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En un clima de gran apatía, Israel se prepara para reelegir a Sharon

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SDEROT, Israel.- Ni siquiera en esta pequeña ciudad en medio del desierto del Negev, en el sur de Israel, considerada el «feudo» de Ariel Sharon, ya que su famoso rancho queda tan sólo a dos kilómetros, hay entusiasmo.También en esta pequeña ciudad de frontera, paranoica porque suele ser atacada por los misiles kassam que disparan los palestinos desde la franja de Gaza, se respira el mismo escepticismo, el mismo desinterés y la misma apatía que han marcado, como nunca en la historia israelí, una campaña electoral insulsa, sin pasión y sin grandes debates. Como en el resto del país, donde hoy cuatro millones y medio de israelíes irán a las urnas, tampoco aquí hay suspenso ni ilusiones. Como confirmaron ayer los últimos sondeos, todo el mundo sabe que el partido del ex general Ariel «Arik» Sharon -que vota en esta ciudad-, ganará por lo menos 32 o 33 de las 120 bancas de la Knesset, el Parlamento unicameral, que será renovado. Una cifra que confirma una victoria neta, pero que seguramente lo obligará a complicadas negociaciones con los demás partidos para poder formar su gobierno. Según anticipó ayer el diario Yedioth Ahronoth, Sharon ya tiene el discurso de victoria preparado, que incluirá un dramático llamado al poco carismático líder del laborismo, Amram Mitzna, a participar en un gobierno de unidad nacional, la única fórmula que tiene el Likud para evitar formar una coalición con los ultraderechistas. Pese a la victoria anunciada, no hay ambiente de fiesta en el feudo de Sharon.
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La intensa ola de violencia que vive Israel desde hace dos años, la tensión al máximo por el permanente temor a que lluevan atentados y la peor recesión económica de la historia se sienten también en Sderot, una modesta y gris ciudad de 24.000 habitantes -la mayoría inmigrantes de la ex Unión Soviética-, también preocupada, como el resto del país, por las consecuencias de una posible guerra en Irak. Todos tienen al alcance de la mano sus kits de máscaras antigás, y hay 80 refugios listos para un eventual ataque con armas de destrucción masiva, disparadas desde el Golfo Pérsico.
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En el centro, donde saltan a la vista algunos pasacalles del Likud que dicen: «La nación necesita de Sharon» e «Israel necesita el Likud», se ve a un hombre de mediana edad revolviendo los tachos de basura de un supermercado con inscripciones en cirílico. Una imagen inquietante, terriblemente argentina: ¿un cartonero en Israel?
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«Aunque yo lo voté, y volveré a votarlo, Sharon es el responsable», dice Eli Moyal, el alcalde, que como muchos israelíes votará al Likud porque «es lo menos malo en este escenario».
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Como la mayoría de los israelíes, también Moyal considera que los palestinos no quieren la paz. «No hay nadie con quien negociar del otro lado -sentencia-. A nosotros nos lanzan misiles kassam todos los días desde Gaza, que por milagro todavía no mataron a nadie… Es obvio que los árabes no nos quieren», afirma.
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Pese a que el ejército israelí este fin de semana lanzó la más intensa y sangrienta ofensiva en Gaza de los últimos dos años, que provocó la muerte de 13 palestinos, cuatro misiles kassam -cohetes bastante rudimentarios, de corto alcance- volvieron a caer anteayer en el oeste de esta ciudad. «Sderot se ha convertido en la Kiryat Shmona del Sur», dice irónicamente Moyal, haciendo alusión a la ciudad del norte de Israel que suele sufrir ataques de misiles katyusha desde el sur de el Líbano.
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Mano dura
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Confirmando que la seguridad y la negativa a negociar la paz han sido los pilares de la campaña electoral del Likud, Moyal se manifiesta satisfecho con la línea de mano dura que ha puesto a punto Sharon en los últimos dos años para luchar contra del terrorismo. Pero sin embargo ve, como la mayoría de la población israelí, que volverá a votar hoy por la derecha porque así se siente más protegida ante al enemigo, un futuro negro: «Nadie manejará el proceso de paz en los próximos cinco o diez años».
