Itongadol/Agencia AJN.- Casi tres años después de la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023, los residentes del kibutz Kfar Aza comenzaron un proceso gradual de retorno a sus hogares, marcado por el trauma, la incertidumbre y el desafío de reconstruir una comunidad devastada por el ataque.
El regreso no se produce de manera masiva ni simultánea. Familia por familia, los habitantes intentan retomar sus vidas en un lugar que cambió para siempre. A comienzos de septiembre reabrieron los jardines de infantes, mientras avanzan las obras para restablecer servicios esenciales como la clínica médica, el centro de resiliencia comunitaria y otras infraestructuras.

Tras una prolongada evacuación, principalmente en los kibutzim Shefayim y Ruhama, el retorno oficial comenzó el mes pasado. Hasta el momento regresaron unas 50 familias de las aproximadamente 300 que vivían en Kfar Aza antes de la guerra, mientras otras continúan evaluando si volverán.
Según estimaciones de la dirigencia comunitaria, entre el 30% y el 40% de las familias aún no tomó una decisión, mientras que entre el 10% y el 15% ya resolvió no regresar.
“Estamos reconstruyendo el kibutz y reconstruyendo la confianza”, afirmó Sigal Moran, presidenta de la comunidad. “El proceso de regreso está marcado por el miedo, el trauma y la pérdida de confianza”.
El peso del 7 de octubre
Cada señal de recuperación convive con el recuerdo permanente de la tragedia.
De acuerdo con la investigación de las Fuerzas de Defensa de Israel, unos 250 terroristas irrumpieron en Kfar Aza el 7 de octubre. Durante las primeras horas, apenas 14 integrantes del equipo local de seguridad enfrentaron solos a los atacantes. La mitad murió durante los combates.
Entre las víctimas estuvo el fotógrafo de ynet Roy Idan, asesinado junto a su esposa Smadar. Su hija Abigail fue secuestrada y posteriormente liberada.
Uno de los lugares más emblemáticos de la tragedia es el denominado barrio de la “Generación Joven”, donde fueron asesinados 11 residentes y siete fueron secuestrados. Tras un intenso debate interno, la comunidad decidió desmontar parte del sector y trasladar algunos edificios a un sitio conmemorativo fuera del kibutz, aunque la medida aún enfrenta objeciones judiciales de familiares de víctimas.
“Queríamos dejar de sentir que nuestra vida era temporal”
Entre quienes regresaron se encuentran Viki y Nadav Nasi Tzantzifer, que se habían mudado al kibutz apenas un año antes del ataque.
El 7 de octubre, Viki cursaba el sexto mes de embarazo. Ambos permanecieron durante horas encerrados en la habitación segura de su casa mientras escuchaban disparos y enfrentamientos en el exterior.

“En un momento dejé de sentir los movimientos del bebé y entré en pánico”, recordó Viki.
Tras ser evacuados cerca de la medianoche, la familia pasó por cinco lugares distintos en menos de tres años. Finalmente regresaron a Kfar Aza en agosto pasado.
“Queríamos volver a casa y dejar de sentir que nuestra vida era temporal”, explicó Nadav.
Su vivienda original quedó descartada. Después de ingresar varias veces, concluyeron que jamás podrían volver a vivir allí. Por eso alquilaron otra casa dentro del mismo kibutz.
“Con todas las dificultades, estamos bien aquí. Queremos criar a nuestros hijos en este lugar”, afirmó Nadav.
El símbolo de la recuperación: los niños
Para muchos residentes, la reapertura de los jardines de infantes representa el verdadero comienzo de la recuperación.
Einat Hemias Bons, docente de educación especial y residente del kibutz, decidió regresar para hacerse cargo de uno de los jardines infantiles.
El 1 de septiembre recibió a los primeros diez niños. Entre ellos se encuentra Guy, el hijo de Viki y Nadav.
“Ver a los niños caminando nuevamente por los senderos del kibutz emociona hasta las lágrimas”, aseguró.
“Los niños son el renacimiento de Kfar Aza. Son los cimientos sobre los que se reconstruirá la comunidad”.
Reconstruir una comunidad
Además del regreso de los residentes, Kfar Aza atraviesa un intenso proceso de reconstrucción física y emocional.
Numerosos edificios están siendo renovados, se desarrollan nuevos proyectos comunitarios y se trabaja en la creación de centros de asistencia y bienestar para los habitantes.
Sin embargo, los líderes locales reconocen que el principal desafío sigue siendo la seguridad.
“Todo depende de que haya tranquilidad en Gaza”, señaló Tzion Regev, administrador comunitario del kibutz.
La presidenta Moran coincidió en que el futuro de la comunidad está estrechamente ligado a la situación de seguridad en la frontera.
“Un regreso a las condiciones previas al 7 de octubre o una recuperación de las capacidades de Hamás influirían directamente en la decisión de muchas familias de volver o no”, advirtió.
Pese a las heridas aún abiertas, los residentes que regresaron aseguran que la reconstrucción ya comenzó.
Kfar Aza está lejos de ser el lugar que era antes de la masacre. Hay familias que no volverán, viviendas que desaparecieron y cicatrices que permanecerán para siempre. Pero, tras casi tres años en los que el hogar existía principalmente como un recuerdo, la comunidad comienza lentamente a recuperar la vida.

