Itongadol/Agencia AJN.- Eyal Zamir no es un típico jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel. No provino de una unidad de elite como Sayeret Matkal. Fue un comandante de tanques que, contra todos los pronósticos, se convirtió en el cerebro de una de las operaciones militares más osadas y efectivas en la historia reciente de Israel: la Operación León Ascendente, el ataque a gran escala contra Irán.
Zamir asumió el cargo de jefe del Estado Mayor tras la masacre del 7 de octubre, en un momento de máxima desconfianza hacia el liderazgo militar. Sin embargo, recientemente demostró una visión estratégica sin precedentes, convenciendo al primer ministro Benjamin Netanyahu y al ministro de Defensa Israel Katz de que Israel estaba listo para hacer lo que sus predecesores solo habían sugerido: atacar a Irán directamente.

Operación León Ascendente
Bajo su mando, Israel ejecutó una ofensiva aérea quirúrgica que inutilizó las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán, eliminó a 30 altos mandos de la Guardia Revolucionaria iraní, destruyó más de la mitad de sus lanzadores balísticos y asestó un golpe letal a su capacidad de producción de misiles.
En solo 12 días, la Fuerza Aérea israelí realizó 900 ataques a más de 100 objetivos clave, utilizando 200 aeronaves y 330 bombas de precisión. Al tercer día, los jets israelíes lograron libertad operativa completa en el espacio aéreo de Teherán tras suprimir las defensas aéreas locales, algo que será estudiado durante años en academias militares.
Zamir combinó poder ofensivo y capacidad disuasiva con una de sus máximas doctrinales: «La seguridad postergada se convierte en inseguridad multiplicada». No buscaba un gesto simbólico, sino una alteración duradera del equilibrio regional.
Gaza: control territorial y presión por rehenes
En paralelo, Zamir condujo la fase más compleja de la guerra en Gaza. Bajo su mando, el IDF recuperó el control de más del 75% del enclave, desmanteló tres de las cinco brigadas reconstituídas de Hamás y quebró su control político en el sur de la Franja. También neutralizó su monopolio sobre la distribución de alimentos.
A diferencia de otros jefes militares, Zamir no fue rígido con las líneas rojas: si la recuperación de rehenes requería suspender la ofensiva en ciertas zonas, lo aceptó. Su postura pragmática apuntaba a lograr los dos objetivos clave: debilitar a Hamás y recuperar a los secuestrados. Para él, la victoria no era una imagen, sino un resultado tangible.
Visón regional: Irán, hutíes y defensa local
Incluso antes de asumir, Zamir había previsto la amenaza hutí desde Yemen, y recomendaba ya entonces cortar el suministro de armas iraní por aire y mar. Como director general del Ministerio de Defensa en 2023, impulsó la producción nacional de armamento ante las restricciones internacionales, promoviendo independencia logística y militar.

También lideró acuerdos clave con EE.UU. para la adquisición de sistemas como el Domo de Hierro y municiones de largo alcance, y facilitó exportaciones a Marruecos y los Emiratos. En reuniones con funcionarios del Pentágono y contactos en el Congreso estadounidense, tejidas desde su paso por el Washington Institute, consolidó el respaldo a la defensa israelí.
Reclutamiento e innovación
Zamir aboga por fuerza masiva, movilidad, tecnología autónoma y una IDF capaz de combatir sola, si fuera necesario. Promovió el reclutamiento haredí como una «obligación nacional» y una reforma para integrar AI, drones y artillería de precisión sin perder agilidad.
A futuro, su mirada está en Irán. Espera que EE.UU. impulse un nuevo acuerdo nuclear más firme. Pero si no ocurre, y Teherán reconstruye sus arsenales balísticos, no descarta otra ofensiva, aunque advierte que esa decisión requerirá «evaluaciones complejas y consulta profunda con Washington».

