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Entrevista a la presidenta de KKL Argentina: “Estamos trabajando en mancomunar esfuerzos con otras instituciones”

Por Iton Gadol
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Itongadol.- La flamante presidenta de KKL Argentina, Jessica Souss, mantuvo una entrevista con ItonGadol para dialogar sobre los desafíos de su gestión. “Nuestro principal objetivo es fortalecer el sistema educativo tanto en educación formal como no formal, para enseñarles a nuestros chicos sobre Israel y que se sientan identificados”, destacó.

—Más allá de la presidenta mundial del Keren Kayemet, por primera vez ocurre que una mujer es presidenta por afuera de Israel. ¿Cómo estás?

— Muy bien, gracias! Estoy muy contenta, porque es una posición que me permite ayudar a concretar proyectos. Históricamente las mujeres nos hemos visto menos involucradas en la gestión comunitaria, y es una tendencia que felizmente está cambiando en los últimos años. Tanto en la sociedad en general como en nuestra comunidad, las nuevas generaciones hicieron mucho también en ese sentido. En lo personal fui educada para ser una mujer independiente y el hecho de que mis hijos hayan crecido, me permite disponer de mas tiempo para dedicarme a desarrollar tareas comunitarias. Pero no siempre es facil. Es mi deseo que cada vez mas personas puedan involucrarse en las instituciones y aportar su visión. Si mi caso ayuda a inspirar a otra mujeres a participar mas, y a otras instituciones a darle mas lugar a las mujeres, mucho mejor. Sabemos que nos complementamos y enriquecemos trabajando a la par. Y desde KKL trabajamos siempre para darle lugar a todas las personas que quieran sumar y participar.

Presidenta de KKL Argentina, Jessica Souss y el director de Itongadol, Daniel Berliner

—¿Cómo recibió la familia del KKL, me refiero a Ifat Ovadia-Luski y a Nili Pitchon, que son mujeres muy comprometidas con la institución, encontrar a una mujer más dentro de la estructura?

—Seguramente están contentas tambien, mas alla de que seamos muejeres, esta nueva Comisión Directiva que me toca presidir expresa una continuidad de gestión y también llega en un momento de consolidación institucional. Por ejemplo tuvimos cinco ex presidentes acompañando la Asamblea de renovacion de autoridades, a los que les agradezco mucho, y tenemos muchos proyectos en los que estan activamente involucrados. Entonces tenemos voluntarios históricos, gente nueva que se sumó hace poco, un staff profesional muy dedicado, y muy buena relación con colegas en otras sede de latinoamerica, de Estados Unidos y por supuesto con nuestra casa central en Israel.

Venimos transitando un camino ya hace varios años en donde el KKL empezó a tener presencia y otro protagonismo comunitario. Y la idea es profundizar la tarea, profesionalizarnos un poquito más y entender qué es lo que necesita la comunidad para poder hacer acciones efectivas en las distintas instituciones. Trabajamos en proyectos a largo plazo que no se agotan en una cadencia, sino que hay una continuidad. Tenemos proyectos históricos que venimos desarrollando hace más de 40 años como el Festival Lilaj, y otros que van surgiendo de acuerdo a las necesidades que van surgiendo.

—Fuiste protagonista de la última cadencia previa a la tuya. ¿Cuándo entras al KKL?

—Yo entro hace cuatro años en la gestión de Dani Lew. Empecé como colaboradora, como vocal suplente. Despues, cuando Diego Stern asume la presidencia hace dos años, yo asumo el rol de Secretaria. Diego me abrió las puertas y yo fui haciendo mi camino. KKL siempre fue una institución muy querida por mí, que me trae muchos recuerdos de mi infancia, cuando en la escuela juntábamos estampillas para bikurim y la plantación árboles, la pushke en la mesa de shabat de la escuela y todos los bosques y lugares de esparcimiento en la naturaleza en Israel.  Yo venía de integrar la Comisión de Contenidos de Limud. Una tarea muy gratificante y que me permitió acercarme a instituciones comunitarias a las que yo no pertenecía y a conocer gente muy interesante y apasionada por el voluntariado.

—¿Cómo es tu comisión directiva y cómo son los profesionales?

—Yo creo que tenemos muy buen equipo para trabajar en los distintos ámbitos en los que nos estamos proponiendo hacerlo y la idea es que sea una comisión directiva no verticalista, sino transversal, donde cada uno encuentre su lugar y sea protagonista del proyecto que quiera liderar. Los profesionales son un staff de lujo total y el hecho de que tengan antigüedad en la institución muestra que todos trabajamos cómodos y con buenos resultados. En la Comisión Directiva actual tenemos un promedio de edad de 50 plus. También tiene que ver con el recambio generacional que se va dando en las instituciones comunitarias. Me gustaría que se incorpore gente mas joven, que podamos intercambiar experiencias, transmitir nuestra experiencia, comprender sus necesidades, escuchar sus ideas, para que podamos encarar proyectos para las futuras generaciones, que los involucra directamente a ellos.

