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Entrevista a Shlomo Gatenio, el argentino que desde hace 10 años ayuda a la gente que va a rezar al Kotel

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Itongadol/Agencia AJN (Por Daniel Berliner, desde Israel).- Hace casi diez años que el argentino Shlomo Gatenio ayuda a la gente que va a rezar al Kotel (Muro de los Lamentos) desde un pequeño puesto de Jabad Lubavitch al que miles de personas se acercan para ponerse tefilín (filacterias, cajitas de cuero que guardan pasajes de las Escrituras hebreas que se colocan en la cabeza y un brazo) o el talit (manto ritual).

Desde un mirador, tiene el privilegio de observar a la gente que concurre al lugar más sagrado para el mundo judío para agradecer, pedir y, fundamentalmente, conectarse con D’s.

ItonGadol mantuvo una entrevista con Shlomo para conocer detalles de esta especial tarea en «el centro del mundo» porque «todos están mirando para acá, a Jerusalem», como él mismo resume..

– Después de tantos años, ¿cómo resulta recibir a la gente?

– Yo siempre digo que tengo el privilegio, aparte de la santidad del lugar, de estar como en un lugar con una pantalla gigante y ver almas que vienen. Yo veo la reacción de diferentes personas, de diferentes partes del mundo, judíos, no judíos, en este lugar tan especial, todo frente a mí. Uno nunca se adapta, nunca se acostumbra a eso. Está la gente que viene siempre y otra gente que viene una vez por año, una vez cada dos años, y yo les digo “¿vos cuándo estuviste la última vez?”. Y es un ciclo así muchas veces. Es algo muy especial. Y en cada época, en cada momento del año, en cada etapa que Israel pasa, se vive diferente también.

–¿Por qué cada época se vive diferente?

–Por ejemplo, con la guerra que hubo con Gaza, se vivió de una manera; con la guerra con Irán se vivió de otra manera. Cómo reacciona la gente, padres, hijos, soldados, vienen tristes, vienen felices, soldados vienen a agradecer que salieron vivos del frente de guerra, vienen a rezar por algún amigo que cayó en la guerra, vienen padres para rezar para que los hijos vuelvan sanos y salvos, vienen familias fortalecidas porque es lo que los mantiene, viene gente no religiosa a rezar, a hacer grupos de rezo, de fortalecer la fe, y uno todo eso lo ve en primera fila.

–¿Cómo fue la época de los rehenes?

–Todo el tiempo hubo actos y actividdes. Se hizo al lado de un edificio, enfrente del Kotel, un stand de velas, porque acá no se permite prender velas por seguridad, se hizo un lugar fijo con las fotos de los secuestrados, de los caídos, y al lado un lugar para pedir por los que estaban secuestrados. Habían fotos afuera, habían lugares de rezo diario con los nombres, fue muy fuerte.

–Se dice que toda la Kedushá, la santidad del planeta está aquí. 

-Siempre que viene alguien de New York, le digo, ¿de dónde sos? ¿sabés que New York no es el centro del mundo? Acá es el centro del mundo, están todos mirando para acá, de todo el mundo, está todo el mundo mirando para Jerusalem, este es el centro del mundo.

–¿En qué momento estamos ahora?

–Estamos un segundo antes de la venida del Mashiaj (Mesías). Y en el lugar correcto. Estamos en un tiempo alegre, después de momentos duros, de la guerra, de Irán, de destrucciones, los niños están muy estresados, y de repente, con solución, sin solución, es discutible, pero es un momento de más de relajación. De un día para el otro se dice, hay un acuerdo o no, ni siquiera está claro, pero al otro día es como si fuera que pasaron meses. Está todo 100% normal, conciertos, partidos de fútbol, todo normal, y yo siento que, por diferentes cosas que pasaron en los últimos años, la gente está fortalecida en fe, está más fuerte, es algo interesante eso. Los momentos duros, al final, esperemos que sea a través de la alegría, la gente se fortalece, la gente se une.

–Hace tres años que en Shabat veo una cuestión multitudinaria, hubo un cambio, realmente no se puede fotografiar, pero la gente, por el pasillo hasta arriba, no hay un espacio. ¿Hay necesidad de conectar?

–Sí, a mí me pasó que, después de que terminó todo lo de Gaza, ya estábamos acostumbrados a que vengan soldados a decir la bendición, que están vivos, que salieron del frente, que vienen familias a agradecer, o a rezar por gente caída, fallecida. Pero ya había pasado un tiempo, y de repente vinieron dos personas, yo veo que están en la entrada del Kotel, veo que son israelíes, me voy acercando un poco, los veo como que no saben ni cómo entrar, parecían turistas, pero eran israelíes. Me acerco muy delicadamente, sin molestar, y les pregunto, ¿los ayudo? ¿Quieren poner tefilín? No, no, tefilín, no. A veces también es ayudar a las personas como rezar. Nos dicen, “mirá, nosotros somos de los asentamientos de al lado de la Franja de Gaza, vimos muchos vecinos morir, vimos cosas feas, huimos, y nosotros siempre estuvimos del lado de la izquierda, no creemos mucho en D’s, no creemos en la religión”. Y vimos que hay una moda, que toda la gente que se salvó, viene y le dice una bendición, porque están vivos, se salvaron, en lugares donde hubo peligro de vida real. Y la gente venía y rezaba. Ellos decían “nosotros no somos religiosos, pero no hay nada que perder, vamos a hacer la bendición”. Los llevé adentro, en el medio de un Minián (quórum de diez hombres necesario para rezar ciertas plegarias), dije, estas personas arriesgaron sus vidas, dijeron la bendición, y fue muy emocionante, me dieron un abrazo. Uno de ellos después se quiso poner tefilín, el otro todavía no, pero le dije, tranquilo, es un proceso, cada uno tiene su proceso. El punto no es acercar a gente, sino que el Kótel lo único que hace es aflorar y revelar la esencia tuya. Cuando viene el judío, acá viene a su casa. Siempre le decimos, bienvenido a casa. Es solamente revelar lo que ya está adentro.

–¿Estás feliz de hacer lo que haces?  

-Seguro. No es fácil estar de pie entre 8 y 10 horas. Como dice la Torá, cuando uno tiene una cosa, quiere la otra. En invierno quiero verano, en verano quiero invierno. Es difícil, pero es un privilegio y se aprende de cada uno y uno se vuelve a emocionar una y otra vez.

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