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Un 18 de enero Egipto e Israel llegan a un acuerdo que pone fin a la guerra de 1973, conocida como Guerra de Yom Kipur

La guerra de Yom Kipur
Un 18 de enero Egipto e Israel llegan a un acuerdo que pone fin a la guerra de 1973, conocida como Guerra de Yom Kipur

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Tres años de relativa calma en las fronteras fueron destrozados en Yom Kipur (Día de la Expiación), el más sagrado día del año judío, cuando Egipto y Siria lanzaron un sorpresivo ataque coordinado contra Israel (6 de octubre de 1973), cruzando el ejército egipcio el Canal de Suez, y penetrando las tropas sirias en las Alturas del Golán. Durante las siguientes tres semanas, las Fuerzas de Defensa de Israel invirtieron el sentido de los combates y repelieron a los atacantes, cruzaron el Canal de Suez hacia territorio egipcio y avanzaron hasta 32 km. de la capital siria, Damasco.
Tras la guerra de los Seis Días (junio de 1967) reinaba una tensa calma en las fronteras de Israel y más aun después del fallido intento egipcio de diezmar a Israel durante la Guerra del desgaste (1969-1970). En regiones como Gaza se presentaban brotes de terrorismo, en tanto que el gobierno de Golda Meir reiteraba que el país estaba dispuesto a entablar negociaciones de paz sin condiciones previas, con todos o cualquiera de los vecinos. Para la opinión pública la paz era necesaria y debía ser duradera.

El descontento de los líderes vecinos era evidente y a toda costa buscaban con salidas de índole diplomático desestabilizar el orden imperante tras la conducente victoria israelí del año 67. En marzo de 1972, el Rey Hussein de Jordania anuncia un plan para crear el Reino Árabe Unido Federal, conformado por Jordania y Palestina y con capital en Jerusalem. Los países árabes, vecinos de Israel, estaban buscando pretextos para poder desestabilizar el nuevo orden de la región y poder llevar a cabo una guerra. La tónica del gobierno de Golda Meir, como lo fue hasta 5 horas antes de la guerra, era de total cautela, pasividad y prudencia, razón por la cual no se tomaron medidas al respecto. Por su parte el recién posesionado presidente de Egipto, Anwar al Saddat, adoptaría en cierta medida el legado de Nasser, quien afirmó antes de morir en septiembre de 1970 que «lo que se había quitado por la fuerza, volvería por la fuerza». Tras la expulsión de los soviéticos en julio de 1972, Saddat nombra como Ministro de Guerra al general Ahmed Ismail, uno de los más reconocidos y laureados militares egipcios y quien había liderado sin mayor éxito la guerra del desgaste. En tanto el premier soviético Leonidas Brezhnev buscaba que Egipto entrara en la tónica de la Distensión con sus vecinos además de anunciarle que recortaría el suministro de armas. Ambas potencias sabían que ni la paz ni la guerra era lo conveniente para el Statu quo imperante en su momento.

Mientras esto sucedía con sus vecinos, el ministro de Defensa israelí, Moshe Dayan afirmaría ante la Kneset a finales de ese mismo año que Israel debería prepararse para un Statu quo prolongado de diez a quince años y por lo tanto debía actuar como gobierno permanente de los territorios ocupados, anexando la economía de los mismos a la del propio país. Hubo fuertes voces disidentes, entre ellas la del Vice Primer Ministro Igal Alón, así como de otros miembros del gabinete quienes afirmaron que ello no contribuiría a la búsqueda de la paz. Curiosamente Simón Perez había sido la única voz a favor de la propuesta de Dayan. El siguiente año se iniciaría en Israel con graves problemas sociales y económicos, así como la creciente amenaza del terrorismo tras los crueles hechos de las olimpiadas de Munich en 1972 que le costaron la vida a 11 deportistas israelíes. Pos su parte Egipto, encabezado por el General Ismael, crearía la Federación de Repúblicas Árabes conjunto con Siria y Libia. Eran conscientes que en caso de llevarse a cabo una guerra debían contar con un aliado estratégico que les permitiera atacar por dos frentes. La incursión de Libia era más de carácter formal, además que estos últimos, tras el derribo por parte de Israel de un avión comercial en la península del sinaí, tenían motivos para participar de una eventual guerra.

