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¿Voto para la paz? Por SAMUEL HADAS

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Su cometido: asegurar el éxito de las próximas elecciones presidenciales palestinas del 9 de enero próximo, de las que surgirá su sucesor. Todos están pendientes de unas elecciones que se han constituido en una prueba de fuego de los palestinos y de los demás implicados en el proceso de paz.

La invasión comenzó con el secretario de Estado Colin Powell, a quien le sucedieron sus colegas el británico Jack Straw, el ruso Serguei Lavrov, el español Miguel Ángel Moratinos, el alemán Joschka Fischer. Hoy llega el primer ministro Tony Blair. Esta semana se espera asimismo a los jefes de las diplomacia de la República Checa, Italia y Nigeria.

Desde Sharm El Sheij, donde se reunió con el cuarteto, el alto representante de Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea, Javier Solana, comentó que el objetivo es el de «apoyar con todos los medios posibles las elecciones que legitimarán la nueva autoridad palestina». También Egipto y Jordania consideran que se está ante una «oportunidad de oro» y sus diplomacias se muestran nuevamente activas en este frente.

Las elecciones constituyen un paso positivo y hasta vital en una transición compleja que podrían tener un impacto decisivo en el futuro del proceso de paz. Si se desarrollan normalmente y surge un liderazgo legítimo y democrático que devuelva la estabilidad a la Autoridad Nacional Palestina, podrían crearse las circunstancias para relanzar el proceso de paz. Sobre todo si el futuro presidente obtiene una tregua por parte de las organizaciones terroristas palestinas, lo que podría traer la suspensión de las operaciones militares israelíes en los territorios palestinos. Pero nadie excluye que en el momento más inesperado las organizaciones terroristas palestinas recurran nuevamente a su recurso predilecto para malograr cualquier iniciativa de paz: el envío de bombas humanas suicidas.

De ahí que el objetivo principal de las potencias internacionales sea asegurar elecciones libres y el establecimiento de un régimen democrático. Es evidente la fragilidad del proceso de transición palestina. La dirección del partido mayoritario, Al Fatah, en manos de la vieja guardia ha logrado superar, por el momento, el más volátil problema: una confrontación entre las distintas generaciones, facciones y milicias que hacen de su partido un supermercado político. Han elegido aceleradamente a Mahmud Abbas (Abu Mazen), como su candidato a la presidencia. Abbas cuenta, además, con el apoyo de algunos de los jefes de la docena y media de organismos de seguridad palestinos, cruciales en la ecuación, dado el poder que han acumulado.

Pero Abbas no es popular en la calle palestina por sus reiterados llamados a poner fin a la intifada armada, que consideró de siempre un error, lo que, como se recordará, le causó más de un disgusto con Yasser Arafat. Aunque la cálida acogida que se le brindó internacionalmente le ayuda a ganar apoyo entre los palestinos.

La retirada de la carrera electoral del carismático Marwan Barghuti, prominente figura de la generación joven de Al Fatah (encarcelado en Israel por su participación en la planificación de actos terroristas) y el apoyo que acaba de dar a Abbas, permite anticipar su victoria en las elecciones presidenciales. La retirada de Barghouti es el resultado de un acuerdo entre las facciones de Al Fatah para impedir una división en el partido, a cambio de la promesa de convocar elecciones internas en Al Fatah, las primeras después de 16 años, que seguramente traerán una esperada transición generacional en el liderazgo de Al Fatah.

La joven guardia palestina, duramente enfrentada con los viejos, es un dispar conglomerado de políticos jóvenes, jefes de organismos de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina (algunos enfrentados entre sí), milicias armadas, líderes de clanes locales, etcétera, cuyo único común denominador es el rechazo al estamento político dominante.

Pero lo que es evidente es que la responsabilidad no puede recaer sólo en el nuevo líder palestino, que será incapaz de avanzar en la dirección debida sin la ayuda masiva de la comunidad internacional. No hay comentarista que no insista en estos días en la necesidad de una enérgica implicación internacional que se considera crucial, lo que exige en primer lugar recomponer las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea y logar una convergencia de sus políticas en la región. Israel, por su parte, ahora que ya no está quien fue considerado por su Gobierno el principal obstáculo para las negociaciones, deberá demostrar generosidad y cooperar con la Autoridad Nacional Palestina, al lado de las potencias, para asegurar primero que las elecciones sean libres y democráticas, y posteriormente para ayudar a un nuevo liderazgo con las manos llenas de desafios.

La Autoridad Nacional Palestina, por su parte, además de emprender inmediatamente las necesarias reformas de su sistema administrativo y de sus organismos de seguridad, deberá hacer todos los esfuerzos para desmantelar, sin demoras, la infraestructura terrorista que opera desde los territorios palestinos y, finalmente, presentar propuestas claras para una solución permanente del conflicto con Israel. La ausencia de Yasser Arafat ha dejado libre el camino.
L.V:D

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