Itongadol/Agencia AJN.- Desde el 7 de octubre, los judíos de todo el mundo se han convertido en objetivos simplemente por ser judíos y sionistas. Vivo en un suburbio de Ohio y, aun allí, veo una realidad que nunca creí que tendría que experimentar. Como presidenta de Hadassah, la mayor organización femenina sionista de Estados Unidos, tuve que cambiar las cerraduras de mi casa, instalar medidas de seguridad adicionales y soportar cartas de odio entregadas en mi propia puerta.
Esas cartas son perturbadoras. Lo verdaderamente aterrador es que personas motivadas por el odio saben quién soy, dónde vivo y podrían intentar hacerme daño.
El aumento del antisemitismo me obliga a pensarlo dos veces antes de subir sola a un taxi. En un hotel de París me pidieron que no hablara hebreo para no convertirme en un blanco. Acepté de inmediato. Para muchas personas, el simple hecho de ser judía y apoyar a Israel basta para convertirme en un objetivo.
Recientemente, durante una visita al Capitolio en Washington, yo y otras integrantes de Hadassah fuimos acosadas por activistas propalestinos que nos gritaron, insultaron y acusaron de cometer crímenes atroces. No estábamos protestando ni buscando confrontación alguna. Estábamos sentadas comiendo.
Mi historia es apenas una pequeña parte de una realidad mucho más amplia desde el 7 de octubre. El precio más alto de las guerras se paga en Israel, por las familias en duelo, los soldados, los heridos y los civiles. Sin embargo, es importante comprender que, a miles de kilómetros de Israel, la guerra también cambió la vida de millones de judíos.
Conozco judíos que ocultan símbolos de su identidad, estudiantes que tienen miedo de hablar hebreo en los campus universitarios, dirigentes comunitarios que temen expresar públicamente su apoyo a Israel y familias obligadas a hacerse preguntas que nunca antes se habían planteado, como si Estados Unidos sigue siendo un lugar seguro para los judíos.
El antisemitismo no es un fenómeno marginal. Es una realidad cotidiana y peligrosa para los judíos de todo el mundo.
A pesar de mi exposición pública, sigo asistiendo a manifestaciones, reuniéndome con responsables políticos y participando en medios de comunicación. Seguiré apoyando a Israel incluso cuando hacerlo sea más difícil, menos popular y, en ocasiones, peligroso.
En Israel no siempre se comprende lo que significa ser judío en la Diáspora y apoyar al Estado de Israel. Luchamos por Israel incluso cuando ello implica un alto costo personal y de seguridad. Durante años existió un debate sobre la relación entre Israel y las comunidades judías de la Diáspora. Políticos, figuras públicas y analistas hablaban de una creciente distancia, de diferencias de visión y de generaciones más jóvenes menos vinculadas a Israel.
Sin embargo, algo que demostraron el 7 de octubre y las guerras que siguieron es que el vínculo entre Israel y la Diáspora es inquebrantable. Cuando la guerra estalló en Israel, afectó a los judíos mucho más allá de sus fronteras.
El antisemitismo no es solamente un problema de los judíos de la Diáspora. Es un desafío internacional para todo el pueblo judío.
Cuando un judío tiene miedo de usar una Estrella de David, cuando un estudiante judío teme identificarse como partidario de Israel, cuando los líderes comunitarios se ven obligados a vivir bajo medidas de seguridad y cuando todo esto comienza a parecer normal, ya no se trata únicamente de un problema de la Diáspora. También es un problema para el Estado de Israel.
Esto se debe a que el antisemitismo actual no está dirigido únicamente contra los judíos. También apunta contra la legitimidad misma del Estado de Israel y contra quienes lo apoyan.
Israel debe liderar, junto con las comunidades judías de la Diáspora, una amplia lucha global contra el antisemitismo, entendiendo que compartimos el mismo frente y el mismo destino. No basta con reaccionar después de que ocurren los hechos. Debemos actuar de forma proactiva e invertir en educación, diplomacia pública y alianzas internacionales.
Durante años se habló de lo que separaba a Israel de los judíos de la Diáspora. Desde el 7 de octubre, la conversación pasó a centrarse en lo que nos une. Y aunque a veces parece que el antisemitismo es lo que nos mantiene conectados, en realidad estamos unidos por algo mucho más positivo y poderoso: la certeza de que somos un solo pueblo.
Por eso los judíos de la Diáspora deben seguir apoyando a Israel, e Israel debe seguir apoyando a los judíos de la Diáspora.
Autora: Carol Ann Schwartz
Fuente: Ynet

