa que no hay separación: somos un grupo y eso hace crecer al lugar”, enfatizó.
“El objetivo es que la gente que viene a Rosh Hashaná, Kipur, Janucá, Pésaj, Purim y todas las fiestas aumente sus mitzvot y buenas acciones”, aseveró Oirechman.
“Maimónides dice que el mundo es como una balanza; entonces, la persona tiene que ver que una buena acción más puede inclinar la balanza para el bien, y así va a venir el Mashíaj”, finalizó.

