Itongadol/Agencia AJN (Por Robert Satloff*/The Times of Israel).- Cuando el presidente (estadounidense, Donald) Trump se reunió con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por sexta vez este año, ambos líderes deberían haberse planteado una pregunta que creían ya resuelta: ¿quién ganó la guerra entre (la organización terrorista palestina) Hamás e Israel?
Cuando visitó Jerusalem en octubre, Trump proclamó vencedor a Israel: “Han ganado”, le dijo al Parlamento de Israel. Pero los líderes de Hamás calificaron a la guerra como un fracaso de Israel y una “victoria para la resistencia y la firmeza”. Y tres meses después del alto el fuego, la respuesta no es tan sencilla. Si bien los palestinos de Gaza sufrieron pérdidas terribles, el propio Hamás no perdió… Al menos, no todavía.
Eso está claro. De los cinco objetivos de guerra de Israel, esbozados por Netanyahu junto a Trump en la Casa Blanca el 29 de septiembre, solo dos se han logrado: el regreso casi milagroso de los rehenes supervivientes de Israel y el establecimiento de una extensa zona de seguridad de las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) dentro de Gaza para evitar otro ataque como el del 7 de Octubre. Israel no ha logrado ninguno de los otros tres objetivos de guerra y ninguno se vislumbra en el horizonte: el desarme de Hamás, la desmilitarización de Gaza y el establecimiento de una administración civil pacífica, liderada por palestinos, que gobierne toda Gaza.
Así que el escenario más probable a corto plazo para Gaza es que el mañana será muy parecido al hoy: la continuación de una situación ad hoc en la que tropas israelíes controlen poco más de la mitad de Gaza, con alrededor del 15 por ciento de la población, mientras que los restos de Hamás controlan una franja ligeramente más pequeña a lo largo de la costa mediterránea con alrededor del 85 por ciento de la población. Como declaró recientemente el jefe del Ejército israelí, la llamada «Línea Amarilla» que divide las dos zonas es «una nueva línea fronteriza».
En este contexto, no existen planes prácticos para que ningún ejército externo desarme a la aún potente fuerza de 20.000 hombres de Hamás, a pesar de que desarmar a Hamás es clave para la plena implementación del alto el fuego de 20 puntos de Trump. Los únicos dos candidatos realistas para esa ardua tarea son las tropas israelíes y la Policía palestina, y ninguna de las dos es una opción seria, al menos a corto plazo.
Es poco probable que un Israel cansado de la guerra organice una gran operación para desarmar a Hamás que señale el colapso del alto el fuego, prefiriendo en cambio patrullar su porción de Gaza e impedir que Hamás realice esfuerzos de reabastecimiento ilícito y ataques relámpago.
En cuanto a la Policía palestina, el entrenamiento de una fuerza eficaz de la AP está lamentablemente retrasado, e incluso si existiera, Netanyahu se ha opuesto desde hace mucho tiempo a su despliegue.
Sin duda, Israel obtuvo éxitos adicionales durante la guerra. Estos van desde prevenir un estallido de violencia en la Margen Occidental hasta mantener todos sus tratados de paz regionales, a pesar de la indignación generalizada entre los árabes por sus tácticas en Gaza. También es un gran logro para Israel el haber conservado el apoyo de su principal aliado, los Estados Unidos, bajo las muy diferentes administraciones de (Joe) Biden y Trump.
Cada uno de estos logros israelíes, sin embargo, tiene su lado más oscuro, desde la creciente frialdad de los vínculos de Israel con todos sus socios de paz árabes hasta el menguante apoyo a Israel dentro de sectores de ambos partidos políticos estadounidenses.
Es demasiado pronto para determinar qué tendencias -las positivas o las negativas- serán más importantes.

Del lado palestino, los gazatíes comunes sufrieron pérdidas incalculables durante la guerra, incluyendo a más del 5% de la población muerta o herida, la Franja arrasada y casi todos los palestinos de Gaza desplazados. Pero poco de esto pareció importarle a Hamás, cuya perversa estrategia se basó en maximizar las víctimas civiles. Por lo tanto, el cínico balance de Hamás tras la guerra parece relativamente prometedor.
Hamás no solo sobrevivió como fuerza militar y órgano de gobierno frente a un ejército israelí totalmente movilizado, aún controla casi la mitad de Gaza dos años después del feroz contraataque israelí tras el 7 de Octubre.
Además, Hamás tiene buenas razones para creer que ahora es un reconocido actor diplomático regional. Después de todo, sus líderes se han reunido por primera vez cara a cara con altos funcionarios estadounidenses, incluido el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y Turquía y Qatar, históricos patrocinadores de Hamás, emergieron de la guerra como aliados cercanos de Trump.
Los éxitos de Hamás incluyeron el descarrilamiento de los intentos de Arabia Saudita de normalizar sus relaciones con Israel y la satisfacción de ver a Israel, sus líderes y su fundamento ideológico -el sionismo- sufrir una condena global, incluso de algunos sectores clave de los dos principales partidos políticos estadounidenses.
Tanto Israel como Hamás obtuvieron importantes beneficios del alto el fuego. La respuesta a “quién ganó la guerra” depende del criterio con el que cada uno defina la victoria. La respuesta puede legítimamente ser ambos.
Esto es importante porque, sin un claro vencedor y vencido, el alto el fuego es en sí mismo fundamentalmente inestable y es posible que no marque el fin de la guerra.
Trump podría cansarse, irritarse al ver su acuerdo firmado estancado en punto muerto. Es posible que Egipto, Qatar y Turquía -garantes del alto el fuego- no quieran bendecir lo que parece cada vez más un control israelí a largo plazo de más de la mitad de Gaza. Y la opinión pública israelí podría empezar a pasar de celebrar la liberación de los rehenes supervivientes a centrarse en completar el desmantelamiento de Hamás, y las divisiones internas en Israel se verán avivadas por las próximas elecciones.
Por lo tanto, el conflicto entre Hamás e Israel casi seguramente tendrá una nueva fase. Eso hace que sea demasiado pronto para responder definitivamente quién ganó la guerra, una guerra que ha sido pausada, no terminada.
* Director ejecutivo del Instituto Washington y su cátedra Howard P. Berkowitz de Política de Estados Unidos en Medio Oriente.

