“Para mí en lo particular fue una ratificación de mi propia condición de judío. Significó la comprensión de que el judaísmo es un fenómeno que excede a cualquier tipo de clasificación que se quiera hacer desde cualquier lugar, sino que es un fenómeno múltiple, cultural, ancestral que nos trasciende y nos comprende y de alguna manera es un ingrediente de mi identidad”, así comenzó a relatar sobre el significado que tuvo el viaje que realizó a Israel con Keren Kayemet Le-Israel (KKL), el escritor Sergio Sinay. En diálogo con la Agencia Judía de Noticias (AJN), Sergio Sinay, escritor que vivió su infancia en Santiago del Estero y regresó a su natal Buenos Aires al finalizar sus estudios secundarios, contó sobre la experiencia única que vivió en un viaje a Israel.
Sergio Sinay contó a AJN sobre el viaje organizado por KKL. En el mismo, el escritor relató el papel que jugó la identidad judía en el mismo. “Me constituye más allá de que pueda tener momentos de mayor acercamiento o alejamiento, pero siempre es constitutivo de mi identidad y este viaje lo ratificó y lo encendió”, explicó. Sinay contó que “fue un viaje muy emocionante y conmovedor en el plano personal”. Sobre el aporte que le dio KKL, el escritor dijo que “hacerlo con el KKL le dio un plus en todos los aspectos, porque estuvo más allá de ser un mero viaje turístico”. Sinay agregó que para él, el mismo significó un “viaje de exploradores de la propia identidad, de las propias raíces, y en ese sentido creo que la forma en que fue estructurado por el KKL lo llevó a una profundidad mucho mayor de lo que podría tener un viaje convencional”.
“Esto se vio reflejado desde el guía que nos acompañó- Ariel un argentino historiador que vive desde hace 20 años en Israel- esto hizo que sea mucho más que un mero ilustrador de los lugares que visitabamos sino que cada visita era una oportunidad para reflexionar y hacerse preguntas sobre la propia memoria, el propio pasado”, indicó. Además, Sinay explicó que el viaje le permitió conocer Israel desde sus “costados más profundos y significativos”. “Nos permitió no solamente visitar, sino que adentrarnos en la visión que sostiene este país, la visión ideológica, estratégica, la emocional y afectiva que hace que este país sea el país singular que es”, agregó.
Cualquier artista, escritor, compositor expresa a través del arte lo vivido en su experiencia de mundo. En este caso, Sinay proyectó que el viaje realizado a Israel será “sin duda una inspiración” para futuros trabajos. “Habitualmente los viajes son fuentes de inspiración en la medida que te permiten conocer el mundo, poder hablar de él, a través de la experiencia vivida, del pensamiento o desde la imaginación”, añadió. Sinay contó que en particular esta experiencia significó “un viaje hacia mi interior”. Asimismo resumió: “Yo creo que quienes trabajamos con la palabra, dejamos siempre una huella en los textos que escribimos. Los textos nos representan”. “Fue un viaje muy movilizador y muy nutricio para mi trabajo de escritor y también para mi actividad de pensador”, indicó.
Llegar a Israel conecta a todo judío con su judaísmo. De una u otra forma nos conecta con nuestra educación judía, tradiciones y lo que el ser judío nos representa. Sinay resumió esta idea con una anécdota: “Casi al final del viaje estuvimos en la sala donde Ben Gurion declaró la Independencia del Estado de Israel. Y al final de la explicación del guía que fue extraordinaria, y luego de haber visto la sala y estado en el mismo lugar donde se declaró la independencia esa tarde del 14 de mayo de 1948, el guía nos invitó a todos a cerrar la visita cantando “Ha-Tikva” (Himno Nacional de Israel). Yo que viví mi infancia en Santiago del Estero, donde no había colegio judío y fui a escuelas públicas, solo en las tardes unos pocos meses del años teníamos dos veces en la semana unas clases con un more o mora (profesores) que venían de otras provincias. Practicamente mi educación judía estuvo basada en eso y en las tradiciones que se seguían en nuestros hogares que era la educación judía que teníamos. En el Shule o en las festividades que se hacían en la Keila de Santiago, que era una comunidad bastante activa a pesar de ser pequeña, habré cantado la Tikvah unas pocas veces en mi vida y probablemente la última vez habrá sido a los 14 ó 15, y nunca más lo había cantado. Cuando comenzó a sonar el Himno, yo canté en Tel Aviv el Himno entero y fue un momento muy emocionante por estar ahí y por lo que me estaba pasando a mí en particular. Comprobé hasta que punto mi memoria conservaba todo esto, me lo ofrecía y me conectaba con la situación. La memoria emocional fue algo impresionante, porque me di cuenta que sabía toda la letra. Además recordaba también el significado de la misma”. “En sí el viaje fue una reconexión emocional muy fuerte con algo que es constitutivo de mi identidad”, indicó.
Por último el escritor expresó su conclusión sobre el viaje que realizó a Israel con KKL: “Es un viaje necesario desde el punto de vista del alma, la historia personal de cada uno e incluso para el intelecto, ya que tengo muchos más argumentos para hablar, escribir, entender y debatir sobre la situación de Israel en Medio Oriente y el mundo, más allá de un simple hecho informativo. Desde ese punto de vista diría que quien pueda hacerlo lo haga. Ya que no es simplemente surfear sobre la superficie de Israel sino que es poder bucear en lo que realmente constituye la sociedad israelí. Es un viaje que recomiendo”.
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