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Medios israelíes reflejan el cambio de rumbo político en Sudamérica

Por Gustavo Beron
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Itongadol/Agencia AJN.- Ocurrió casi al mismo tiempo, en dos países distintos, y terminó de consolidar lo que hasta hace poco parecía una serie de victorias aisladas: Sudamérica atraviesa un marcado giro político hacia la derecha.

La semana pasada, Colombia confirmó la ajustada victoria del candidato conservador Abelardo de la Espriella, quien hizo campaña con promesas de mano dura contra el crimen y un fuerte distanciamiento del gobierno izquierdista de Gustavo Petro. Días después, Perú oficializó el triunfo de Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, tras una de las elecciones más reñidas de su historia reciente.

Ambos resultados se suman a los triunfos de fuerzas de derecha o centroderecha en Argentina, Ecuador, Chile y Bolivia, configurando un mapa político muy distinto al que predominaba pocos años atrás.

No hace mucho tiempo, la región hablaba del regreso de la llamada “marea rosa”, con gobiernos de izquierda llegando al poder en varios de los principales países del continente. Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Gabriel Boric en Chile, Gustavo Petro en Colombia, Alberto Fernández en Argentina y Luis Arce en Bolivia parecían confirmar el retorno de un ciclo progresista tras los gobiernos de Jair Bolsonaro, Mauricio Macri y otros líderes conservadores.

Sin embargo, en pocos años el escenario cambió de manera significativa. Cada vez más votantes optan por candidatos conservadores, libertarios, populistas de derecha o figuras antisistema, atraídos principalmente por promesas de combatir la inseguridad, reactivar economías estancadas y enfrentar a las élites políticas tradicionales.

Aunque el fenómeno no es uniforme y la derecha adopta características diferentes en cada país, existe un denominador común: una creciente percepción de que los gobiernos no han logrado garantizar seguridad, estabilidad económica ni confianza en las instituciones.

Argentina: Milei y el símbolo de la motosierra

El cambio comenzó, al menos simbólicamente, en Argentina.

Javier Milei fue elegido presidente en noviembre de 2023 tras prometer “dinamitar” el sistema político tradicional. Su campaña, marcada por discursos antisocialistas, una fuerte defensa del libre mercado y una retórica confrontativa, convirtió a la motosierra —símbolo de los recortes del gasto público— en una imagen adoptada luego por otros dirigentes de la región.

Para muchos observadores, Milei demostró que los candidatos podían triunfar precisamente gracias a su discurso radical, canalizando el enojo social contra la clase política.

Su fuerza política consolidó además posiciones en las elecciones legislativas de 2025, ampliando su representación parlamentaria y fortaleciendo su margen de maniobra.

Sin embargo, Argentina también muestra los límites del fenómeno. Milei enfrenta un desgaste progresivo por los costos sociales de las políticas de ajuste y por denuncias de corrupción que comenzaron a erosionar parte de su imagen antisistema.

Chile: el regreso del discurso de orden

Chile protagonizó uno de los cambios más abruptos.

Tras la llegada al poder de Gabriel Boric en 2021, el país parecía convertirse en uno de los emblemas de la nueva izquierda latinoamericana. Sin embargo, en 2025 el conservador José Antonio Kast obtuvo una contundente victoria presidencial con cerca del 58% de los votos.

Su campaña se centró en dos temas dominantes: seguridad e inmigración.

El aumento de la criminalidad y la llegada masiva de inmigrantes, especialmente venezolanos, transformaron el debate político chileno y permitieron a Kast presentarse como el candidato del orden frente a un gobierno identificado con reformas sociales que no lograron cumplir las expectativas de gran parte de la población.

Colombia: el fin del experimento de Petro

Colombia hizo historia en 2022 al elegir por primera vez a un presidente de izquierda. Cuatro años después, el país volvió a girar.

Abelardo de la Espriella derrotó por estrecho margen al senador izquierdista Iván Cepeda y prometió reforzar la lucha contra el crimen organizado, ampliar el papel de las Fuerzas Armadas y revertir aspectos centrales de la estrategia de “Paz Total” impulsada por Petro.