—¿Hay un cambio generacional?

Comunitariamente tenemos un tema con convocar a los jóvenes entre los 18 y los 30; es un desafio para toda la dirigencia comunitaria, en todas las instituciones. Una vez que terminan el colegio secundario, terminan la escuela de Madrijim, es muy difícil brindarles un espacio que les resulte atractivo comunitariamente. El que empieza la universidad, el que empieza con su primer empleo. Hoy se casan más grandes, es probable que en ese momento decida volver al club o a una comunidad o a una escuela porque tiene chicos… Me preocupa mucho. Tenemos a la juventud fuera del circuito comunitario, salvo algunas excepciones.

—¿Qué cambió en la actividad institucional del KKL Argentina después del 7 de octubre?

—Creo que el 7 de octubre, con todo lo doloroso que fue para todos nosotros, marca un hito en la historia contemporánea. En primer lugar, hablo a título personal, me parece que nuestra generación nunca pensó que íbamos a vivenciar el grado de antisemitismo que estamos viendo. Pensamos que era algo del pasado. De hecho, yo siempre me sentí, como judía, muy protegida y privilegiada por ser la generación que nació bajo la existencia del Estado de Israel. Y el 7 de octubre puso en jaque esa seguridad que sentíamos. Hay mucha gente que se acercó a la comunidad justamente porque el afuera le marcó algo y esa necesidad de sentirse cobijado. Hay mucha gente que tiene miedo, entonces me parece que, después del impacto inicial, tenemos que evaluar muy bien qué es lo que cada comunidad necesita. Pero quedó absolutamente demostrado que Israel y la diáspora, somos una unidad. No funcionamos el uno sin el otro y nos necesitamos el uno al otro. Y me parece que todos venimos despertando y tomando conciencia de eso.

—Nili (Pitchon) que mencionabamos antes, y que es la responsable del KKL en nuestra región, había sido mamá y me acuerdo que ella dejó la criatura recién nacida, se alistó y se fue a cumplir con su función.

—A mí el 7 de octubre me toca realmente muy de cerca. Yo vivi en Israel entre mis 12 y 14 años junto a mi familia en el kibutz Or Haner, muy cercano a la franja de Gaza. Esos años marcaron mi conexión con Israel, con el idioma y con la tierra; fue una de las experiencias mas significativas de mi vida. Y además me tocó mucho el 7 de octubre  porque tengo un hijo jaial, y no hubo nadie en Israel, desde su lugar, que no contribuyera en algo. Desde cocinar, ir a cosechar tomates o pepinos en los lugares que hiciera falta, asistencia… Yo el 7 de octubre volé a Israel y a mí me emocionaba ir a la expo Tel Aviv y que hubiese una cola enorme de gente que iba a buscar donaciones o lo que necesitara, pero había una cola más larga de voluntarios. En la expo decían “tenemos un exceso de voluntarios”, entonces se acortaba el tiempo de trabajo de los voluntarios para que todos pudieran contribuir. La sociedad se movilizo en su conjunto.

—¿Cómo es el comportamiento de la gente respecto al apoyo, la ayuda, en lo económico?

—Hay muchos desafíos, hay muchos proyectos, no solamente vinculados a ayuda en Israel, sino a fortalecer las instituciones acá, a mantener a la gente dentro de las kehilot, que la gente se sienta cuidada, protegida, identificada con el Estado de Israel. En lo personal, creo que los judíos de la diáspora tenemos una responsabilidad para con Israel. Vivimos lejos geográficamente, pero lo que pasa ahí nos afecta directamente y la población de Israel es el escudo protector de todos nosotros. Son las familias que mandan a sus chicos al ejército, son las mujeres que se quedan criando a los chicos solas porque los maridos están en el frente, son los que pagan impuestos para que ese ejército funcione. Tzahal, es un ejército conformado por nuestros hijos. Fue un shock para todos entender que la población vivió mucho tiempo en los refugios y que había que contribuir a que las personas estuvieran seguras. Me parece que las escenas que hoy en día se ven en vivo y en directo, que lo vivido, que los testimonios, que el hecho de haber tenido secuestrados civiles, todo lo que viene sucediendo, a todos nos dejó en una situación de alarma diferente.

