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Israel no respondió oficialmente a las acusaciones de Turquía contra cuatro altos oficiales de la Fuerza de Defensa de Israel, sin embargo, un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores dijo en anonimidad ayer que los cargos reflejan una caída e picada en las relaciones entre Ankara y Jerusalem. “Erdogan está asesinando sistemáticamente los vínculos entre ambos estados”, dijo.
La corte de Estambul votó por unanimidad aprobar una acusación contra el ex jefe de la FDI, Gabi Ashkenazi, junto con los ex jefes de su marina, inteligencia de fuerza aérea e inteligencia militar, Eliezer Marom, Amos Yadlin y Avishai Levi, según informó la Agencia Anadolu. Se enfrentan a nueve sentencias de vida consecutivas en prisión por “incitar a asesinar monstruosamente y torturar”, agregó la agencia.
El ex jefe Ashkenazi dio una respuesta y dijo: “Turquía es un estado importante y comparte con Israel un interés común en la estabilidad de Medio Oriente. Estoy seguro de que al final prevalecerá el sentido común. Desde el comienzo de este asunto elijo aparecer en cada foro y defender a los soldados del ejército israelí y a la FDI misma. Se llevó a cabo esta misión en el campo, para el beneficio del estado”.
El vice ministro de relaciones exteriores, Danny Ayalon, dijo que cree que se ejercerá una dura presión internacional sobre Turquía y le pidió que quite su acusación. “Vemos esto como un desarrollo grave. Las cosas han perdido todo tipo de proporción”, dijo.
Es poco probable que los miembros del ejército israelí sean llevados ante el sistema judicial de Turquía, ya que Israel no los considera criminales. Si son condenados en ausencia al final del proceso, el cual podría tomar meses o años, la corte turca podría lanzar una orden de arresto, pero dicho movimiento sería simbólico, no obligatorio.
Según las agencias de noticias turcas, se demandan nueve sentencias de vida – una por cada una de las víctimas a bordo del Mavi Marmara – como parte de la acusación, que pide prisión de 18.000 años combinados para los cuatro oficiales israelíes, como castigo por los crímenes cometidos durante la redada a la flotilla que buscaba romper con el bloqueo de la Franja de Gaza.

