Itongadol.- El pasado 2 de abril, la comunidad internacional a través del llamado G-5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, más Alemania) e Irán alcanzaron un aparente "acuerdo marco", aunque sólo verbal, sobre el futuro del peligroso y preocupante programa nuclear iraní. De acuerdo con éste, Irán se comprometería por espacio de una década a no utilizar ni uranio enriquecido ni plutonio. Transcurrido ese plazo podría quedar en libertad de acción, pero sujeto a algún mecanismo de control.
No obstante, desde el mismo momento en que se hicieron los esperados anuncios sobre el contenido de lo convenido, las partes han demostrado que existen diferencias no menores en la interpretación de lo que efectivamente se tuvo por acordado. Por esta razón puede sostenerse que lo más importante de lo hasta ahora convenido es la continuidad de las negociaciones en marcha y la ratificación del vencimiento del plazo antes definido para alcanzar un acuerdo explícito e integral sobre el futuro del programa nuclear iraní, cuyo vencimiento ocurrirá el 30 de junio venidero.
Irán ha definido dos condiciones sin cuyo estricto respeto no habría acuerdo. La primera de ellas es que todas las sanciones contra Teherán deberán levantarse íntegramente al suscribirse los acuerdos. La segunda es que la actividad militar iraní relativa al programa nuclear no será revelada ni controlada nunca. Ambos criterios pueden hacer fracasar las negociaciones, pero es posible que su enunciación apuntara a aplacar al sector más intransigente de la oligarquía clerical que domina a Irán.
Los Estados Unidos, por su parte, han acordado internamente que la aprobación del acuerdo final con Irán deberá obtener el visto bueno previo del Congreso norteamericano, dominado por la oposición republicana.
Pese al esfuerzo realmente hercúleo ya realizado por los negociadores, lo cierto es que aparentemente quedan todavía por delante algunos temas fundamentales. Primero, el de las inspecciones y los mecanismos de control y verificación del cumplimiento genuino por parte de Irán de todos los compromisos que oportunamente asuma. Esto incluye, naturalmente, las bases militares de ese país, que no pueden quedar al margen de lo que se convenga. Segundo, cómo se restaurarán sin demoras las sanciones a Irán en caso de que aparezcan futuros incumplimientos sustantivos de su parte. Tercero, poder identificar a los proveedores, tecnologías y asesores hasta ahora utilizados por Teherán en el campo nuclear. Cuarto, qué se hará con el uranio enriquecido a altos niveles del que ya dispone Irán.
Fácil es advertir el cuidado y la cautela que exige la trabajosa negociación con el régimen de Teherán.
*Editorial del diario La Nación