—Si un miembro de la comunidad judía argentina, un docente, un directivo, lee esta nota de la presidenta del KKL Argentina, ¿cuál es el desafío?

—Tenemos muchos desafíos. Lo fundamental es contribuir a fortalecer el sistema educativo en educación formal y no formal.  Enseñarles a nuestros chicos sobre Israel, que se sientan identificados, que se sientan parte. La educación es un pilar que involucra a todas las instituciones. Y, en segundo lugar, hasbará (esclarecimientos). En ese sentido, KKL tiene mucho que aportar. Mostrar quienes somos, lo que somos capaces de hacer y contribuir mediante tecnología e innovación al fortalecimiento de un mundo más sustentable.   Promovemos hacer acciones en lugares carenciados de la Argentina, llevando agua, filtros de agua, reservorios, enseñando, contribuyendo con plantaciones de árboles. Y en aportar material educativo en escuelas de la red escolar judía y de otras comunidades. Procuramos que haya un equilibrio entre los aportes que se hacen a Israel, los aportes que se hacen intracomunitarios, el fortalecimiento intracomunitario y lo que se aporta a la sociedad argentina en la que nosotros vivimos.

—No es algo que ocurría históricamente?

—Como la vida misma, las instituciones van evolucionando y se van dando cuenta o surgen nuevas necesidades o nuevos modelos y el KKL no es ajeno. Tenemos 125 años de historia casi y en los 125 años de historia, si bien hay una misión muy clara, la manera de llevar adelante la misión se va aggiornando a los tiempos modernos.

—¿Tenés alguna preocupación importante para tu gestión?

—Más que preocupación, ocupación. Estamos evaluando a dónde van a ir dirigidos los recursos en la próxima gestión, escuchando las necesidades comunitarias. Estamos trabajando en mancomunar esfuerzos con otras instituciones. Me parece que todas tenemos un objetivo común. La idea es que los recursos no se dispersen, sino mancomunar esfuerzos para potenciarnos y que no haya duplicidad de acciones.

—Desde hace ya dos meses estoy tratando de percibir qué Israel tenemos después de la guerra. Me está costando encontrar estas respuestas en quienes tienen las responsabilidades. Me parece que se está creando o tratando de encontrar este Israel. Lo único que surge es el apoyo a la reconstrucción en el norte. Pero no hay todavía una definición de qué Israel es el de ahora.

—Me encantaría tener una respuesta, pero me parece que estamos viviendo la historia muy reciente y estamos muy en carne viva. Todavía no terminamos de salir del shock de lo que nos pasó. Si bien la sociedad israelí rápidamente se puso en funcionamiento, tenemos un largo camino por delante para ver cómo Israel se reconfigura. Yo soy muy optimista y pese a todo, creo que históricamente y paradójicamente nunca estuvimos mejor posicionados, con lo doloroso de la situación. Como mundo judío y como Israel. Si bien estamos muy complicados en aspectos vinculados al antisemitismo, y nos sonaron todas las alarmas,  sabemos que no podemos relajarnos, recibimos un golpe durísimo y también salió a la luz la fortaleza comunitaria de la diáspora  y la fortaleza israelí. No voy a hablar ni de política ni de geopolítica. Desde lo social, me parece que mostramos la resiliencia en su máxima expresión.

—Va a haber una inauguración en un espacio acá en Buenos Aires muy importante.

Sí es cierto, en el mes de marzo vamos a inaugurar un Monumento que lleva la firma de muchas personas que han contribuido para llegar a este momento. Voy a tener el honor de que se inaugure bajo mi gestión pero lo cierto es que es un proyecto que demuestra que el KKL trabaja en proyectos que se gestan a lo largo del tiempo y gracias a la idea y corazón de mucha gente, durante muchas Comisiones Directivas.

Es un monumento que se llama “Monumento Shalom”, va a estar emplazado en Plaza Israel en la Ciudad de Buenos Aires, en Palermo. Estéticamente, es un monumento precioso y creo que es un regalo a la ciudad de Buenos Aires, mostrando quienes somos. En un claro mensaje de paz. Es la concreción de muchos años de trabajo, que va a tener una importante visibilidad, en un lugar muy significativo de la ciudad de Buenos Aires, del KKL y de la comunidad toda a la ciudadanía argentina, que a todos nosotros nos cobijó en un lugar pacífico. Es nuestro mayor deseo que haya una paz duradera.

—¿Viene gente de Israel para el acto?

—Sí, lo estamos organizando. Viene gente de Israel, de Brasil, de distintos puntos de nuestro país. Pero eso es para otra nota, asi dejamos un poco de lugar para la sopresa.

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