Itongadol/Agencia AJN.- Ron Dermer, exministro de Asuntos Estratégicos de Israel y uno de los colaboradores más cercanos del primer ministro Benjamin Netanyahu, calificó de “fake-ocidio” las acusaciones de genocidio contra Israel por sus operaciones militares en la Franja de Gaza. El término combina las palabras inglesas fake —falso— y genocide —genocidio— y fue utilizado por Dermer durante un discurso en una cumbre de la Coalición Judía Republicana en Estados Unidos.
La expresión apunta a cuestionar lo que Dermer considera una utilización política del concepto de genocidio contra el Estado judío. Su argumento se centra en que la magnitud de la destrucción y las víctimas civiles de una guerra, por graves que sean, no demuestran por sí solas la existencia de ese crimen, que tiene requisitos específicos en el derecho internacional.
El exfuncionario sostuvo que la acusación debe analizarse a partir de las pruebas sobre las intenciones y las acciones de Israel, y no únicamente a partir del número de muertos o de los daños materiales registrados en Gaza.
Uno de los argumentos que presentó fue el demográfico. Según Dermer, la población palestina de Gaza es actualmente mayor que la que había antes del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. El dirigente contrastó esa afirmación con el impacto del Holocausto sobre la población judía mundial y con otros genocidios históricos.
Sin embargo, la evolución de la población no determina por sí sola si se cometió genocidio. La definición jurídica exige demostrar la intención específica de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal.
Dermer también destacó las advertencias que Israel emitió a los civiles antes de determinados ataques. Entre ellas mencionó el lanzamiento de panfletos, los mensajes de texto, las llamadas telefónicas y la difusión de instrucciones para evacuar zonas de combate.
El exministro sostuvo que esas medidas son incompatibles con una política deliberada de exterminio. No obstante, las advertencias y evacuaciones no excluyen automáticamente la posibilidad de violaciones del derecho internacional humanitario: cada operación debe evaluarse según sus circunstancias, los objetivos militares, los daños civiles previsibles y las precauciones adoptadas.
Otro de los puntos abordados fue el balance de víctimas. Dermer cuestionó las cifras difundidas por las autoridades sanitarias de Gaza, administradas por Hamás, y señaló que no siempre distinguen entre civiles y combatientes. Israel sostiene que sus operaciones eliminaron a numerosos integrantes de la organización terrorista.
El exfuncionario afirmó además que la proporción de víctimas civiles respecto de combatientes debe compararse con la de otros conflictos urbanos. Sin embargo, esas comparaciones presentan limitaciones porque las metodologías de registro, las condiciones de combate y las características de cada escenario son diferentes.
Dermer también atribuyó una parte importante de la destrucción a la estrategia militar de Hamás. Sostuvo que la organización construyó una extensa red de túneles y desplegó infraestructura militar en zonas densamente pobladas, incluidas áreas cercanas a viviendas, escuelas y hospitales. Según su planteo, esas decisiones expusieron a la población civil a mayores riesgos.
Aun cuando existan objetivos militares en zonas civiles, las Fuerzas de Defensa de Israel deben cumplir las normas del derecho internacional humanitario, incluidas las obligaciones de distinguir entre objetivos militares y civiles, adoptar precauciones y evitar ataques cuyo daño civil previsto sea excesivo en relación con la ventaja militar concreta y directa esperada.
En materia humanitaria, Dermer mencionó el ingreso de alimentos, medicamentos y otros suministros a la Franja de Gaza, así como las campañas de vacunación y otras operaciones de asistencia. Presentó esas acciones como elementos que, a su juicio, contradicen la existencia de una política dirigida a destruir a la población palestina. La entrada de ayuda, sin embargo, tampoco resuelve por sí misma la cuestión jurídica: también deben examinarse su cantidad, distribución y acceso efectivo para los civiles.
El exministro argumentó además que Israel dispone de una superioridad militar considerable frente a Hamás y que, si su objetivo hubiera sido matar al mayor número posible de palestinos, podría haber causado una destrucción mucho mayor. Ese razonamiento forma parte de su defensa política, aunque la capacidad militar de un Estado no permite establecer por sí sola cuáles fueron sus intenciones.
Otro eje de su discurso fue el proceso iniciado ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por la demanda presentada por Sudáfrica. Dermer recordó que el tribunal ordenó medidas provisionales destinadas a proteger a los palestinos de Gaza y prevenir actos prohibidos por la Convención contra el Genocidio, pero subrayó que no dictó una sentencia definitiva que declarara a Israel culpable de ese crimen.
Las medidas provisionales no constituyen una determinación definitiva sobre el fondo del caso. El proceso judicial debe distinguirse tanto de las acusaciones políticas como de las investigaciones sobre posibles violaciones del derecho internacional.
Dermer también remarcó que los crímenes de guerra y el genocidio son categorías jurídicas diferentes. Un ataque ilegal, un daño civil desproporcionado o un castigo colectivo pueden constituir graves violaciones del derecho internacional sin que necesariamente se configuren los elementos específicos del genocidio.
El exministro reconoció que las denuncias sobre posibles delitos cometidos por soldados o comandantes israelíes deben investigarse y que, cuando existan pruebas suficientes, los responsables deben ser sancionados. En ese sentido, citó una frase del dirigente sionista Ze’ev Jabotinsky sobre el derecho de los judíos a tener sus propios “villanos”, como cualquier otro pueblo, y sostuvo que la responsabilidad penal individual no demuestra por sí misma una política estatal destinada a destruir a los palestinos como grupo.
Finalmente, Dermer afirmó que la acusación de genocidio tiene consecuencias que trascienden el debate jurídico y que, en su opinión, se utiliza para cuestionar la legitimidad de Israel. Para el exministro, el término “fake-ocidio” resume su rechazo a lo que considera una acusación infundada y parte de una campaña contra el Estado judío.
Las afirmaciones de Dermer constituyen la posición del exfuncionario israelí. La determinación de si se cometió genocidio corresponde a los tribunales competentes, a partir de las pruebas y de los criterios establecidos por el derecho internacional.
Ron Dermer calls genocide accusations against Israel “fake-ocide”

