París / Roma. – «Las Naciones Unidas deben desempeñar un papel central en la crisis iraquí desde ahora.» El ministro francés de Exteriores, Dominique de Villepin, insistió ayer en reclamar el protagonismo de la ONU en la reconstrucción política y económica de Iraq al término de la guerra. Para el jefe de la diplomacia francesa, el papel de la ONU, ceñido inicialmente a misiones humanitarias, debería materializarse una vez estabilizada la situación a cargo de las propias fuerzas de la coalición anglo-norteamericana. En cuanto a la administración y reconstrucción del país, existen fuertes discrepancias sobre el papel de la ONU y su cobertura legal a través de una resolución del Consejo de Seguridad.
Esta posición, compartida in situ por los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y Rusia, Joschka Fischer e Igor Ivanov, contrasta con el visible celo de Estados Unidos por controlar y asumir el papel principal del proceso, pese a las vagas declaraciones de Colin Powell durante su encuentro de la víspera con los ministros de Exteriores de la UE en Bruselas. El secretario de Estado norteamericano se limitó anteayer a sugerir una «colaboración» con la ONU, así como un cierto papel de la OTAN en el mantenimiento de la seguridad en Iraq tras el final de las operaciones militares. Por ahora, sin embargo, los contactos sobre ambas cuestiones son puramente exploratorios y las diferencias son perceptibles. Como es sabido, Francia se opone a cualquier resolución que pueda legitimar a posteriori la intervención militar promovida por Estados Unidos.
«Uno o varios países pueden perfectamente ganar solos la guerra, pero nadie puede esperar ganar la paz en solitario», dijo una vez más el jefe de la diplomacia francesa, de nuevo al frente de la triple alianza formada en el último tramo de la gran batalla diplomática con Washington. Esta vez, De Villepin abogó por el realismo y apeló a un «espíritu de apertura y pragmatismo». «En la fase actual de ‘securización’, la primera responsabilidad atañe a las fuerzas de la coalición, pero las Naciones Unidas deben tener un papel central en la solución de la crisis», dijo el ministro, quien insistió en la necesidad de «tener en cuenta la realidad iraquí en toda su complejidad». Los tres ministros coincidieron en señalar como puntos esenciales del nuevo escenario posterior al conflicto bélico el mantenimiento de la integridad territorial de Iraq, el restablecimiento de su soberanía y la estabilización de toda la región, con una alusión explícita a la solución del conflicto palestino-israelí.
Al término de su encuentro en el Quai d’Orsay, los tres ministros expresaron su «viva inquietud por la situación de urgencia humanitaria» existente en Iraq y la necesidad de que la ONU intervenga de inmediato para paliar el problema. Sin embargo, su comparecencia conjunta parecía obedecer más a la preocupación de Francia, Alemania y Rusia ante la presión de los «halcones» de Washington para excluir sin miramientos a los tres países del proceso de reconstrucción al término de la guerra. «La idea de que Iraq pueda ser un pastel o un Eldorado a repartirse entre los estados va contra el buen sentido y contra la realidad del propio pueblo iraquí, que está sometido a una enorme prueba», declaró De Villepin.
Horas más tarde, la guerra y la imperiosa necesidad de abreviar los padecimientos de la población civil, así como la defensa de que sean los propios iraquíes los principales artífices de la reconstrucción de su país, fueron los aspectos principales abordados por De Villepin y el Papa, que recibió al ministro francés en el Vaticano. También auspiciaron una «rápida solución» al conflicto entre Israel y Palestina mediante la fórmula de una coexistencia entre dos estados soberanos como condición «indispensable» para alcanzar la paz en Oriente Medio, según un comunicado del director de la oficina de prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls. El ministro francés se entrevistó después con el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, y el ministro de Asuntos Exteriores de la Santa Sede, Jean-Louis Tauran. Con el coloquio mantenido por Juan Pablo II con De Villepin, la diplomacia vaticana reemprende la serie de encuentros de alto nivel tras el estallido de la guerra en Iraq, guerra que el Pontífice intentó conjurar por todos los medios.
El ministro francés mantuvo también un largo encuentro con su colega italiano, Franco Frattini, el primero después de una serie de circunstancias negativas en la relación bilateral. Ambos estuvieron de acuerdo en que sea garantizada la integridad de Iraq al término de la guerra, para lo cual es imprescindible garantizar la soberanía de la ONU. Y coincidieron en señalar que las relaciones entre Italia y Francia son «excelentes» y no se puede concebir una Europa sin los países.La Vanguardia

