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Iom Kipur. Por el rabino Sergio Bergman

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En el libro de Levítico se prescribe el día de la expiación como conmemoración sagrada, así está escrito: “Tendrán este día por estatuto perpetuo. En el séptimo mes, a los diez días del mes, afligirán vuestras almas y no harán obra alguna, ustedes ni el extranjero entre ustedes. En este día se hará expiación de todos sus pecados delante de D-s. Ese día de reposo, es para ustedes y afligirán sus almas, es estatuto perpetuo. El sacerdote que fuere ungido y consagrado hará la expiación, se vestirá de lino con vestiduras sagradas. Hará la expiación por el santuario, el tabernáculo de reunión, por el altar, por los sacerdotes y por todo el pueblo de la congregación. Y será estatuto perpetuo, para hacer expiación una vez al año por todos los pecados de Israel. Y así Moisés lo hizo como D-s le encomendó”.
Era el día más solemne en cuanto a que el pueblo todo se presentaba en el Templo de Jerusalén para que el sumo sacerdote sorteara entre dos machos cabríos cuál sería para el sacrificio y cuál para la expiación. El chivo expiatorio permitía que los pecados del pueblo fueran expiados, liberándolo de los pecados colectivos. El pueblo todo, como uno, se presentaba y asumía las responsabilidades colectivas. Las individualidades debían y deben ser asumidas cotidianamente por cada individuo y eran redimidas en las ofrendas de los sacrificios diarios. Pero una vez al año, justos y pecadores, santos y olvidados se presentaban –juntos– y asumían, como pueblo, todas sus responsabilidades por acción u omisión.
Esta experiencia colectiva universal, para todos por igual, no solo los liberaba por expiación sino que los redimía como pueblo por mantener la fidelidad al pacto de ser uno. En nuestra espiritualidad cívica se hace necesario que, para que la Argentina sea una unidad, los ciudadanos adoptemos, a la manera de ritual del día de la expiación, un gesto colectivo que nos permita ligarnos –unos con los otros— en un acto de perdón, reconciliación, reparación y memoria, de manera tal que podamos vivir en paz, trabajar para avanzar sin olvidar, practicar la justicia, en lugar de la venganza y afirmar la verdad sin volver atrás.

Responsabilidad: de la expiación al perdón

Cuando los sacrificios se abolieron luego de la destrucción del segundo Templo, los rabinos, que reemplazaron en el liderazgo a los sacerdotes, establecieron la liturgia del Día del Perdón. Esa migración conceptual que transformó el Día de la Expiación en el Día del Perdón, instala una nueva dimensión en la responsabilidad colectiva del pueblo.
Etimológicamente, Iom Kipur en hebreo significa día de la expiación; sin embargo, el sentido que adquirió en los últimos dos mil años hizo que la etimología y las fuentes bíblicas fueran modificadas a la luz de la interpretación rabínica. A diferencia de la expiación, que anula la culpa cargándola sobre el objeto expiatorio, en este caso: el chivo que se liberaba en el templo, el perdón –en la interpretación rabínica— es una forma de construcción de la memoria por la cual las acciones no quedan anuladas, sino, justamente, asumidas y recordadas en la acción de perdonar.*
Esta tarea espiritual del perdón se realiza cada día de nuestras vidas en el ritual de las oraciones, pero hay un día al año en el que, todos como uno, nos presentamos ante D-s y ante nosotros mismos para hacer del perdón, un antiguo y nuevo pacto. Hacemos memoria, no olvidamos el pasado, perdonamos, somos perdonados y nos perdonamos para poder continuar la vida en un nuevo año. Para que sea nuevo y bueno debemos ofrecerle, en la obra de nuestras propias manos, el bien que deseamos. Transfiramos la milenaria tradición judía a nuestra sociedad argentina.
Gmar Jatimá Tová!
En reconocimiento y bendición.

*Fragmento del libro Argentina Ciudadana. Con textos bíblicos.

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