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AJC. Tres lecciones que nos deja Orlando

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Itongadol.- Como espectadores de los espantosos eventos ocurridos ayer en Orlando, al igual que los norteamericanos de buena voluntad, reaccionamos con horror y consternación. Éste esmomento de expresar nuestra solidaridad absoluta con la comunidad LGBT y la ciudad de Orlando, y una oportunidad más para preguntarnos por qué las armas de guerra son tan accesibles en nuestro país. Un día después de la masacre, tres puntos definitorios se han aclarado aún más.

Primero, una vez más hemos sido testigos de un ataque terrorista horrendo motivado, en parte o totalmente, por la ideología islámica radical. El asesino era conocido por el FBI y había dejado en claro su simpatía por el Estado Islámico.

En respuesta, debemos comprender el hecho esencial: nuestro enemigo es un sistema de creencias global que considera que los valores de nuestra civilización son blancos a atacar -y utiliza el terrorismo para promover sus objetivos.

Por ende, homosexuales, cristianos, judíos, yazidis, Baha\’i, musulmanes, periodistas, caricaturistas, oficiales de policía, soldados, mujeres, y otros símbolos de una sociedad abierta, pluralista, y tolerante han estado en la mira de los soldados de esta mentalidad retorcida.

Debemos llamar al enemigo por su nombre, sin eufemismos: es la ideología islámica radical. No se trata sólo de "odio" o "extremismo violento", ni sus ataques mortíferos pueden ser reducidos, como algunos han pretendido en varias ocasiones, a conceptos tan equivocados como "violencia en el lugar de trabajo", "furia de carretera", o "reacción frente a la injusticia".

El islam radical sigue el molde de otros sistemas de creencias racistas y totalitarias con objetivos globales que le precedieron. Todos querríamos que no fuera así, pero lamentablemente lo es – y la historia debería enseñarnos el alto precio que se paga por no reconocer el peligro a tiempo.

Segundo, terrorismo es terrorismo. No se puede racionalizar, contextualizar, ni mucho menos justificar selectivamente el asesinato deliberado de personas inocentes en nombre de un sistema de creencias dependiendo de la situación.

El terrorismo que enfrenta Estados Unidos proviene de la misma fuente de creencias islámicas radicales que ha provocado ataques mortíferos en Francia, Bélgica, India, Indonesia, Nigeria, Kenia, Israel, Dinamarca, Australia y Canadá. Y la lista continúa.

Tratar de crear lo que se llama distinciones sin diferencias en cada uno de estos casos, es poco más que una argucia intelectual, ignorando los obvios denominadores comunes teológicos e ideológicos subyacentes en todos estos ataques.

Como consecuencia, todas las sociedades bajo ataque deben unirse en solidaridad y propósito, y con cooperación absoluta. Esta lucha no termina a la vuelta de la esquina. Nuestra firmeza, resiliencia y voluntad deben superar a las de nuestros adversarios.

Y tercero, pretender que no hay relación entre estos actos terroristas, incluyendo el horror de Orlando, y algunos adherentes al islam, es ilusorio y peligroso. Los perpetradores invocan repetidamente su fe. ¿Por qué hay quienes quieren creer otra cosa?

Nadie debería ni por un instante tratar de acusar o estigmatizar a toda una religión. Eso sería irresponsable, inexacto y peligroso en extremo. Todas las personas e instituciones responsables, entre ellas AJC, deben insistir en este punto una y otra vez. Nuestros valores primordiales exigen que así sea.

Pero eso tampoco significa evitar el asunto por completo. De ninguna manera. Algo anda muy mal en un sector del islam y nos amenaza a todos, tanto a otros musulmanes como al resto.

Quienes no son parte de ese colectivo tienen un rol importante que cumplir, por supuesto, ya sean los organismos de inteligencia o las fuerzas policiales, o bien mediante programas de inclusión o de desradicalización.

Pero la lucha concreta por el alma del Islam se definirá desde su interior. ¿Están dispuestos los musulmanes moderados a defender sus creencias, confrontando a los secuestradores de su propia fe? Muchos han condenado la atrocidad de Orlando, pero se necesitará mucho más que eso en esta lucha de largo plazo. En última instancia, creo, dependerá de que se pueda iniciar una reforma estructural desde adentro y que ésta prevalezca.

Los musulmanes que simplemente desdeñan a los terroristas que actúan en nombre del islam tildándolos de "no musulmanes" no le están haciendo un favor a nadie. Los terroristas invocan la religión, y sus más poderosos símbolos y enseñanzas, independientemente de cuán equivocados pudieran estar.

Como judío, cuando Igal Amir asesinó al primer ministro israelí Isaac Rabin en 1995, de ninguna manera hubiera podido yo declararlo "no judío" tan sólo porque actuó contrariamente a mis creencias judías. Vergonzosamente, él creyó a su manera estar reflejando las enseñanzas judías. Nuestra respuesta, a su vez, fue un profundo examen de conciencia y el esfuerzo, que aún continúa, de rechazar a aquellos que fomentan su pensamiento diabólico.

El ya fallecido profesor de Harvard Samuel Huntington escribió sobre el ya famoso "choque de civilizaciones". En realidad, yo diría que hay un choque adentro de las civilizaciones.

Si queremos reducir el riesgo de futuros Orlandos, más allá de las fuerzas policiales, deberán prevalecer en última instancia las voces decididas de pluralismo, modernidad, y respeto mutuo en el mundo musulmán.

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