Itongadol/Agencia AJN.- El primer ministro Benjamin Netanyahu declaró el viernes que Israel está «considerando alternativas para traer a nuestros rehenes a casa», mientras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró en la Casa Blanca que la organización terrorista palestina Hamás «quiere morir y eso es muy, muy grave. Ha llegado a un punto en el que tendrán que terminar el trabajo».
Unos 50 rehenes israelíes permanecen en Gaza y se cree que 20 de ellos siguen vivos.
Emily Damari, una de las rehenes liberadas en el acuerdo anterior, describió los horrores que sufrió durante su cautiverio en una entrevista con el Daily Mail del Reino Unido, afirmando que solo habla para ayudar a liberar a quienes aún se encuentran cautivos, incluyendo a sus amigos cercanos, los hermanos gemelos Gali y Ziv Berman.
«Probablemente estén en una jaula. Los están maltratando. No hay mucha agua. Probablemente hace un calor inimaginable para ellos», dijo.
Visiblemente enfadada, añadió: «¡Vamos! ¿Por qué tardan tanto?».
Damari reveló que terroristas de Hamás la confinaron a ella y a otros rehenes en pequeñas jaulas.
«A veces éramos hasta seis a la vez, apretados en una jaula diminuta de solo dos por dos metros. El silencio ahí abajo… es insoportable. Te volvés loco ahí adentro», recordó.
«Dije: ‘¡Dispárenme!'»
El 7 de Octubre, Damari estaba en su casa en el kibutz Kfar Aza cuando Hamás atacó.
«Le envié un mensaje a Gali: ‘No estoy bien’. No podía moverme porque mi cuerpo era simplemente hielo. Estaba temblando; era una locura», dijo.
Gali arriesgó su vida corriendo a través del intenso fuego para alcanzarla. Horas después, 10 terroristas armados irrumpieron en su casa mientras ella y Gali yacían boca abajo en la cama, abrazados.
«Abracé a Gali y nuestras caras estaban sobre la almohada. Entonces me dispararon en la mano izquierda», dijo.
Segundos después, mataron a tiros a su perro, Choocha, y los arrastraron afuera, buscando su coche para regresar a Gaza.
«Uno de ellos dijo que me llevaría a un hospital. Me di cuenta de que no iba a ser un hospital israelí, así que les dije: ‘¡No, no, dispárenme!’. No quería que me secuestraran, prefería morir. Tomé su arma, la apunté contra mi cabeza y dije: ‘¡Dispárenme! ¡Dispárenme!'», dijo.
«Entonces alguien puso su arma en la cabeza de Gali, así que inmediatamente dije: ‘No, no, no lo mates'».
Cuando llegaron a Gaza, Gali fue separado de ella y no lo ha vuelto a ver desde entonces.
La vida en cautiverio: jaulas, túneles y un miedo constante
Damari fue llevada inicialmente al hospital Al-Shifa de Gaza, donde un hombre que se hacía llamar «doctor Hamás» le amputó partes de los dedos.
«Nunca sabré si lo hizo intencionalmente o por incompetencia, pero me dejó con un dolor constante y agudo», dijo.
Ella y otros rehenes fueron retenidos en la casa de un terrorista de Hamás, junto con su esposa y sus seis hijos, incluido un niño de 14 años que portaba un arma.
«Solo tenía la ropa con la que me habían secuestrado y me permitieron ducharme una vez», dijo.
Su estadía terminó cuando la casa fue bombardeada y se derrumbó.
Tras 40 días con Ziv, le dijeron que se «iba a casa», pero en su lugar la llevaron a la red de túneles de Hamás.
«Es como una ciudad. Entré y dije: ‘¡D’s mío, es enorme!'», dijo.
En los túneles vio a cinco mujeres, incluida una niña de ocho años, hacinadas en una jaula diminuta.
Una de ellas era Romi Gonen, de 24 años, a quien le habían disparado durante su secuestro en el festival de música Nova.
«Estaba apestoso, caluroso, húmedo, empapado. No te acostumbrás», dijo Damari.
El suelo estaba mojado y lleno de cucarachas. Les permitían usar un agujero en el suelo como retrete una o dos veces al día.
Damari ocultó su orientación sexual por temor a que le costara la vida.
«Ser lesbiana habría sido peor para ellos que ser judía o israelí; me habrían matado», dijo.
Los guardias le preguntaban por qué no estaba casada. Ella evadía la pregunta bromeando con que sus tres hermanos no la «dejarían salir con alguien».
«John Cena» y la lucha por sobrevivir
Para mantener la cordura, Damari creó una estricta rutina de ejercicios.
«Hacía abdominales todas las mañanas. Lo máximo que hacía eran 600», dijo.
Sus captores la apodaron «John Cena» en honor al luchador estadounidense.
«Los terroristas me llamaban ‘Sajaya’, que significa que tenés mucha confianza, mucha fuerza. Hice todo lo posible para sobrevivir», dijo.
En un momento dado, incluso convenció a un guardia para que le diera su arma.
«Pensé en matarlo, pero las otras chicas dijeron: ‘Sí, ¿y luego qué? Moriremos todas'».
Después de 13 meses de cautiverio, Damari y Gonen hicieron un pacto suicida.
“Dije: ‘No me quedaré aquí: o me escapo o me mato’”, dijo.
Enfrentó a un guardia y le advirtió: “Si no nos sacás de aquí, tendrás a dos rehenes muertas”.
Finalmente, fue liberada el 19 de enero, pero seis meses después, 50 rehenes aún permanecen en Gaza.

