Itongadol/Agencia AJN.- Funcionarios israelíes están preocupados por la decisión de la semana pasada del presidente argentino, Javier Milei, de imponerle sanciones a la empresa israelí Navitas, propiedad de Gideon Tadmor, por el desarrollo del yacimiento petrolífero Sea Lion en aguas económicas de las islas Malvinas, en el océano Atlántico, y por sus implicancias para los planes estratégicos conjuntos.
Las tensiones también podrían afectar a los inversores institucionales, que invierten miles de millones de shekels en esa empresa perforadora.
Navitas no pagó por el yacimiento, sino que se asoció con la británica Rockhofer y recibió el 65% de los derechos. La razón por la que la administración Milei decidió tomar esa medida drástica es la decisión final de inversión tomada en diciembre de 2025.
La perforación está programada para principios de 2027 y la primera extracción de petróleo para el primer trimestre de 2028.

El viernes, tras el anuncio de Milei, Navitas y Rockhofer se aseguraron de comunicar que todo seguía igual, a pesar de que las acciones de la compañía israelí en la Bolsa de Tel Aviv cayeron un 2,32%.
La razón por la que los inversores no hicieron bajar el precio de las acciones de Navitas es doble. Por un lado, los inversores entienden que se trata de otra ronda de retórica política, que ya está en gran medida reflejada en el precio de las acciones. La propia Navitas ha abordado este tema en sus informes de los últimos años.
Además, Navitas sigue considerando a Sea Lion como un activo secundario, un complemento a su actividad principal: el yacimiento Shenandoah en el Golfo de México, que comenzó a producir el año pasado y genera la mayor parte de sus ingresos y valor.
Pero la amenaza para Navitas no termina ahí. En su última declaración, Milei pidió una modificación de la ley para que permita sanciones más severas a las empresas que les prestan servicios a las compañías que buscan gas y petróleo.
En el contexto israelí, el 42% de las acciones de Navitas, por un valor aproximado de 6.740 millones de shekels (más de 2.200 millones de dólares), está en manos de inversores institucionales. Entre ellos, Harel posee la mayor participación, un 13%, valorado en 2.100 millones de shekels (unos 700 millones de dólares), seguido de Migdal con un 7,3% (1.180 millones de shekels o más de 390 millones de dólares), Phoenix (7,2%, 1.160 millones de shekels o unos 385 millones de dólares), Meitav con un 6,25% o alrededor de mil millones de shekels (unos 330 millones de dólares), y los analistas Menora y Mor, que poseen participaciones menores.
¿Acaso deberían temer los inversores institucionales? Lior Vider, analista y director del servicio de información Majpil Revaj, explicó a Globes que «es importante poner las cosas en perspectiva: la cuestión de la soberanía sobre las Malvinas y las amenazas de la Argentina respecto a la actividad de perforación y producción en la región han acompañado al sector durante muchos años y aparecen en los titulares de vez en cuando sin que se produzca ningún cambio sustancial que detenga los proyectos en marcha».
«Al mismo tiempo, cuando el presidente Milei pronuncia estas palabras de forma directa y pública, y especialmente ante los indicios de un posible cambio de postura por parte de la administración estadounidense, no cabe duda de que aumenta el nivel de riesgo geopolítico en torno al yacimiento. Los proyectos energéticos de esta magnitud son muy sensibles a los acontecimientos internacionales, por lo que, aunque parezca tratarse principalmente de retórica y declaraciones políticas, los inversores deben tener en cuenta que puede llegar el día en que se produzcan eventos negativos repentinos que pongan en peligro la actividad», aclaró.