Su victoria fue interpretada como un respaldo a una agenda centrada en la seguridad, un tema especialmente sensible en un país marcado durante décadas por la violencia de guerrillas, narcotráfico y grupos armados.

Perú: el regreso del fujimorismo

Perú confirmó esta semana el regreso del apellido Fujimori al poder.

Keiko Fujimori fue declarada vencedora con apenas el 50,135% de los votos, superando por una diferencia mínima al candidato de izquierda Roberto Sánchez.

Aunque la victoria representa un avance para la derecha peruana, también refleja una profunda polarización política. Desde 2016, nueve presidentes dejaron el cargo por renuncias, destituciones o crisis políticas, y el país continúa enfrentando una fuerte inestabilidad institucional.

Ecuador: la seguridad como principal bandera

En Ecuador, el ascenso de la derecha estuvo impulsado principalmente por la inseguridad.

Daniel Noboa logró la reelección tras convertir la lucha contra el narcotráfico y las bandas criminales en el eje de su gestión. Estados de emergencia, despliegue militar y endurecimiento de las penas se transformaron en pilares de su estrategia política.

Aunque organizaciones de derechos humanos expresaron preocupación por posibles abusos, el discurso de guerra contra el crimen le permitió consolidar un amplio respaldo electoral.

Bolivia: el declive del MAS

Bolivia ofrece uno de los ejemplos más claros del retroceso de la izquierda tradicional.

Tras casi dos décadas de predominio del Movimiento al Socialismo (MAS), la fuerza asociada a Evo Morales y Luis Arce quedó fuera de la segunda vuelta presidencial.

La profunda crisis económica, los problemas de abastecimiento y la feroz disputa interna entre Morales y Arce debilitaron al partido gobernante y facilitaron el triunfo del centrista Rodrigo Paz.

Paraguay: una excepción particular

Paraguay representa un caso diferente.

A diferencia de otros países, la derecha nunca abandonó realmente el poder. El presidente Santiago Peña, del histórico Partido Colorado, ganó en 2023 y mantiene la continuidad de una tradición conservadora que domina gran parte de la política paraguaya desde hace décadas.

Brasil: la gran batalla pendiente

Brasil sigue siendo la principal incógnita regional.

Luiz Inácio Lula da Silva intentará mantenerse en el poder en las elecciones presidenciales de octubre frente a una derecha que busca reorganizarse en torno a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

Aunque las encuestas siguen favoreciendo a Lula, la campaña ya muestra varios de los elementos presentes en otros países de la región: promesas de endurecimiento de las políticas de seguridad, combate al crimen organizado y críticas al establishment político.

Una eventual derrota de Lula tendría un impacto regional mucho mayor que los recientes cambios ocurridos en Chile o Bolivia, ya que significaría el regreso del bolsonarismo al gobierno de la mayor economía de América Latina.

Uruguay y Venezuela: dos excepciones que explican el fenómeno

Uruguay demuestra que el giro a la derecha no es uniforme. En 2024, el candidato de centroizquierda Yamandú Orsi devolvió al Frente Amplio al poder.

Esto sugiere que muchos votantes no están necesariamente abrazando una ideología conservadora, sino castigando a quienes consideran responsables de los problemas actuales.

Por otro lado, Venezuela se convirtió en el principal ejemplo utilizado por los candidatos de derecha de toda la región.

La crisis económica, la emigración masiva y el colapso institucional son utilizados recurrentemente como advertencia sobre los riesgos de determinados modelos políticos. Para dirigentes como Milei, Kast, Fujimori o De la Espriella, el temor a una “venezolanización” de sus países se transformó en un poderoso argumento electoral.

Un fenómeno impulsado por el descontento

El avance de la derecha en Sudamérica no garantiza estabilidad ni representa necesariamente una revolución ideológica profunda.

En muchos casos, se trata más bien de un voto de protesta contra la inseguridad, la inflación, la corrupción y el deterioro económico.

Los mismos votantes que hoy respaldan a líderes conservadores podrían castigarlos rápidamente si no logran cumplir sus promesas.

Aun así, el panorama actual es claro: la derecha atraviesa su momento más fuerte en años en gran parte de Sudamérica, impulsada por una demanda creciente de orden, seguridad y resultados concretos.

Fuente: Ynet

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