Con la inauguración de un monolito y la plantación de un árbol, un símbolo distintivo de la tradición judía que representa el respeto por la vida, la solidaridad y la memoria, en homenaje al diplomático sueco Raoul Wallenberg y su incansable trabajo para salvar de la deportación a los campos de la muerte a miles de judíos húngaros en las últimas etapas del Holocausto, la Embajada del Estado de Israel y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires conmemoraron ayer, lunes, el Día Internacional de los Derechos Humanos en la Plaza de la Shoá.
El subsecretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, Claudio Avruj, trajo el saludo del jefe de gobierno, Mauricio Macri, y se refirió al accionar de ese “Justo entre las Naciones”, tal como lo declaró Yad Vashem, el memorial israelí de la Shoá.
Por su parte, la embajadora Dorit Shavit (foto) afirmó que, con ese acto, los organizadores “honran la labor y el nombre” de Wallenberg “por su vida plena y su final incierto”.
La diplomática recordó que “pocos meses antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, en Budapest, entró a su auto y, junto con su chofer, se dirigió al cuartel general ruso, a negociar con el mariscal (Rodion) Malinowski, presentándole un plan para proteger y rehabilitar a los judíos húngaros en la posguerra”, pero “a partir de allí, Occidente no supo más de ellos”.
Luego, Shavit aseguró que “una persona valiente” no es “aquella que no tiene miedo, sino la que tiene capacidad para afrontarlo”.
En este sentido, “la Shoá reveló las profundidades en las que se había hundido el hombre y Wallenberg representó, en ese mar de tinieblas, a un ser humano capaz de entender sus aspiraciones, demostrando que la justicia tiene valor”, prosiguió.
Para la embajadora israelí, “su misión tal vez se la pueda resumir en trabajar sin descanso, asumiendo mil riesgos y recurriendo a todos los recursos y esfuerzos, casi sobrehumanos, que lo convertirían en uno de los héroes de la Shoá”.
“Para el judaísmo -por lo menos- hay una misión que presupone un mensaje para toda la humanidad: quien salva a una vida es como si salvara al mundo entero”, finalizó.
Además de diplomáticos y personal de la legación israelí estuvieron presentes, entre otros, Kasper Andersson, primer secretario de la Embajada de Suecia; José Scaliter, vicepresidente 2º de la AMIA; Java Starowiejski, secretaria general de la Organización Sionista Argentina; Víctor Garelik, director ejecutivo de la DAIA; Adolfo Filarent, titular del Keren Kayemet Leisrael en este país; y Lázaro “Lalo” Slepoy y Sergio Widder, representantes para América Latina de la Organización Sionista Mundial y el Centro Simon Wiesenthal, respectivamente.
“Justo entre las Naciones” es la expresión tradicional que utiliza el judaísmo para referirse a los no judíos que merecen una recompensa divina por sus acciones.
En 1953, la Knesset (Parlamento israelí) aprobó una ley según la cual se designa de esa manera a quienes ayudaron, de manera altruista y singular, a las víctimas judías del nazismo y sus aliados durante la vigencia del Tercer Reich alemán.
Diez años después se determinó que fuera Yad Vashem, la institución creada para honrar a las víctimas y los héroes de la Shoá, la encargada de otorgar está distinción honorífica, luego de un estudio pormenorizado.
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