Un doble atentado perpetrado ayer cerca de la antigua estación de autobuses de Tel Aviv —una zona habitada por trabajadores extranjeros y nuevos inmigrantes— causó la muerte de al menos 25 personas, incluidos sus dos autores suicidas, y más de 100 heridos.
Anoche, la represalia no se hizo esperar y dos unidades blindadas israelíes compuestas por 20 tanques cada una y apoyadas por helicópteros atacaron varios objetivos en Gaza. En el sector autónomo palestino de Rafah se registraron siete palestinos heridos. Además, una unidad ingresó en un campo de refugiados e hizo explotar la casa de un activista del movimiento fundamentalista Jihad islámica.
El ataque de los kamikazes en la estación de Tel Aviv se produjo con una diferencia de 30 segundos y a una distancia de 200 metros una de otra. Su potencia destrozó por completo los cuerpos de los suicidas que portaban cargas explosivas de más de 10 kilogramos cada una, cubiertas con tuercas y otros objetos metálicos destinados a aumentar su poder letal.
Gran parte de las víctimas se hallaban en el restaurante al aire libre Mac China, entre ellos, inmigrantes y trabajadores extranjeros de Colombia y otros países latinoamericanos, que en un primer momento se resistieron a ser trasladados a los hospitales por los servicios de salvataje, ante el temor de ser detenidos por hallarse sin visa de trabajo. La rápida intervención de organizaciones de derechos humanos llevó al ministro del Interior, Eli Ishai —quien encabeza una campaña destinada a deshacerse de miles de trabajadores ilegales—, a asegurar que no se tomarían medidas contra los heridos y que ellos y sus familiares recibirían visas temporarias.
En uno de los lugares donde se inmoló uno de los hombres bomba se hallaron siete cadáveres, mientras que en el otro se encontraron ocho muertos. El resto falleció en el quirófano. Los servicios médicos informaron que tres personas se encuentran en estado crítico, cuatro en estado muy grave, otros siete con pronóstico reservado y el resto, con heridas leves.
La policía investiga el rastro de un automóvil negro con dos ocupantes que fue visto mientras abandonaba precipitadamente el lugar del ataque en dirección, al parecer, hacia Cisjordania. Hubo informes contradictorios sobre la responsabilidad del atentado, clamada por el grupo militante palestino Yihad Islámica, por Hamas y también por la milicia Brigada de Mártires Al Aqsa, relacionada con el movimiento Fatah del dirigente palestino Yasser Arafat.
El lugar del atentado, de difícil acceso por los embotellamientos de tráfico a esas horas en Tel Aviv, obligó a que, en un primer momento, los heridos fueran atendidos en la calle por los servicios médicos de la Estrella Roja de David.
Yitzhak Teva, un barbero local que resultó levemente lesionado, dijo que estaba trabajando cuando ocurrió la explosión. «La mitad de la pared me cayó encima y quedé cubierto por cristales rotos. Cerré mi negocio y entonces ocurrió la siguiente explosión», señaló Teva.
Un testigo que sólo se identificó por su primer nombre, Tomer, contó al canal 2 de televisión que fue a ayudar a los lesionados. «Vi a un hombre sin una pierna. Vi cosas horribles, gente sin piernas, sin brazos. Vi dedos», afirmó. Fuentes policiales israelíes explicaron que la gran potencia de los artefactos y la ausencia de documentación de muchas víctimas hizo muy difícil la identificación de los cadáveres.
El ataque terrorista se produjo al término de un día que había comenzado con fuertes medidas de seguridad en todo el país y especialmente en las grandes ciudades, por informaciones que aseguraban que grupos radicales palestinos tenían intención de cometer algún atentado.
Este nuevo ataque se produce también en medio de los esfuerzos de Egipto para lograr un cese de fuego de las organizaciones armadas palestinas, obligando de esta manera a hacer lo propio a Israel. La noticia acerca del atentado llegó a Egipto cuando comenzaba la entrevista entre el canciller Ajmad Maher y los jefes de la coalición de izquierda israelí Meretz, quienes apoyan los esfuerzos egipcios para retornar a la mesa de conversaciones.
El atentado recalentó aún más el clima preelectoral israelí previo a los comicios generales del 28 de enero, en los que Ariel Sharon se juega su futuro político. Luego de convocar a una reunión urgente de gabinete, Sharon dijo ayer que «sólo cuando se detengan los brutales ataques de terror, Israel podrá volver a hablar de paz», una posición criticada por el candidato laborista Amram Mitzna, quien considera que «la completa detención de los atentados palestinos» es una condición previa con la que Sharon «da las llaves y la capacidad de veto a la solución del conflicto a cualquier extremista que quiera boicotearlo».
La dirección palestina condenó en un comunicado el doble atentado y anunció que perseguirá a los instigadores del ataque «con firmeza». Además, instó al gobierno israelí a no emprender actos de venganza.
El sangriento ataque de ayer provocó, como era de esperar, reacciones de distintos gobiernos del mundo, incluido el de Estados Unidos. Claire Buchan, portavoz de la Casa Blanca, señaló que el presidente George Bush condenó los atentados que, según dijo, «eran la labor de quienes intentan descarrilar los intentos de paz» en la región.

