Itongadol/Agencia AJN.- La planificación militar de Estados Unidos contra Irán entró en una fase avanzada e incluye opciones que van desde ataques selectivos contra individuos hasta un eventual intento de cambio de régimen en Teherán, si así lo ordena el presidente Donald Trump, según informaron dos funcionarios estadounidenses a Reuters.
Las fuentes, que hablaron bajo condición de anonimato debido a la sensibilidad de las deliberaciones, señalaron que el Pentágono elaboró planes detallados que contemplan ataques contra instalaciones de seguridad iraníes y contra infraestructura nuclear. La posibilidad de apuntar directamente contra altos mandos forma parte de una planificación más ambiciosa que la conocida hasta ahora.
Durante su primer mandato, Trump ya demostró disposición a ordenar operaciones de eliminación selectiva. En 2020 autorizó el ataque que eliminó al general iraní Qassem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds, el brazo exterior del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).
En 2019, la administración Trump designó formalmente al Islamic Revolutionary Guard Corps como organización terrorista extranjera, la primera vez que Washington aplicó esa calificación a una fuerza militar oficial de otro país.

Uno de los funcionarios consultados destacó que el conflicto de 12 días entre Israel e Irán el año pasado demostró la eficacia de los ataques contra figuras clave del mando iraní. Según fuentes regionales citadas en su momento, al menos 20 altos comandantes murieron, incluido el jefe del Estado Mayor iraní, Mohammad Bagheri. “Mostró la utilidad de ese enfoque”, afirmó el funcionario, en referencia a la focalización sobre estructuras de comando y control.
No obstante, advirtió que este tipo de operaciones requieren inteligencia extremadamente precisa para identificar la ubicación exacta de los objetivos y minimizar daños colaterales.
Despliegue militar y advertencias cruzadas
Trump ha concentrado un importante poder militar en Medio Oriente. Gran parte de las capacidades de combate se encuentran a bordo de buques de guerra y aviones de combate, aunque cualquier campaña aérea podría contar también con bombarderos estratégicos basados en territorio estadounidense.
En paralelo, el presidente ha mencionado públicamente la posibilidad de un cambio de régimen en la República Islámica, señalando que “parece que sería lo mejor que podría pasar”. Sin embargo, no precisó quién podría reemplazar al actual liderazgo iraní.
Irán, por su parte, advirtió que responderá de manera “decisiva y proporcional” ante cualquier agresión. En una carta dirigida al secretario general de la ONU, António Guterres, Teherán afirmó que no iniciará una guerra, pero ejercerá su derecho a la autodefensa si es atacado.
El IRGC también amenazó con represalias contra bases militares estadounidenses en la región. Estados Unidos mantiene instalaciones en Jordania, Kuwait, Arabia Saudita, Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Turquía, lo que amplía el riesgo de una escalada regional.
Riesgo energético y negociaciones abiertas
Las amenazas de Washington impulsaron el precio del petróleo, mientras que un buque de guerra ruso se sumó a ejercicios navales iraníes en el Golfo de Omán, una vía estratégica para el comercio energético global.
Teherán también ha advertido en el pasado que podría cerrar el Strait of Hormuz en caso de ataque, un paso por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
En el plano diplomático, negociadores iraníes y estadounidenses mantuvieron contactos recientes. El canciller iraní, Abbas Araqchi, afirmó que se acordaron “principios rectores”, aunque desde la Casa Blanca indicaron que persisten diferencias significativas.
Trump fijó un plazo de entre 10 y 15 días para evaluar si hay avances hacia un acuerdo nuclear. “No pueden tener un arma nuclear. Es muy simple”, declaró, al insistir en que la posesión de un arma atómica por parte de Irán haría imposible la estabilidad en Medio Oriente.
Funcionarios estadounidenses reconocen que esperan una respuesta militar iraní en caso de ataque, lo que eleva el riesgo de bajas estadounidenses y de un conflicto regional de mayor escala. El margen diplomático sigue abierto, pero el despliegue militar y las declaraciones cruzadas muestran que la crisis entró en una fase decisiva.

