Itongadol.- El canciller argentino, Héctor Timerman, presentó su renuncia indeclinable como socio de la AMIA por medio de una carta que envió a su presidente, Leonardo Jmelnitzky, para de esa manera evitar que cuando la DAIA sostiene que es la representación política de la comunidad judía de la Argentina, hable en su nombre.
El motivo principal por el que habría tomado esta decisión se relaciona a la posición que mantiene la mutual judía, al igual que la DAIA, de oposición al Memorándum de Entendimiento que la República Argentina firmó con la República Islámica de Irán, que según el canciller lo único que intenta es impedir que se avance en la investigación del atentado a la AMIA, mientras que dos de las agrupaciones de familiares de víctimas fatales del trágico hecho lo apoyan, algo que se hizo evidente en la audiencia que el Tribunal de Casación realizó hace pocos días para considerar su constitucionalidad.
El canciller afirma que ha notado que los referentes de la DAIA y la AMIA consideran “judíos vergonzantes” a quienes critican su accionar y antisemitas a los no judíos que hacen lo mismo.
Sin entrar en otras consideraciones -como por ejemplo, cuando dice: “Fue una escena tan triste ver desfilar por los medios del Grupo Clarín a cualquier dirigente de vuestras instituciones que desee vilipendiar la posibilidad de que se juzgue y castigue a los culpables del atentado”-, el solo hecho que Héctor Timerman renuncie a la AMIA para que la DAIA no lo incluya entre sus representados, dado que la primera es una de las instituciones comunitarias judías que la integran, implica que adhiere a lo planteado por quienes se identifican como “argentinos de origen judío”, tanto en el manifiesto presentado a mediados de febrero pasado como en lo expresado en el acto que llevaron a cabo el 22 de abril en el salón de actos de FOETRA.
También su renuncia es la confirmación de que está plenamente convencido de que el Memorándum de Entendimiento es el medio eficaz para intentar llegar a la dilucidación de lo ocurrido el 18 de julio de 1994 y que quienes se oponen al mismo son utilizados por quienes desean perjudicar a la Argentina.
Ello está claramente expuesto cuando escribe: “Las víctimas de la AMIA nos interpelan a diario, y lo seguirán haciendo mientras no se juzgue y castigue a los culpable. No es aceptable que su injusta muerte se convierta en una pieza de ajedrez de los intereses geopolíticos de otros países o grupos partidarios locales. No podemos permitir que su memoria sea utilizada como herramienta de presión de los fondos buitres como hacen con la intensa campaña montada en los Estados Unidos. Dos años antes de que Alberto Nisman publicara su canallesca denuncia ya los fondos buitres publicaban solicitadas sobre el supuesto pacto espurio entre Argentina e Irán. No los acuso a ustedes de montar una conspiración, los acuso de que vuestro silencio como dirigentes comunitarios valida que la escoria local e internacional utilice a las víctimas para sus interese espurios”.
Sin duda que el texto de esta “renuncia indeclinable” golpea a la dirigencia comunitaria judía, que a lo largo de estos años apoyó y apoya las posturas asumidas por las conducciones de la AMIA y la DAIA en relación al Memorándum de Entendimiento.
Pero también se debe tener en cuenta que desde poco después de fines de enero de 2013, cuando el Memorándum de Entendimiento se hizo público, hubo miembros de la comunidad, algunos de ellos dirigentes, que planteaban que por haberlo aceptado y firmado en nombre de la República Argentina, la comunidad debía juzgar éticamente a Héctor Timerman, llegando varios a sostener que la AMIA debía expulsarlo como socio.
Con su carta de renuncia, el canciller argentino les responde claramente, como también a todos los que están posicionados a favor de considerar válida la denuncia que como fiscal federal efectuó Alberto Nisman cuatro días antes de su extraña muerte.
Si en el seno comunitario ya existía un profundo debate sobre esta temática, el hecho producido por Héctor Timerman que estamos comentando la agiganta, pues divide las aguas en dos claros sectores: quienes están de acuerdo con el Memorándum de Entendimiento y aquellos que se oponen, considerando que los primeros desean el esclarecimiento del atentado a la AMIA y los segundos no, por más que digan lo contrario.
Ésta es una tajante separación que perjudica, a nuestro entender, a toda la comunidad judía de la Argentina y que puede dar lugar a una división que ponga en peligro su continuidad.

