Inicio NOTICIAS Director del Departamento de América Latina del KKL, Ariel Goldgewicht: \»Estamos cambiando el mundo\»

Director del Departamento de América Latina del KKL, Ariel Goldgewicht: \»Estamos cambiando el mundo\»

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Itongadol/AJN.- El Keren Kayemet LeIsrael llevó a cabo su Congreso de Líderes de América Latina, en Argentina y Uruguay. En Israel en diálogo con la Agencia Judía de Noticias, el director del Departamento de América Latina, Ariel Goldgewicht, evaluó lo realizado y planteó planes, ideas y muchos proyectos con visión de futuro.

-Nos encontramos en Israel, a su regreso del Congreso de KKL en Uruguay. ¿Qué sensación, como responsable de esa región, trajo de este encuentro?

-En primer lugar, quisiera aprovechar la oportunidad para agradecer a los equipos de trabajo, tanto a los trabajadores profesionales como a los voluntarios. Sin ellos no podríamos haber hecho este maravilloso congreso, tanto en Uruguay como en Argentina. Enfrentarnos al obstáculo de realizar un congreso binacional fue algo logísticamente complejo, más de lo esperado. Llevar adelante la unión de delegaciones de 16 países, juntarlos en un país, cruzar con ellos la frontera y realizar el congreso en el siguiente país, fue algo que sabíamos que iba a ser difícil, pero nunca nos imaginamos cuánto. Lo interesante es que salió todo casi a la perfección. Los participantes del congreso no se dieron cuenta de la complejidad logística que hubo por detrás y el éxito se lo debemos al equipo de profesionales y voluntarios que tenemos en los dos países. Por supuesto que terminé este congreso con gran satisfacción, porque logramos alcanzar de manera espectacular los objetivos que nos habíamos planteado. Si bien el objetivo principal era poder mostrarnos a nosotros mismos, a las autoridades en Jerusalem y a los demás países la realización de los proyectos de Keren Kayemet, tanto en Israel como en la Diáspora, y las actividades que se hacen en cada país. Por medio del congreso logramos que las delegaciones compartan las maneras mediante las cuales lograron superar sus obstáculos, para que podamos aplicarlo, y también los fracasos que tuvieron, para que podamos aprender de ellos.

En Jerusalem se renovaron las autoridades. El nuevo presidente es el Sr. Daniel Atar y el vicepresidente es Hernán Felman, quien es veterano en Keren Kayemet, conoce la institución y conoce América Latina, pero es nuevo en este cargo. Creo que ambos pudieron conocer y entender la realidad del KKL en el continente, cuáles son las necesidades, las capacidades, el potencial y cuál es el equipo de gente con que se trabaja. Así podrán planear en forma estratégica el futuro cercano.

-¿Cómo evalúa el Congreso?

-En mi opinión fue excepcional, en el sentido de que logró los objetivos. Por supuesto que siempre podría ser mejor. Nos hemos llevado muchos aspectos que quisiéramos lograr para futuros congresos. Si bien este encuentro mezcla – de manera muy exitosa – diferentes temas y la cuestión de los voluntarios, la importancia de apoyarlos, reconocerlos, honrarlos y darles capacitación. En paralelo, llegamos a un congreso de profesionales, que son personas asalariadas que tienen una necesidad de poder avanzar en su capacidad profesional.

En esta ocasión tuvimos la posibilidad de realizar al mismo tiempo un congreso juvenil, con jóvenes líderes de las delegaciones de toda América Latina. Para darles la posibilidad de que conozcan quiénes somos y qué hacemos, con la intención de fortalecer a las generaciones venideras. Para el bien de la comunidad, del Estado de Israel, y – por supuesto – para el bien del Keren Kayemet. Esos tres aspectos juntos hacen que yo pueda decir que fue un congreso exitoso, y estamos ilusionados con el siguiente.

-De cara al futuro, en una realidad en constante cambio, esta institución tiene importantes socios estratégicos en el continente. ¿Cuál es el horizonte? ¿Hacia dónde se dirige?

-A mi entender, el Keren Kayemet es una de las pocas organizaciones que responde a los criterios que yo defino como “organización triangular”. Hay muchas instituciones dentro de las comunidades judías en la Diáspora que activan para fortalecer la comunidad y para apoyarla ante los obstáculos que enfrenta. Ya sea la lucha contra el antisemitismo, la asimilación, o cosas por el estilo. Luego, hay muchas organizaciones en Israel que apoyan el fortalecimiento de Israel, desde el ejército como todos los organismos dedicados al bienestar social y demás. Y también hay organizaciones que se dedican a fortalecer la unión entre Israel y las comunidades de la Diáspora. Pero somos muy pocas las organizaciones que hacemos las tres cosas. En este triángulo, ayudamos a las comunidades en las luchas que enfrentan, en la educación formal y no formal, en el ámbito de asistencia social y los diferentes temas que tienen que ver con sus dificultades, apoyamos a Israel en el bienestar de la sociedad local y nos dedicamos a reforzar y achicar el puente que nos divide o que nos une, entre las comunidades e Israel. Porque no hay duda de que cuanto más las comunidades reciban apoyo de Israel y cuanto más estas comunidades la apoyen, más cercanos se sienten a Israel. Y así se fortalece esta unión, que en mi opinión, es el secreto del éxito futuro de la población judía mundial.

-Keren Kayemet es una especie de familia, entre los directivos y los profesionales. ¿Cuál es el arma secreta?