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Por Elisabetta Piqué
Enviada especial
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Claves de la votación
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Fiesta nacional: el día de las elecciones es fiesta nacional. Los israelíes votan de 7 a 22.
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Sistema proporcional: aunque en 1996 se aprobó por primera vez el sistema de elección directa del primer ministro, en los comicios de hoy se vuelve al viejo sistema electoral proporcional.
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Representación: las 120 bancas de la Knesset son asignadas proporcionalmente a cada partido, según el porcentaje de votos obtenidos. El mínimo para entrar en el Parlamento es del 1,5% de los votos. Así, estarán representadas muchas pequeñas formaciones.
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Las principales listas: en la derecha, el Likud, del premier Sharon; entre los religiosos, el ortodoxo Shas y el Frente de la Torah; en el centro, el anticlerical Shinui, y en la izquierda, el partido Laborista, del rival Amram Mitzna, y el pacifista Meretz.
.SDEROT, Israel.- Ni siquiera en esta pequeña ciudad en medio del desierto del Negev, en el sur de Israel, considerada el «feudo» de Ariel Sharon, ya que su famoso rancho queda tan sólo a dos kilómetros, hay entusiasmo.
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También en esta pequeña ciudad de frontera, paranoica porque suele ser atacada por los misiles kassam que disparan los palestinos desde la franja de Gaza, se respira el mismo escepticismo, el mismo desinterés y la misma apatía que han marcado, como nunca en la historia israelí, una campaña electoral insulsa, sin pasión y sin grandes debates.
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Como en el resto del país, donde hoy cuatro millones y medio de israelíes irán a las urnas, tampoco aquí hay suspenso ni ilusiones. Como confirmaron ayer los últimos sondeos, todo el mundo sabe que el partido del ex general Ariel «Arik» Sharon -que vota en esta ciudad-, ganará por lo menos 32 o 33 de las 120 bancas de la Knesset, el Parlamento unicameral, que será renovado. Una cifra que confirma una victoria neta, pero que seguramente lo obligará a complicadas negociaciones con los demás partidos para poder formar su gobierno.
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La preocupación es Irak
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Según anticipó ayer el diario Yedioth Ahronoth, Sharon ya tiene el discurso de victoria preparado, que incluirá un dramático llamado al poco carismático líder del laborismo, Amram Mitzna, a participar en un gobierno de unidad nacional, la única fórmula que tiene el Likud para evitar formar una coalición con los ultraderechistas.
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Pese a la victoria anunciada, no hay ambiente de fiesta en el feudo de Sharon.
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La intensa ola de violencia que vive Israel desde hace dos años, la tensión al máximo por el permanente temor a que lluevan atentados y la peor recesión económica de la historia se sienten también en Sderot, una modesta y gris ciudad de 24.000 habitantes -la mayoría inmigrantes de la ex Unión Soviética-, también preocupada, como el resto del país, por las consecuencias de una posible guerra en Irak.
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Todos tienen al alcance de la mano sus kits de máscaras antigás, y hay 80 refugios listos para un eventual ataque con armas de destrucción masiva, disparadas desde el Golfo Pérsico.
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En el centro, donde saltan a la vista algunos pasacalles del Likud que dicen: «La nación necesita de Sharon» e «Israel necesita el Likud», se ve a un hombre de mediana edad revolviendo los tachos de basura de un supermercado con inscripciones en cirílico. Una imagen inquietante, terriblemente argentina: ¿un cartonero en Israel?
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«Aunque yo lo voté, y volveré a votarlo, Sharon es el responsable», dice Eli Moyal, el alcalde, que como muchos israelíes votará al Likud porque «es lo menos malo en este escenario».
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Sharon, el mal menor
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«Hace dos años Sharon prometió paz y seguridad, y no cumplió ni lo uno ni lo otro. No logró terminar con el terrorismo y, además, nos hundió en una situación social y económica nunca antes vista en Israel, con 300.000 desempleados y medio millón de niños por debajo de la línea de pobreza», lamenta Moyal.
