A dos días de las elecciones generales en Israel y con sondeos de opinión que le vaticinan una derrota magistral, Amram Mitzna, el candidato del laborismo, sabe que esta vuelta está perdida. Pero con la misma seguridad que tiene de su derrota, sabe que debe rechazar las presiones dentro y fuera de su partido para incorporarse nuevamente a un gobierno de unidad. El último fin de semana antes de las elecciones, sin interrumpir la larga serie de recorridos y mitines en los que trata de animar a sus adherentes, Mitzna dijo a un grupo de periodistas, entre ellos Clarín: «No es vergüenza encabezar la oposición».
Mitzna era tres meses atrás la gran esperanza de la izquierda israelí y su mensaje claramente pacifista hizo enrolarse en su favor en el laborismo a muchos de los que la habían abandonado en los últimos años. De esta manera, logró una amplia mayoría en las internas a las que fue con la bandera de la retirada de Cisjordania y Gaza y el retorno a la mesa de conversaciones con los palestinos, junto con un programa de lucha contra la pobreza con dinero que se dejaría de invertir en los territorios ocupados.
Sin embargo, la ola de esperanza en la izquierda se frenó muy rápido, cuando los ministros laboristas que habían perdido sus puestos al abandonar el gobierno de Ariel Sharon se convirtieron para Mitzna en un lastre que no le permitió erigir a su partido en una verdadera alternativa.
«Lamentablemente hay en el laborismo unas cuantas manzanas podridas que todo lo que les interesa es el Volvo (coche de ministros) y el chofer ministerial», dice Mitzna, en una clara referencia al anterior jefe de la organización, Benjamin Ben Eliezer, sobre el que se dice que mantiene aún contactos con Sharon para su retorno al gobierno, no bien Mitzna se vea obligado a renunciar tras la derrota electoral.
Ayer, en una muy mediatizada recorrida junto a Mitzna en poblados del sur de Israel, Ben Eliezer proclamó: «No hay ningún ningún contacto con Sharon por el gobierno de unidad y Mitzna es el legítimo jefe del laborismo». Sin embargo, sin poder contenerse, agregó: «por el momento».
Mitzna, en cambio, se describe como un «corredor de maratón, no de aliento corto», agregando que de haber encabezado Ben Eliezer la campaña electoral, el laborismo habría logrado 9 escaños, aun la mitad de los escasos 19 (de un total de 120) que les otorgan hoy los sondeos.
Mitzna no piensa en renunciar en la noche del 28 de enero tras conocerse los resultados de la contienda, ni ingresar a un nuevo gobierno de Sharon. Mitzna sabe que la única posibilidad de salvar al laborismo es encabezando la oposición de izquierda, aun cuando la gravedad de la situación política y económica amenaza con pintar con colores de «traición política» a quien se niegue a aceptar los puestos de gobierno que Sharon está dispuesto a ofrecerle.
Mitzna dice que si Sharon decide llamarlo después de su victoria, asistirá a la reunión para preguntarle sobre qué base quiere la incorporación del laborismo al gobierno: «¿Acaso sobre la base de la inmediata retirada de Gaza y de las colonias israelíes aisladas en Cisjordania? ¿Acaso Sharon está dispuesto a traspasar miles de millones de dólares de los asentamientos en Cisjordania y Gaza a inversiones en infraestructura y edificación dentro de Israel? Sharon no podrá aceptar estas bases, y sobre otras no hay de qué hablar sino como oposición en el Parlamento y la calle».
«De perder esta batalla, yo seguiré luchando al frente del laborismo. Seremos un partido más pequeño, pero de mayor nivel», dice Mitzna, pero es consciente de los cuchillos políticos que le amenazan dentro de su partido. Shimon Peres, por ejemplo, puede llegar a encabezar al sector laborista que presiona para reincorporarse al gobierno, ya que opina que «sólo desde adentro se puede influir».
Mientras tanto, desde un costado, Yossi Sarid, el jefe del frente de izquierda Meretz al que se incorporaron últimamente dos de los diputados más radicalizados del laborismo —Yossi Beilin y Yael Dayan— observa sin sorpresas el desarrollo de la interna laborista. Sarid, que en 1984 renunció al laborismo cuando el partido entonces se incorporó al gobierno de unidad con la derecha, comentó a Clarín: «Mitzna es un tipo sano en un partido enfermo».
Como experto en guerras intestinas laboristas, Sarid opina que finalizó la oportunidad histórica del laborismo israelí para volver al gobierno liderando el proceso de paz y el retorno a los ideales de solidaridad social. Estos ideales, opina Sarid, están hoy representados por el partido socialdemócrata que Meretz tiene pensado fundar con otras corrientes judías y árabes inmediatamente después de las elecciones.
«Mitzna tiene el corazón en el lugar adecuado, quizás en el futuro, cuando se produzca la partición en el laborismo, también él mismo encuentre el lugar adecuado, junto a nosotros, en el nuevo partido socialdemócrata».

