Itongadol/Agencia AJN.- El grupo de trabajo sobre antisemitismo de la Universidad de Columbia presentó su cuarto y último informe, en el que documenta incidentes ocurridos desde la ola de protestas y tensiones internas que siguió a la invasión de Hamas en octubre de 2023 y la guerra en Gaza. El documento se centra en experiencias dentro del aula, tras entrevistar a estudiantes judíos e israelíes que denunciaron haber sido blanco de escarnio, estereotipos y presiones políticas en contextos académicos.
El informe afirma que la universidad debe preservar la libertad de expresión “al máximo posible”, pero subraya que “la censura no tiene lugar en Columbia, y la discriminación tampoco”.
El caso más grave señalado por el informe fue la interrupción de una clase dictada por un profesor israelí al inicio del semestre de primavera de 2025. Según el documento, activistas apuntaron al curso porque “buscaba estudiar el sionismo, en lugar de condenarlo”. Columbia sancionó a los alumnos responsables, lo que provocó nuevas protestas, ocupaciones de edificios y cancelaciones de clases.
El informe también documenta casos en los que instructores señalaron personalmente a estudiantes judíos o israelíes. A una estudiante israelí la calificaron de “ocupante”. En otra clase, una docente le dijo a una alumna judía: “Es una pena que tu pueblo haya sobrevivido para cometer genocidio”. Un veterano de las Fuerzas de Defensa de Israel que asistía a un curso sobre el conflicto fue públicamente señalado por la instructora como parte de un “ejército de asesinos”.
En algunos casos, profesores comenzaron clases de asignaturas no relacionadas —astronomía, música, fotografía o arquitectura— con discursos contra Israel o referencias al “genocidio” en Gaza. En un curso introductorio de salud pública, una docente calificó a tres donantes judíos de “lavar dinero de sangre” y se refirió a Israel como “el supuesto Israel”.

El informe señala que instructores leyeron correos privados de estudiantes a toda la clase sin autorización, alentaron a sus alumnos a unirse a protestas, trasladaron cursos fuera del campus para convertirlos en “sesiones de organización política” o dictaron clases directamente dentro del campamento de protesta, donde “los sionistas no eran bienvenidos”.
Uno de los hallazgos más significativos es que la universidad carece de profesores de planta en historia, política o economía de Medio Oriente que no sean explícitamente antisionistas. Como resultado, los estudiantes interesados en estudiar la región desde perspectivas diversas indicaron que prácticamente no tenían opciones.
Los cursos disponibles, según el informe, presentaban a Israel y al sionismo como entidades ilegítimas por definición e incluían falsedades académicas. En una clase, un profesor afirmó que Theodor Herzl era antisemita; en otra, que los judíos de Europa Oriental “no eran realmente judíos”.
El documento recomienda establecer salvaguardas claras para evitar interrupciones en el aula, presiones políticas, estereotipos o la inclusión de temas sensibles sin relación con el programa educativo. También rechaza el boicot académico a universidades israelíes, uno de los reclamos centrales de los grupos anti-Israel en Columbia.
El informe advierte sobre la responsabilidad de los docentes al expresarse públicamente sobre temas en los que no son expertos, especialmente cuando sus declaraciones “parecen justificar o incluso celebrar atrocidades terroristas o reproducir estereotipos antisemitas”.
La presidenta interina de Columbia, Claire Shipman, afirmó que la universidad está “en un lugar mucho mejor que hace dos años” y agradeció el trabajo del task force. Sin embargo, persisten críticas internas sobre la falta de consecuencias para algunos profesores que apoyaron o participaron en el campamento de protesta exclusivo para participantes anti-Israel.
El estudiante judío Elisha Baker, en un artículo publicado en el campus, señaló que la universidad aún no ha tomado medidas sobre la conducta del cuerpo docente. “Es una herida abierta”, escribió.
El informe final cierra un proceso de dos años en el que Columbia abordó protestas, antisemitismo y clima universitario. Pero, según sus redactores, el desafío de garantizar un entorno académico libre de discriminación aún no está resuelto.