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«Sobrevivimos al Holocausto, los progroms en Rusia, la Inquisición en España, cuatro guerras, el terrorismo, pero no podremos sobrevivir al desafío de un chico con hambre», afirma, en una entrevista con LA NACION.
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¿Por qué volver a votar por Sharon, entonces? «Porque el laborismo, que participó en el gobierno de unidad nacional de Sharon, no es una opción. Voto por el Likud porque creo que es el mal menor -contesta-. No hay alternativa a Sharon. Mitzna no es una alternativa.»
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Como la mayoría de los israelíes, también Moyal considera que los palestinos no quieren la paz. «No hay nadie con quien negociar del otro lado -sentencia-. A nosotros nos lanzan misiles kassam todos los días desde Gaza, que por milagro todavía no mataron a nadie… Es obvio que los árabes no nos quieren», afirma.
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Pese a que el ejército israelí este fin de semana lanzó la más intensa y sangrienta ofensiva en Gaza de los últimos dos años, que provocó la muerte de 13 palestinos, cuatro misiles kassam -cohetes bastante rudimentarios, de corto alcance- volvieron a caer anteayer en el oeste de esta ciudad. «Sderot se ha convertido en la Kiryat Shmona del Sur», dice irónicamente Moyal, haciendo alusión a la ciudad del norte de Israel que suele sufrir ataques de misiles katyusha desde el sur de el Líbano.
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Mano dura
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Confirmando que la seguridad y la negativa a negociar la paz han sido los pilares de la campaña electoral del Likud, Moyal se manifiesta satisfecho con la línea de mano dura que ha puesto a punto Sharon en los últimos dos años para luchar contra del terrorismo. Pero sin embargo ve, como la mayoría de la población israelí, que volverá a votar hoy por la derecha porque así se siente más protegida ante al enemigo, un futuro negro: «Nadie manejará el proceso de paz en los próximos cinco o diez años».
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Por Elisabetta Piqué
Enviada especial
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Claves de la votación
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Fiesta nacional: el día de las elecciones es fiesta nacional. Los israelíes votan de 7 a 22.
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Sistema proporcional: aunque en 1996 se aprobó por primera vez el sistema de elección directa del primer ministro, en los comicios de hoy se vuelve al viejo sistema electoral proporcional.
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Representación: las 120 bancas de la Knesset son asignadas proporcionalmente a cada partido, según el porcentaje de votos obtenidos. El mínimo para entrar en el Parlamento es del 1,5% de los votos. Así, estarán representadas muchas pequeñas formaciones.
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Las principales listas: en la derecha, el Likud, del premier Sharon; entre los religiosos, el ortodoxo Shas y el Frente de la Torah; en el centro, el anticlerical Shinui, y en la izquierda, el partido Laborista, del rival Amram Mitzna, y el pacifista Meretz.
.SDEROT, Israel.- Ni siquiera en esta pequeña ciudad en medio del desierto del Negev, en el sur de Israel, considerada el «feudo» de Ariel Sharon, ya que su famoso rancho queda tan sólo a dos kilómetros, hay entusiasmo.
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También en esta pequeña ciudad de frontera, paranoica porque suele ser atacada por los misiles kassam que disparan los palestinos desde la franja de Gaza, se respira el mismo escepticismo, el mismo desinterés y la misma apatía que han marcado, como nunca en la historia israelí, una campaña electoral insulsa, sin pasión y sin grandes debates.
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Como en el resto del país, donde hoy cuatro millones y medio de israelíes irán a las urnas, tampoco aquí hay suspenso ni ilusiones. Como confirmaron ayer los últimos sondeos, todo el mundo sabe que el partido del ex general Ariel «Arik» Sharon -que vota en esta ciudad-, ganará por lo menos 32 o 33 de las 120 bancas de la Knesset, el Parlamento unicameral, que será renovado. Una cifra que confirma una victoria neta, pero que seguramente lo obligará a complicadas negociaciones con los demás partidos para poder formar su gobierno.
