Itongadol/Agencia AJN.- En septiembre de 1932, Israel Joshua Singer abordó un barco rumbo a New York, donde había sido invitado a escribir sobre Estados Unidos para los judíos de habla ídish como él.
‘‘Los estadounidenses son un pueblo difícil de comprender. Intentaron por todos los medios ser, en todos los aspectos, lo contrario de los europeos’’, escribió el célebre novelista en uno de sus primeros artículos desde Estados Unidos.
En una serie de artículos encargados por Abraham Cahan, el editor del periódico ídish Forverts, Singer buscó ayudar a sus lectores a comprender ese mundo de espejo. En vísperas del ascenso de los nazis en Europa, quedó maravillado por los paisajes, los judíos que luchaban por salir adelante y aquellos que soñaban con una vida mejor, así como por los cristianos que escuchaban con simpatía las dificultades que enfrentaban los judíos en Europa.
Casi un siglo después, los primeros sorprendentes encuentros de Singer con Estados Unidos fueron publicados juntos por primera vez en una traducción, no al inglés sino al italiano. Viaggi in America (Viajes por América), publicado por la histórica editorial judía italiana Giuntina y traducido del ídish por Enrico Benella, reúne las ingeniosas crónicas estadounidenses de I. J. Singer para el Forverts.
Los artículos siguen a Singer desde el corazón judío del Lower East Side de New York hasta Coney Island, las montañas Catskill, los estudios de Warner Bros. en Hollywood y una fábrica de General Motors en Michigan, entre muchos otros destinos. Singer regresó a Polonia después de su visita y se trasladó definitivamente a Estados Unidos con su familia en 1934, pero continuó observando el país con la distancia propia de un judío europeo. La mayoría de los textos incluidos en el nuevo volumen nunca habían sido traducidos, ni siquiera al inglés.
La colección llega en medio de un renovado interés en Italia por Singer y por la literatura en ídish en general, impulsado por archivos digitales de reciente acceso, una nueva generación de traductores y lectores cada vez más interesados en la cultura ídish.
‘‘El ídish está vivo y goza de buena salud, incluso en Italia’’, expresó Shulim Vogelmann, editor del libro.
‘‘Creo que la razón por la que libros como La familia Karnovsky tienen éxito [en Italia] es que son libros escritos con sangre’’, señaló Anna Linda Callow, quien tradujo esa novela de Singer al italiano. La literatura ídish, explicó, surgió de una sociedad que se enfrentaba ‘‘violentamente a la modernidad, al colapso de los imperios y a profundas cuestiones históricas’’.
Nacido en Polonia en 1893, I. J. Singer era el hermano mayor del futuro ganador del Premio Nobel Isaac Bashevis Singer. Su hermana, Ester Kreytman, también se convirtió en novelista y escritora de cuentos. Dentro del mundo literario de habla ídish, I. J. fue en su momento el más conocido de los hermanos Singer, pero su obra quedó eclipsada durante mucho tiempo por la de Isaac Bashevis.
Cuando la editorial italiana Adelphi publicó en 2013 la primera edición italiana de su obra maestra La familia Karnovsky, el libro se convirtió en un gran éxito y vendió más de 120.000 ejemplares. Fue un momento decisivo para la literatura ídish —y para la popularidad de I. J. Singer— en Italia.
Antes de Karnovsky, las editoriales italianas habían publicado un puñado de obras literarias en ídish, muchas de ellas traducidas desde el inglés en lugar de hacerlo directamente del ídish, una práctica que continúa en la actualidad. Desde el éxito de Karnovsky, aparecieron en Italia más de 50 nuevas ediciones de libros en ídish, de autores como Kreytman, Sholem Aleijem y Chaim Grade.
El interés por la cultura ídish no se limitó a los libros y tampoco parece estar estrechamente vinculado al creciente sentimiento antiisraelí en Italia, aunque algunos especialistas en ídish señalan un renovado interés de personas que adoptan tradiciones judías de la diáspora.
El ídish comenzó a llegar al público italiano a finales de la década de 1980, cuando la directora Mara Cantoni y el intérprete Moni Ovadia presentaron una producción centrada en el ídish en uno de los teatros más prestigiosos de Milán. Su trabajo ayudó a popularizar la cultura ídish durante los años siguientes. Ovadia se convirtió posteriormente en una de las figuras judías antisionistas más destacadas de Italia.
