Itongadol.- El Museo del Holocausto de Buenos Aires llevó a cabo un homenaje al rabino Hanns Harf z’l, quien cumplió el centenario de su natalicio el pasado 23 de marzo.
El rabino Hanns Harf nació en Alemania y llegó a la Argentina a fines de 1939, luego haber sido liberado del campo de concentración de Sachsenhausen junto a su esposa Suse Hallerstein. En Buenos Aires, luego de un corto período que vivió en la zona céntrica de la ciudad, se traslado al barrio de Belgrano, donde comenzó a realizar una intensa obra pastoral nucleando a judíos de habla alemana y fundando la Nueva Comunidad Israelita – NCI, de la que fue su rabino hasta su fallecimiento. También participó activamente en la fundación de Lamrot Hakol, el Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer, una filial de la B’nai B’rith y colaboró con el resto de las instituciones comunitarias, entre ellas la Asociación Filantrópica Israelita – AFI. El rabino falleció el 27 de octubre de 2004.
Durante el evento, el presidente de la institución, Claudio Avruj, expresó: “Es un orgullo rendir tributo y homenaje a alguien que ha transcurrido su vida brindando servicio por la comunidad. Creemos fuertemente nosotros que este Museo tiene que albergar, junto con los testimonios, historias de vida. Estamos hoy aquí dispuestos a enriquecernos con la palabra de aquellos que conocieron y compartieron el camino del rabino Hanns Harf z’l, que no es mi caso”.
Este homenaje fue declarado de “Interés Cultural” por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por iniciativa de uno de sus miembros, el diputado Daniel Lipovetzki. Éste hizo entrega diploma respectivo a las autoridades del Museo, quienes luego se lo entregaron a la familia del Hanns.
El rabino Sergio Bergman expresó: “Él fue un ejemplo de un modelo rabínico que sentó como precedente y antecedente pero que lamentablemente no lo tenemos más en vida, y somos pocos los rabinos que podemos mantener la tenacidad, la constancia y el bajo perfil de un pastor de una comunidad. Hoy tenemos que asumir la distancia abismal de lo que fue como rabino, de una tradición que él incorporó que tiene que ver con el judaísmo liberal. Él traducía un judaísmo vital, cercano a la necesidad de la gente. Creo que este reconocimiento, quizás en forma tardía, es un acto de justicia. Creo que Hanns Harf z’l no tuvo ni el reconocimiento ni el lugar que le corresponde en la historia del judaísmo liberal en la Argentina. Creo que tenemos que reparar toda su obra que fue para mí injustamente criticada en su tiempo vital, mal asimilada en el movimiento conservador, del que también participó, y es una deuda que está pendiente. Por lo tanto espero que este tipo de reconocimiento nos sirva para reparar la deuda pendiente y no solamente asumir que con este reconocimiento terminamos el trabajo. Creo que es una página que todavía no comenzamos y debemos tener el coraje de hacerlo”.
Por su parte, el rabino Alejandro Avruj, quien siguió el trabajo de Hanns, recordó la noche del velatorio del homenajeado: “Esa noche no me la podré olvidar nunca, me la voy a llevar como un honor y también como un mensaje. Creo que fui el que menos lo conoció de los que estuvieron junto a él durante tantos años. El mensaje es la falta de reconocimiento y agradecimiento que tiene muchas veces la comunidad. Creo que nunca se lo reconoció y agradeció en vida y por supuesto que falta mucho, incluso ahora”.
Uno de sus nietos, Fernando, Luego de las palabras de los rabinos Bergman y Avruj, narró a los presentes algunos de sus recuerdos sobre las vivencias que tuvo junto a su abuelo. “Él era una buena persona, fue quien más impacto tuvo cuando era adolescente”, dijo. Hanns tuvo tres hijos, Eva, Ruth y Miguel, dos de los cuales viven en Israel, once nietos y una cantidad de bisnietos que sigue aumentando con el paso de los años.
Por último, Alberto Hammerschlag se refirió a su relación con el rabino Harf, primero como miembro y después como directivo de NCI – fue presidente de esa comunidad en dos oportunidades – y destacó la humildad y la visión universalista con la que vivía el judaísmo. “No era un rabino más, era un pastor de almas”, destacó.
Por su parte, Ruth Harf, hija del rabino, dijo, en diálogo con la Agencia Judía de Noticias: “Creo que mi padre fue un ejemplo para las próximas generaciones. Fue un adelantado. Lo que todo el mundo dijo de él siempre es que era un pastor de almas. Hay tres grandes cosas que para él eran más importantes que nada: loso principios éticos en la coducta, que los rabinos de toda América Latina estén juntos, y que su responsabilidad y la de todos los rabinos era crear comunidades por cada una que los nazis destrozaron. También fue un adelantado en el respeto por la diversidad y en las conversiones”.
Entre los asistentes se encontraban los directivos de NCI, AFI, Lambrot Hakol, B’nai B’rith Argentina, Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer; y el embajador de Alemania, Bernhard Graf von Waldersee, país que condecoró al rabino Hanns z’l con la “Orden de Mérito”.
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