Itongadol/Agencia AJN.- Más de 200 oficiales y altos cargos del régimen de Bashar al-Assad encontraron refugio en Líbano, en zonas de mayoría alauita —principalmente en el norte del país, como partes de la gobernación de Akkar— y en bastiones de Hezbollah.
La medida provocó una fuerte tensión diplomática y de seguridad entre el nuevo gobierno en Damasco y Beirut.
¿Qué hay detrás?
Huida tras la caída del régimen: los oficiales y sus familias escaparon de Siria tras el colapso del régimen de Assad y el temor a represalias, arrestos administrativos y asesinatos por parte de las fuerzas que actualmente controlan el país.
Red de protección de Hezbollah: dado que Hezbollah combatió junto al régimen de Assad durante años, la organización brinda a estos oficiales protección física, apartamentos ocultos y financiación en algunas zonas, con el objetivo de preservar activos y conexiones de inteligencia.
Exigencia de extradición desde Damasco: las nuevas autoridades sirias se dirigieron oficialmente a los organismos de seguridad libaneses exigiendo arrestar y extraditar a los oficiales exiliados, alegando que son buscados por crímenes, corrupción o intentos de subversión.
¿Qué oficiales y figuras destacadas permanecen o permanecieron en el Líbano?
Según informes de inteligencia e investigaciones internacionales, entre ellas una investigación de Reuters, las figuras destacadas que cruzaron la frontera o fueron vinculadas a la red de refugio en el Líbano incluyen:
Ali Ayyoub
Ali Abbas
Qahtan Khalil, conocido por su participación en la represión violenta durante la guerra civil siria.
Abdul Karim Ibrahim
Figuras cercanas a las familias Makhlouf y Hassan, consideradas piezas clave del aparato económico y de seguridad del antiguo régimen.
Ali Mamlouk, considerado el número tres del régimen de Assad y antiguo jefe de los servicios de seguridad.
¿Cuál es la reacción del gobierno libanés?
Embarazo político y negación oficial: el presidente libanés Joseph Aoun declaró que la inteligencia militar y los organismos de seguridad realizaron amplias redadas en el norte y este del país, pero afirmó que no se encontraron pruebas concluyentes de la presencia de altos oficiales vinculados a la dictadura de Assad.
Presión política interna: el viceprimer ministro Tarek Mitri pidió públicamente a los organismos de seguridad verificar los informes y actuar contra elementos que operan desde el Líbano y amenazan la estabilidad de Siria o del propio Líbano.
Ausencia de órdenes internacionales de arresto: fuentes judiciales libanesas señalaron que Siria no presentó una solicitud formal y organizada de extradición a través de los ministerios de Justicia y Exteriores, y que tampoco existen órdenes de captura de Interpol transferidas a Beirut contra estas figuras, lo que impide acciones legales inmediatas.
¿Qué hacen actualmente?
Financiación y creación de milicias: parte de los oficiales exiliados utiliza fondos sacados clandestinamente de Siria para financiar y crear células armadas y milicias alauitas locales dentro del Líbano, como fuerza defensiva frente a influencias sunitas o amenazas externas.
Actividad clandestina “bajo el radar”: debido al doble temor —a redadas del ejército libanés y a asesinatos por parte de opositores a Assad— la mayoría mantiene un perfil extremadamente bajo, limita sus movimientos y depende completamente del aparato de seguridad de Hezbollah.
Eje de tensión con Damasco: esta actividad ya genera consecuencias sobre el terreno; recientemente las autoridades sirias revelaron una red secreta vinculada a Hezbollah y al Líbano que planeaba asesinar a altos funcionarios del nuevo gobierno sirio, reforzando las sospechas en Damasco de que los oficiales refugiados en el Líbano participan en intentos de subversión contra el nuevo régimen.
Apoyo a Hezbollah e Irán para preservar sus mecanismos de influencia y control dentro del país.