-Yo creo que la humildad de los participantes. La manera en que trabajan los voluntarios. Quizás a diferencia de otras organizaciones, el honor no se recibe por un título sino por el trabajo realizado. No nos sentimos separados por los cargos, estamos a la misma altura y, por lo tanto, permanece esta familia en la que hay contacto también a nivel personal. Eso es algo magnífico. Yo siempre digo que las partes más importantes de un congreso, similar al que tuvimos nosotros ahora, no es lo que ocurre dentro de las sesiones sino lo que sucede entre las sesiones. En los recreos, en los espacios libres, en los que la gente crea estas nuevas amistades, estos nuevos contactos de apoyo, que nos convierten en una verdadera familia. La unión nuestra, más que profesional es emocional y personal.

-He seguido atentamente su exposición y ha hecho un punteo de los proyectos presentados, país por país. Son muchísimos. ¿Cómo es la respuesta que está recibiendo el KKL de los distintos proyectos de los países latinoamericanos?

-Nosotros estamos cambiando al mundo. Quisiera ser menos atrevido, decirlo con más humildad, pero eso es lo que estamos haciendo. Estamos cambiando la vida de personas. Y eso sucede gracias a nuestros activistas y a nuestros donantes. Nosotros aquí en Israel descubrimos necesidades en diferentes comunidades – principalmente en la periferia de Israel y en los alrededores de Jerusalem – y salimos a la Diáspora a encontrar compañeros, socios, que puedan ser partícipes de esta magnífica acción de poder mejorar el mundo. No estamos buscando inversionistas ni donantes en el sentido frío de la palabra. Estamos buscando sionistas, ideólogos, que quieren junto a nosotros cambiar el mundo. Y nosotros les ofrecemos la posibilidad de poder hacer un Israel mejor y fortalecer esta unión. Y, al mismo tiempo, encontramos también a las personas que están interesadas en mejorar las comunidades y fortalecerlas. Está muy claro que un Israel fuerte se basa en comunidades fuertes. y un Israel fuerte hace a las comunidades fuertes. Se retroalimentan.

-La experiencia de plantar un árbol es única, y me pregunto por qué no todos la pueden hacer. ¿Cómo se transmite que cualquier judío que llega a Israel puede plantar un árbol?

-No es suficiente, plantar un árbol es un símbolo, no más que eso. Es un símbolo magnífico. Yo he tenido la suerte de plantar decenas de árboles y tengo que ser sincero, cada vez que me inclino, hago un hueco en la tierra, coloco un árbol y lo cierro, me emociono nuevamente. Basta con levantar la vista y ver los bosques en Israel, que sabemos que no existían ahí antes. Por supuesto que hay muchos lemas, como que Israel es el único país del mundo que al final del siglo tiene más árboles que a principios del año pasado. Pero la verdad es que hay muy pocas oportunidades que uno tiene en la vida para poder hacer una acción hoy, que sabés que generaciones futuras van a gozar de ella, como lo es un árbol. Sabés que todos los árboles que están – grandes, fuertes y pujantes – en Israel, fueron sembrados por personas como vos y yo. Y eso te da la posibilidad de ser partícipe de este emprendimiento tan magnífico que es crear vida, y hacer a Israel verde, fuerte y poderoso. Porque a pesar de que los bosques no hacen que Israel sea fuerte a nivel militar ni económico, son una muestra para el mundo de qué es lo que realmente nos interesa. Nos conecta a la tierra de una manera quizás distinta a la de todos los demás pueblos del mundo. Y, por supuesto, nosotros le ofrecemos nuestra mano a toda persona que quiera ser partícipe de esta acción, para que todo aquel que quiera pueda venir a Israel y plantar un árbol. Sólo hace falta ponerse en contacto con la oficina del Keren Kayemet local, para que podamos ayudar a quien desee plantar un árbol, cumplir con ese sueño.

-Le pregunté a la persona que nos acompañó con las herramientas qué sensación le produce que venga gente a plantar árboles y me respondió que es un acto de amor. Dijo que también lo que él hace es un acto de amor…

-Muchas personas dan su apoyo por diferentes motivos, y en todos los casos hay un reconocimiento, una placa, el nombre de alguien, de su familia. Pero los árboles no llevan nombre. Los árboles son una oportunidad que tenemos para realizar la mitzvá de “matán beseter”, de poder hacer una acción sin que nadie sepa que fui yo quien lo hizo, pero algo que todos van a gozar y disfrutar. Si hablas de amor puro, es eso mismo. Cualquier persona, cualquier turista, que decida dedicar un tiempo de su visita para ir a un centro de plantación en el medio de la nada, hacer un hueco en la tierra, ensuciarse las manos y dejar una huella a futuro en Israel, lo hace por amor a Israel. Porque no recibirá ningún honor, y nadie sabrá dónde está su árbol. Así se creó Israel, en base a este apoyo anónimo, que es también uno de los ejemplos claves del Keren kayemet.

Si bien sabemos que la cajita azul, el “pushke” del Keren Kayemet, es una herramienta educativa mucho más que de recaudación. Y esta educación muestra que juntos podemos lograr lo que individualmente sería imposible.

-¿Cualquier persona puede plantar un árbol en Israel?

-Cien por ciento. Podes hacerlo físicamente, en una visita que realices a Israel. Se coordina con la oficina local, se llenan los formularios adecuados y aquí te estaremos esperando. Pero también se puede realizar, en verdad, sin la presencia física. Por medio de Internet podes llenar los datos, hacer el pago y un árbol se va a plantar en tu nombre. Porque, comprendemos que hay muchas personas que quisieran plantar un árbol aquí en Israel y que no necesariamente pueden venir y hacerlo.

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