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La preocupación es Irak
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Según anticipó ayer el diario Yedioth Ahronoth, Sharon ya tiene el discurso de victoria preparado, que incluirá un dramático llamado al poco carismático líder del laborismo, Amram Mitzna, a participar en un gobierno de unidad nacional, la única fórmula que tiene el Likud para evitar formar una coalición con los ultraderechistas.
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Pese a la victoria anunciada, no hay ambiente de fiesta en el feudo de Sharon.
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La intensa ola de violencia que vive Israel desde hace dos años, la tensión al máximo por el permanente temor a que lluevan atentados y la peor recesión económica de la historia se sienten también en Sderot, una modesta y gris ciudad de 24.000 habitantes -la mayoría inmigrantes de la ex Unión Soviética-, también preocupada, como el resto del país, por las consecuencias de una posible guerra en Irak.
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Todos tienen al alcance de la mano sus kits de máscaras antigás, y hay 80 refugios listos para un eventual ataque con armas de destrucción masiva, disparadas desde el Golfo Pérsico.
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En el centro, donde saltan a la vista algunos pasacalles del Likud que dicen: «La nación necesita de Sharon» e «Israel necesita el Likud», se ve a un hombre de mediana edad revolviendo los tachos de basura de un supermercado con inscripciones en cirílico. Una imagen inquietante, terriblemente argentina: ¿un cartonero en Israel?
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«Aunque yo lo voté, y volveré a votarlo, Sharon es el responsable», dice Eli Moyal, el alcalde, que como muchos israelíes votará al Likud porque «es lo menos malo en este escenario».
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Sharon, el mal menor
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«Hace dos años Sharon prometió paz y seguridad, y no cumplió ni lo uno ni lo otro. No logró terminar con el terrorismo y, además, nos hundió en una situación social y económica nunca antes vista en Israel, con 300.000 desempleados y medio millón de niños por debajo de la línea de pobreza», lamenta Moyal.
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«Sobrevivimos al Holocausto, los progroms en Rusia, la Inquisición en España, cuatro guerras, el terrorismo, pero no podremos sobrevivir al desafío de un chico con hambre», afirma, en una entrevista con LA NACION.
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¿Por qué volver a votar por Sharon, entonces? «Porque el laborismo, que participó en el gobierno de unidad nacional de Sharon, no es una opción. Voto por el Likud porque creo que es el mal menor -contesta-. No hay alternativa a Sharon. Mitzna no es una alternativa.»
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Como la mayoría de los israelíes, también Moyal considera que los palestinos no quieren la paz. «No hay nadie con quien negociar del otro lado -sentencia-. A nosotros nos lanzan misiles kassam todos los días desde Gaza, que por milagro todavía no mataron a nadie… Es obvio que los árabes no nos quieren», afirma.
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Pese a que el ejército israelí este fin de semana lanzó la más intensa y sangrienta ofensiva en Gaza de los últimos dos años, que provocó la muerte de 13 palestinos, cuatro misiles kassam -cohetes bastante rudimentarios, de corto alcance- volvieron a caer anteayer en el oeste de esta ciudad. «Sderot se ha convertido en la Kiryat Shmona del Sur», dice irónicamente Moyal, haciendo alusión a la ciudad del norte de Israel que suele sufrir ataques de misiles katyusha desde el sur de el Líbano.
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Mano dura
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Confirmando que la seguridad y la negativa a negociar la paz han sido los pilares de la campaña electoral del Likud, Moyal se manifiesta satisfecho con la línea de mano dura que ha puesto a punto Sharon en los últimos dos años para luchar contra del terrorismo. Pero sin embargo ve, como la mayoría de la población israelí, que volverá a votar hoy por la derecha porque así se siente más protegida ante al enemigo, un futuro negro: «Nadie manejará el proceso de paz en los próximos cinco o diez años».
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Por Elisabetta Piqué
Enviada especial.La Nacion
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