Pero Miriam Camerini, artista y directora teatral italiana especializada en cultura ídish, aseguró que presentar material en ídish en vivo se volvió más difícil durante la guerra entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza. En declaraciones a la JTA desde Yiddish Summer Weimar, un festival en Alemania que atrae a especialistas en ídish de todo el mundo, señaló que los teatros y las instituciones culturales le dijeron cada vez más que ‘‘no era el momento adecuado’’ para la programación judía, aunque su trabajo se centra en tradiciones de la diáspora y no sionistas.
‘‘El hecho de que mi trabajo abordara la historia del Bund’’, dijo Camerini, en referencia al movimiento socialista judío fundado en el Imperio ruso a finales del siglo XIX, ‘‘no llevó a la gente a decir: ‘Qué interesante, escuchemos a judíos con ideas diferentes y no sionistas’. No: todo lo judío debía ser excluido’’.
En cambio, el auge editorial del ídish puede atribuirse en parte a una cuestión práctica: los derechos de autor de las obras de Singer expiraron en Europa en 2015. Aunque Elisabetta Zevi, ejecutiva y editora especializada en literatura judía de Adelphi, insistió en publicar Karnovsky apenas un par de años antes de que expiraran los derechos, la barrera financiera para publicar nuevos títulos desapareció.
El prestigio de Adelphi como una de las editoriales más importantes de Italia también otorgó a Singer una visibilidad en el país que las ediciones anteriores no habían conseguido y preparó el terreno para un mayor interés.
‘‘Fue una maniobra editorial magistral’’, destacó Callow, quien recientemente comenzó a enseñar un curso de ídish en el Museo Nacional del Judaísmo Italiano y la Shoá (Holocausto), en Ferrara.
Otro factor del auge del ídish fue la aparición de nuevos traductores capaces de trabajar directamente desde el idioma, una tendencia pequeña pero significativa, favorecida por la tecnología y por el compromiso de un grupo reducido de apasionados.
‘‘No existen cursos universitarios de ídish en Italia, por lo que hay que viajar al extranjero para estudiarlo o aprenderlo por cuenta propia’’, explicó Enrico Benella, traductor de la nueva colección, en una entrevista. ‘‘Por eso no sorprende que tantos autores importantes hayan quedado atrás’’.
Dentro del reducido círculo de traductores de ídish en Italia, Benella es una excepción, principalmente porque no es judío y no comenzó su carrera como traductor o especialista en literatura judía. Nacido cerca de Padua en 1979, comenzó a aprender ídish hace apenas unos años, impulsado por el deseo de leer la obra de I. J. Singer en su idioma original.
Benella comenzó sus estudios en la Oxford School of Rare Jewish Languages, que ofrece cursos gratuitos en línea de 18 lenguas vernáculas judías, incluidos diversos dialectos judeoárabes, ladino y judeoitaliano. Casi de inmediato comenzó a leer y practicar la traducción de la obra de Singer.
El acceso digital, posible también gracias a donantes estadounidenses e instituciones de investigación, abrió otra puerta. Grandes colecciones de libros, revistas y diarios en ídish están ahora disponibles en internet, incluidos casi cien años del Forverts. La Biblioteca Digital Yidis Steven Spielberg, del Yiddish Book Center de Massachusetts, cuenta con más de 11.000 títulos en ídish. YIVO, el centro de investigación sobre el ídish de New York, está digitalizando su biblioteca de antes de la guerra y sus colecciones de archivo.
‘‘La literatura ídish pronto se convertirá en la primera literatura moderna completamente digitalizada’’, afirmó Benella.
Benella se inspiró para traducir las crónicas estadounidenses de Singer mientras leía The Homeless Imagination in the Fiction of Israel Joshua Singer, de Anita Norich, una de las principales especialistas actuales en la obra de I. J. Singer. Benella revisó su bibliografía del trabajo periodístico de Singer para el Forverts, buena parte del cual fue publicado bajo el seudónimo G. Kuper. Allí encontró por primera vez los títulos que ‘‘sonaban estadounidenses’’.
Luego se puso en contacto con Vogelmann, editor de Giuntina, y le propuso la idea de publicar la colección. Benella ya había traducido otros dos libros del ídish para Giuntina. (Giuntina también publicó un libro del autor de este artículo).