En marzo de 1973 los egipcios empezarían a movilizar tropas con el fin de realizar entrenamientos. Por otra parte Saddat había logrado que la URSS reanudará el envío de armas a su país a cambio de cooperaciones de índole comercial y político en la medida que la potencia Comunista lo requiriera. Para finales de abril e inicios de Mayo, ambos países buscaban un momento preciso para atacar, hecho que no ocurrió ya que la celebración de los 25 años de la creación del Estado de Israel estaba cerca y por lo tanto las tropas estarían alerta. Por aquellos días el Presidente Assad de Siria había logrado acuerdos bilaterales con la Unión Soviética, hecho que motivó el envió de tanques T-62, aviones tipo Mig 21 y cohetes de defensa anti aérea tipo «Sam». Este hecho no intrigó a los norteamericanos, los cuales respetaban los esquemas de la Distensión y simplemente observaban los toros desde la barrera sin emitir protestas o preocupaciones al respecto. Sabían que era zona de influencia Soviética y por lo tanto debían ser prudentes con cualquier movimiento. Entre tanto Tzajal se puso en Estado de alerta máxima por motivo de la independencia, desatinando recursos que 4 meses después hicieron mucha falta.

El 12 de junio se reúnen en Damasco Saddat y Assad, allí se montan las bases para un futuro ataque y se deja como precedente que «Inicialmente no se buscaba la destrucción total de Israel sino simplemente la recuperación de los territorios ocupados durante la guerra de los 6 días». Curiosamente ninguno de los dos Estados árabes incluiría la causa palestina dentro de sus objetivos. Sabían que ello les representaría un problema que no buscaban y por lo tanto no se incluyeron a las facciones de Al Fatah y a la OLP para los preparativos de la guerra. Además el general Ismail buscaba alianzas con Jordania y las relaciones de estos últimos con la OLP no eran buenas, por lo cual debía dejarse de lado a Abu Amar (Yaser Arafat) y sus secuaces.

En síntesis, las demoras en el inicio de las acciones militares eran de índole diplomático, porque era fundamental el apoyo de toda la comunidad árabe y en especial de Jordania, que tenía fuertes discrepancias con Egipto. Una alianza con los jordanos permitiría tener un tercer frente de acción en caso de que las cosas se complicaran. La mediación del Rey Faisal de Arabia Saudita fue fundamental para limar las asperezas entre Saddat y Hussein.

Mientras esto ocurría en los países árabes, el gobierno de Israel implementaba una política disuasoria para demostrarle a sus enemigos su poderío militar. Esto se vio materializado un 13 de septiembre cuando la fuerza aérea de Israel derribó tres aviones mig sirios. Ese día Saddat dio la orden de la cuenta regresiva para la guerra.

Asimismo los israelíes se estaban concentrando en las elecciones generales que se llevarían a cabo el 30 de octubre y asumían, de forma irresponsable, que los árabes no llevarían acabo una acción militar en el mes del Ramadán y menos tras no haber respondido al derribo de los migs. Aunque los egipcios nunca lo mencionaron, e incluso una amplia mayoría del ejército desconocía la fecha del ataque, el 6 de octubre era el momento preciso por varios factores. Primero porque coincidía con Yom Kipur y por lo tanto el país estaría completamente desprotegido. Segundo porque coincidía de acuerdo con el calendario Musulmán con la batalla de Badr, día en que se conquistó La Meca y se amplió la difusión del Islam. Tercero porque las condiciones meteorológicas favorecían un ataque en altas horas de la madrugada, hecho que después no se daría.
El informe Agranat

Ese 6 de octubre de 1973 el Estado de Israel vio amenazada su existencia de forma contundente y dramática gracias a la «operación Badr o relámpago», nombre que le dieron egipcios y sirios al ataque. Ahora lo importante en este sentido, más que recapitular los hechos fundamentales que llevaron a los israelíes a ganar finalmente la batalla, 18 días después, es observar si esas 2500 bajas que le representaron al país un alto costo moral y social, pudieron haberse evitado.

La comisión Agranat, conformada para evaluar el accionar durante el conflicto, encontró tres falencias fundamentales en los sistemas de información del Israel. La primera fue el absoluto convencimiento, tanto del gobierno laborista de la época como de los sistemas de inteligencia, y a pesar de conocer los movimientos tácticos de los egipcios en el canal del Suez, de que se trataba de ejercicios militares regulares durante esa época del año y de que los egipcios no atacarían hasta no contar con una flota de aviones renovada. Incluso estas sospechas fueron corroboradas por la CIA quien no se alarmó por ello. En gran parte esta actitud norteamericana le daba algo de seguridad al gobierno, quien en una actitud irresponsable estaba más preocupado por sacar adelante unas elecciones que por la seguridad de su pueblo.

