En secreto, a (el primer ministro israelí, Benjamín) Netanyahu le habría gustado ver a (el candidato presidencial republicano, Mitt) Romney en la Casa Blanca. La gente, al igual que los países, tiene tendencia a conectarse con aquellos que le sonríen. A Netanyahu le habría encantado ayudar a Romney ser elegido y deshacerse de la amargura y las tensas relaciones con (el reelecto Barack) Obama. Pero el primer ministro israelí nunca hizo públicos estos deseos.
A pesar de lo que afirman sus oponentes, Netanyahu no apostó por Romney. El primer ministro no es de apostar (aun cuando Sheldon Adelson, uno de sus principales donantes, es un magnate de los juegos de azar). No se puede acusar a Netanyahu de ser vacilante e incapaz de tomar decisiones y, al mismo tiempo, alegar que es un jugador salvaje, que toma riesgos.
Netanyahu no creó la tensión con Obama (ambos en la foto). No deberíamos confundir a la víctima con el violador. Fue Obama quien eligió El Cairo por sobre Jerusalem, fue Obama a quien se fotografió con las piernas sobre la mesa mientras hablaba por teléfono con Netanyahu y fue Obama quien coaccionó a Netanyahu a congelar la construcción en los asentamientos.
La primera cadencia de Obama como presidente no sólo fue problemática para Netanyahu, fue problemática para todo el Estado de Israel. El apoyo oficial continúa, pero el cariño se ha desvanecido. Más allá de sus relaciones con Netanyahu, Obama vio a Israel como una carga en Medio Oriente, en lugar de un activo estratégico.
(Hoy) miércoles Netanyahu será acusado de apostar nuestro futuro. Si Romney hubiese ganado, la gente habría hablado acerca de la suerte de Netanyahu, pero como ganó Obama, Netanyahu será acusado de poner en peligro los vínculos estratégicos de Israel con los Estados Unidos. Las consignas están listas, así como son los carteles.
Tal vez un primer ministro diferente habría sido capaz de mantener una mejor relación entre Jerusalem y Washington, pero el único apostador aquí fue Obama, el presidente que hace cuatro años puso a Israel en la mesa de ruleta y soñaba con ganarse “el gordo”. Los resultados, por cierto, no son tan grandes.
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