Anita Norich todavía recuerda el meticuloso trabajo que hubo detrás de aquella bibliografía, que compiló en la década de 1980 mientras trabajaba en su primer libro sobre I. J. Singer: ‘‘No había un índice del Forverts ni un buscador que pudieras utilizar. Fui a la biblioteca de YIVO en New York y revisé el microfilm del Forverts página por página, buscando su nombre’’.
El deseo de explicar Estados Unidos a los lectores estadounidenses de habla ídish reflejaba una parte central de la misión del Forverts, aseveró Norich.
Singer, que llegó hablando muy poco inglés, en ocasiones miraba más allá de las historias y lugares familiares para los lectores ídish y escribía, en cambio, sobre Harlem y Chinatown, comparaba la pobreza de New York con la de Varsovia y exploraba el comercio, la cultura y la religión estadounidenses.
‘‘Está Estados Unidos para ser descrito, están los judíos estadounidenses y luego está Singer, que no es ni un judío estadounidense ni estadounidense. Precisamente por eso, tiene un punto de vista adicional. Su distancia le proporciona una perspectiva diferente sobre un Estados Unidos que los judíos estadounidenses quizás estén viendo desde demasiado cerca’’, resaltó Benella.
‘‘Podría definirse Viajes por América como el encuentro entre los judíos de Europa del Este y la verdadera modernidad en Estados Unidos’’, añadió.
Singer se encontró con esa modernidad durante su viaje inicial. Quedó maravillado cuando los pasajeros cristianos del barco se reunieron para escuchar una charla de un rabino sobre la recién concluida Primera Conferencia Mundial Preparatoria Judía en Suiza, el hitlerismo y el antisemitismo.
‘‘La gran sala se llenó inmediatamente de multitudes de cristianos. Se sentaron allí escuchando… y aplaudieron con entusiasmo al orador. Fue una sorpresa para mí. Algo así es completamente incomprensible para un judío… ¡y con qué interés esos auténticos estadounidenses escuchaban a un judío hablar sobre los problemas de los judíos!’’, escribió Singer.
Las crónicas también pasan del relato de viajes a la comedia y al testimonio político. Uno de los textos más destacados de la colección relata un acto nazi en el Madison Square Garden, un artículo que los críticos italianos destacaron en un país con su propio pasado fascista y su alianza con la Alemania nazi durante la guerra.
‘‘Cada vez que se mencionaba a los judíos, la multitud rugía como bestias sedientas de sangre. Aquella sala apestaba a un odio medieval y a una sed de sangre dirigida contra todo lo honorable, justo y humano’’, agregó Singer.
Norich señaló que el periodismo y la ficción de Singer no pueden separarse fácilmente. Relataba lo que veía, pero también convertía a las personas que conocía en personajes.
Benella describió el humor de Singer como contenido: ‘‘Nunca te hace estallar de risa; se acerca más a una forma de análisis, una especie de burla sutil que muestra la realidad y se ríe de ella, pero no para disminuirla o menospreciarla’’.
Norich, quien estudió y tradujo a Singer durante décadas, editó recientemente una colección de tres volúmenes de su obra en inglés para la editorial israelí Koren. La colección no incluye las crónicas estadounidenses.
‘‘Creo que los lectores están respondiendo a algo que sucede ahora en nuestro propio mundo. El antisemitismo y la situación de los judíos en Europa son un tema constante en su obra’’, aseveró Norich.
Los lectores responden al ‘‘honesto sentido de incertidumbre’’ de Singer, explicó, sobre ‘‘todas estas panaceas, todas estas curas, todas estas convicciones que no se escuchan entre sí’’. Su obra vuelve una y otra vez sobre ‘‘las discusiones judías, el mesianismo político y religioso y las divisiones de la vida comunitaria. Como dijo Singer: ‘Tengo el diagnóstico, pero no la cura’’’.
Casi un siglo después de que Singer utilizara su perspectiva europea para interpretar Estados Unidos para los inmigrantes de habla ídish, la traducción italiana agrega otra capa de distancia: la vida judía estadounidense vuelve a los lectores contemporáneos a través del yidis y el italiano.
‘‘La señal de un gran escritor es que está profundamente arraigado en su propio mundo, pero habla a otros mundos y otras épocas’’, concluyó Norich.
Fuente: The Times of Israel – Jewish Telegraphic Agency