El segundo aspecto fue el manejo de la información. Se descubrió que las personas que le proporcionaban datos de inteligencia al ejército israelí habían realizado un buen trabajo pero que el mismo ente de defensa había incurrido en excesos de confianza. Por lo tanto, hasta no tener una confirmación 100%, no podían realizarse maniobras o desplazamientos, ya que ello le representaba altos costos al Estado y al ejército, costos que se habían malgastado durante la conmemoración del 25 aniversario de la independencia, en mayo del ‘73.

En tercer lugar los jefes del ejército de Israel sacaron conclusiones apresuradas de las informaciones que recibían y estaban convencidos que no habría guerra. En cuanto a los despliegues de tropas sirias esto se tomó como parte de maniobras defensivas con carácter intimidatorio y no se le prestó la atención debida. Otro hecho que se descuidó fue la adquisición por parte de Siria de nuevas Armas como lo fueron los cohetes tierra-aire, «Sam». Estos estaban en capacidad de derribar a cualquier aeronave israelí sin necesidad de usar los Mig 21 u otra arma. Israel creía que Egipto no iría a la guerra sola y por lo tanto dudaba que los sirios hiciesen lo mismo.

El día 5 de octubre los comandantes del ejercito israelí recibieron informaciones precisas que alertaban de una alta posibilidad de guerra. Los encargados de manejar la información revisaron sus conclusiones y empezaron a dudar acerca de las apreciaciones sacadas en los días previos y concluyeron que la posibilidad de una guerra era extremadamente dudosa.

El informe concluye culpando al jefe del Estado Mayor, General David Eleazar, quien debió haber llamado a los reservistas una semana antes de que estallaran las hostilidades, o por lo menos el día 5 de octubre, con el fin de equiparar fuerzas en las fronteras y evitar así una avanzada egipcia a lo largo del sinaí. «Toda acción preventiva que garantice la seguridad del Estado debe ser tomada sin importar los costos que ello represente», agregó la comisión y destacó que gran parte de las negativas del ejercito respondieron a cuestiones económicas relacionadas con el gobierno.

En la mañana del 6 de octubre, cuando se hizo evidente que habría guerra, fuertes discrepancias entre Moshe Dayan y David Elazar en cuanto al número de reservistas que serían llamados dilataron aun más el envió de tropas a las fronteras. Las diferencias se limaron gracias a la mediación de Golda Meir, quien inicialmente optó por la propuesta de Dayan, la cual restringía el número de hombres a ser llamados. Además se descartaba un ataque preventivo por razones políticas, hecho que apoyaban los norteamericanos.

Afortunadamente 20 minutos después de las primeras decisiones, la Primer Ministro se iluminó y cambió de opinión al decretar el reclutamiento de todos los reservistas, una decisión más que acertada, en medio de imprecisiones y pugnas burocráticas que pusieron en riesgo la existencia del país. Todo esto sucedió 5 horas antes que aviones cazas Mig 17 de la fuerza Aérea siria atacara a los poblados de Druze y Majdal Shams en las laderas del Hermón.

El desenlace y los números más relevantes de esta guerra son: 18 días de fuertes combates. 1 millón de soldados empleados entre Siria y Egipto además de 4500 tanques y 1000 aviones, una diferencia de 12 a 1 con respecto a Israel. 18.000 muertos por parte de la coalición árabe y 2.523 por parte de los israelíes. Como dato curioso cabe resaltar que los Estados Unidos entraron en alerta nuclear de grado 3, porque ya se especulaba con que el gobierno de Brezhnev atacaría en Israel.

Tras ser presentado el informe Agranat, el general David Eleazar renunció a su cargo y el recién reelegido gobierno de Golda Meir haría lo mismo en abril de 1974, producto de las fuertes presiones de la oposición. Iztjak Rabín presentaría un nuevo gobierno encaminado a lograr avances significativos para la paz y la seguridad de Israel como lo fue el acuerdo logrado con Siria en Mayo de 1974, que marcó el fin de las hostilidades y el «minidesgaste».

Son treinta años que han dejado muchas reflexiones al respecto a una de las guerras más graves que ha vivido el Estado de Israel en su corta existencia. Aniversario que se celebra bajo una de las épocas más duras y difíciles que ha tenido que vivir el país producto del terror de los palestinos y su incapacidad para controlarlo.
Fte Hagshama

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