Itongadol/Agencia AJN.- El embajador retirado Danny Carmon hizo un repaso por las relaciones históricas entre la Argentina e Israel, con especial hincapié en temas álgidos vinculados con los atentados: los informes del Mossad, la «conexión local», el Memorándum y la muerte del fiscal Alberto Nisman, entre otros:
«En la víspera de la final del Mundial de fútbol entre Argentina y España la semana pasada, Benjamín Netanyahu y varios de sus ministros intentaron aprovechar la simpatía israelí por la Selección de Lio Messi y publicaron falsas muestras de apoyo a Argentina. Los ridículos videos en redes sociales, incluyendo los de ministros que claramente desconocen el deporte, palidecieron en comparación con el apoyo popular a la Selección, que no disminuyó siquiera después de la dolorosa derrota.
Por el contrario, al otro lado del mar se difundió en redes sociales un video con una colección de infracciones de jugadores de la Selección Argentina con la canción “Hava Nagila” de fondo. El mensaje era claro: todo lo supuestamente malo de la Selección Argentina estaba relacionado con los judíos. Como en el pasado, no faltaron las teorías conspirativas antisemitas sobre la supuesta relación entre la corrupta FIFA, la Asociación (del Fútbol) Argentino, Israel/los judíos y “su gran dinero”.
Quienes odian a los judíos en la Argentina no necesitaron esperar al Mundial para desatar su odio. Según un informe de la DAIA, la organización que agrupa a las organizaciones judías de ese país, en 2025 se registraron 713 incidentes antisemitas en todo el país, un aumento de casi el 4% con respecto al año anterior. Si bien la mayoría fueron incidentes en las redes sociales de Internet, no deben tomarse a la ligera.
Y a pesar de ello, las relaciones entre la Argentina e Israel se encuentran actualmente en su mejor momento. El presidente Javier Milei es un verdadero amigo de Israel y la comunidad judeoargentina y sus declaraciones no se reducen a mera retórica. Su visita oficial a Israel en plena guerra, uno de los pocos en el mundo que accedió a venir incluso arriesgando su seguridad personal y mientras la posición de Israel a nivel internacional estaba en su punto más bajo, atestiguó un apoyo real. Su intención de trasladar la embajada a Jerusalem y sus declaraciones públicas sobre su profunda conexión con el judaísmo y la Biblia representan un cambio de paradigma total en la política exterior de la Argentina.
Para comprender el significado de las actuales relaciones cordiales es necesario recordar que la historia de Israel, los judíos y la Argentina estuvo plagada de dificultades en muchos momentos. La Argentina se abstuvo en la votación fundacional del 29 de noviembre de 1947 y aunque fue uno de los primeros países latinoamericanos en reconocer a Israel en 1949, les dio refugio a criminales de guerra nazis después de la Segunda Guerra Mundial, en particular a Adolf Eichmann, quien fue capturado por Israel en su territorio, lo que generó una grave crisis entre ambos países. Durante los años de la dictadura de la Junta Militar, miles de judíos fueron detenidos y desaparecidos. Y en un giro radical, en la década de 1980 Israel le suministró armas a la Argentina, ayudándola así en su guerra contra Gran Bretaña.

Los hitos más decisivos, sangrientos y difíciles en las relaciones entre ambos países se produjeron en la década de 1990, durante mi etapa como cónsul de Israel en la Argentina: el atentado a la Embajada de Israel en 1992 y la explosión en el edificio de la comunidad judía (AMIA) en 1994. Los atentados le asestaron un golpe estratégico a Israel y su sede en la Argentina no se ha restablecido hasta el día de hoy. Israel se vio entonces obligado a trasladar su sede oficial del imponente edificio «La Casa de Israel», ubicado en un barrio prestigioso, a un edificio de oficinas que alberga a bancos y compañías de seguros. Como la persona que se vio obligada a firmar en nombre del Estado de Israel la venta del terreno donde se ubicaba la misión, a menudo me he preguntado qué habría sucedido si los iraníes hubiesen comprado el terreno para una embajada iraní o palestina. Desde su perspectiva, habría sido percibido como una victoria completa.
Los dos ataques terroristas mortales tuvieron las mismas huellas digitales: Irán como ideólogo y financiador y Hezbollah como brazo ejecutor. En Israel, la investigación de esos ataques concluyó hace tiempo con resultados claros e inequívocos. La inteligencia israelí descifró el mecanismo, identificó la cadena de mando y demostró cómo operaban las redes terroristas chiitas. Los gobiernos argentinos no hicieron ningún esfuerzo por descubrir la verdad, ni sabían cómo hacerlo. Sin embargo, hacia el final del mandato del presidente Alberto Fernández y tras recibir de Israel los informes de inteligencia, se observó un avance en el tratamiento oficial de las investigaciones, una tendencia que se ha acelerado desde que Milei asumió el cargo.
Como se reveló posteriormente, los resultados de la investigación israelí eran sólidos y conocidos, pero muchos se negaron a aceptar que las investigaciones hubieran concluido y ya se supiera todo. Se intentó repetidamente separar ambos a atentados: uno como una expresión de «crítica a Israel», aparentemente justificada, y el otro como una expresión de «antisemitismo común» contra una organización local, y por lo tanto, inaceptable. Cabe destacar: ambos atentados terroristas tuvieron su origen en la misma fuente, aunque hasta el día de hoy haya quienes prefieran mantener el asunto como una «investigación abierta». La negativa a asimilar la verdad de la inteligencia israelí se debió a que los atentados se convirtieron en un asunto político interno en la Argentina. La lucha por la «conexión local» sirvió durante años como herramienta de confrontación entre partidos, e incluso provocó tragedias nacionales, sobre todo el asesinato del fiscal especial Alberto Nisman en vísperas de presentar graves acusaciones en el Parlamento contra el gobierno por encubrimiento de la participación iraní en 2015.
Convertir las tragedias en una controversia política preservó el mito de la «investigación abierta». Pero la investigación no está abierta e ignorar sus conclusiones beneficia a quienes odian a Israel. Solo con una visión integral de los hechos y la comprensión de que se trata de una campaña del eje iraní será posible extraer lecciones reales, recordar debidamente a las víctimas y frustrar futuros atentados.
El actual gobierno en Buenos Aires no teme afrontar la realidad y se suma en la práctica al frente contra los propagadores del terrorismo global. El memorando de entendimiento con Israel para la lucha contra el terrorismo y la cooperación estratégica es un reflejo del escandaloso memorando firmado con iniciales en 2013 entre Argentina e Irán, que pretendía ocultar la responsabilidad del régimen de los ayatolás en los atentados.
La relación entre Israel y la Argentina es profunda y de larga data, más allá de unas cuantas fotos de ministros con camisetas de la Selección, y continuará incluso después de que Messi cuelgue los botines. El reconocimiento oficial de la verdad histórica por parte del gobierno de Milei no es solo por la memoria y para hacer justicia en el pasado. Es una herramienta disuasoria crucial para el presente y el futuro.
Solo una cooperación política y de inteligencia abierta y valiente, incluso con otros países del continente y de otras regiones, basada en la comprensión de que los dos atentados fueron el tiro de partida de una campaña global, permitirá prevenir la próxima tragedia.»
* Se desempeñó, entre otros cargos, como jefe de la División de Coordinación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel.
Fuente: Haaretz.

