Itongadol.- La firma del acuerdo entre Irán y el grupo P5 +1 de las potencias mundiales es digno de titularse un "acontecimiento histórico". Sin embargo, es un evento que no finaliza con la propia firma, ya que el acuerdo es el comienzo de un largo y complejo proceso cuya finalidad es extirpar el programa nuclear iraní y detener la carrera de la República Islámica hacia las armas nucleares. Como todo acuerdo, éste no cumple con todos los deseos de las partes. Las seis potencias mundiales se verán obligadas a mantener sus sospechas sobre Irán, para supervisar incesantemente sus acciones y no dejar que el látigo del castigo caiga de sus manos, en caso de que Irán viole el acuerdo. Irán, por su parte, se verá obligado a esperar pacientemente hasta que los poderes decidan que es hora de aliviar las sanciones aún más y permitir que el país rehabilite su economía.
Las secciones técnicas del acuerdo sobre las limitaciones en el enriquecimiento de uranio, la concesión de la fabricación de agua pesada y la conversión del material ya enriquecido para combustible y gas pueden ser el núcleo del acuerdo, pero no menos importante es la voluntad de ambas partes para resolver la disputa diplomática, y para darle una oportunidad a la confianza mutua. Aquí reside el verdadero punto de inflexión en las relaciones entre Occidente e Irán, que fue visto en el carácter de las negociaciones, el deshielo de las relaciones entre Irán y Estados Unidos, el diálogo directo y el reconocimiento por cada lado que enfrente se situaba un actor racional con sus propios intereses políticos y diplomáticos.
Israel también hizo una contribución esencial para el pacto. El primer ministro Benjamin Netanyahu tuvo éxito durante los últimos años en convencer a la mayoría de las naciones del mundo que la amenaza nuclear iraní era real, y que una bomba iraní podría poner en peligro no sólo a Israel, sino a Medio Oriente y al mundo entero. El llamado de Israel de imponer sanciones severas y su amenaza de usar la fuerza, incluso sin el apoyo internacional, aumentó la sensación de urgencia y en última instancia, adelantó el éxito del acuerdo.
No obstante, así como Netanyahu inculcó en las potencias del mundo un compromiso para la seguridad de Israel contra la amenaza iraní, ahora debe adoptar el resultado de estos esfuerzos, darle al acuerdo una oportunidad y fortalecer la probabilidad de que un acuerdo con Irán es preferible a una amenaza sin acuerdo. La apresurada respuesta de Netanyahu – "lo que se logró anoche en Ginebra no es un acuerdo histórico, fue un error histórico", y la afirmación de que el acuerdo "pone en peligro muchos países y, por supuesto, Israel entre ellos. Israel no tiene la obligación de estar de acuerdo" – es destructiva.
La oposición automática y las amenazas aíslan a Israel, y debilitan su poder de influir en los futuros acuerdos con Irán, que serán aún más importantes que éste.

