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Los argentinos se sienten en su hogar en la comunidad judía de Winnipeg

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 Los 4.000 inmigrantes judíos que se instalaron en Winnipeg, Canadá, en los últimos 10 años llegaron a la ciudad de praderas por una variedad de razones y desde una variedad de lugares. Todos de ellos están de acuerdo, sin embargo, con que han elegido la mejor opción.

Winnipeg es una ciudad de tamaño mediano localizada en la provincia de Manitota en el medio de Canadá. Con una población de cerca de 700.000 personas, la capital se enorgullece a si misma de su estabilidad económica, razonable costo de vida, vibrante vida cultural y una diversidad étnica. La comunidad judía de la ciudad, actualmente de 16.000 personas, ha prosperado en Winnipeg por más de cien años.
Como las comunidades judías de Norte América, la de Winnipeg fue creada y concebida por inmigrantes. Mientras que sus fundadores fueron principalmente de Europa del Este, en los últimos años sus nuevos miembros llegaron principalmente de Sudamérica.
Dafne Orbach y Diego Skladnik son dos típicos inmigrantes. Junto con su pequeño hijo –hoy el más grande de tres niños – la pareja inmigró a Canadá de Argentina, a través de Guatemala, en el 2003.
“Estábamos buscando un país seguro en el que pudiésemos criar a nuestra familia, con una buena y activa vida judía, y escuchamos cosas buenas de Canadá. Nos dijeron que muchos otros argentinos estaban yendo a Winnipeg, entonces investigamos un poco sobre la vida en general y en particular sobre la vida judía ahí y decidimos probar en la pequeña ciudad”, explicó Orbach.
Orbach y Sklandnik primero llegaron a Winnipeg en una visita exploratoria en el 2002. Sus compañeros argentinos Sophia Allami y Leo Lisorgorsky también llegaron a Winnipeg para una visita ese año. Cerca de doce mese después, ellos y sus dos pequeños empacaron sus cosas de Buenos Aires y fueron a Winnipeg a vivir.
“Queríamos una ciudad más pequeña  y sabíamos que había personas mudándose a Winnipeg. Nos sentimos muy bienvenidos cuando fuimos a una visita exploratoria. Es lo que ayudó a que tomáramos la decisión de mudarnos. Empezamos a pensar sobre eso en diciembre del 2001, en abril vinimos de visita y nos mudamos en marzo del 2003 en cuanto llegaron nuestras visas”, dijo Allami.
A través del proceso de inmigración, tanto las familias de Allami como las de Orbach fueron ayudados por la Federación Judía de Winnipeg, el cuerpo representativo de la comunidad judía local, que trabaja en conjunto con el gobierno provincial para incentivar y expeditar las inmigraciones bajo el Programa de Candidatos Manitota. Bajo éste, los potenciales inmigrantes deben ir a Winnipeg para una visita exploratoria antes de proceder con su pedido de inmigración. Esta visita busca determinar si el potencial de inmigrantes y la comunidad son apropiadas.
Luego de esta visita obligatoria, los posibles candidatos reciben una Carta de Apoyo de la federación, en la que se los invita a pedir la inmigración a través de la Corriente de Iniciativas de Estrategia de Reclutamiento de la provincia, un paso que facilita el proceso de la visa. Antes de mudarse a Winnipeg, estos exitosos solicitantes son elegidos por una variedad de servicios de reinstalación tanto de la federación como de los Servicios de Niños y Familias Judías. De hecho, todos los nuevos canadienses que se unen a la comunidad judía de Winnipeg, tanto si llegan a través de un programa provincial o uno federal, son recibidos con los mismos servicios. Éstos incluyen asistencia para encontrar un hogar, anotar a los niños al colegio y navegar por las costumbres y cultura canadiense.
“Tener a alguien que nos espere en el aeropuerto y ayude con todo el papeleo inicial fue muy importante en el momento en el que estábamos intentando recuperarnos del shock de aterrizar en un lugar en el que todo es poco familiar. La comunidad estaba lista para meterse y ayudarnos a superar algunas barreras, como facilitar la apertura de una cuenta bancaria, alquilar nuestro primer departamento, identificar a subsidiarios disponibles y autentificar nuestros documentos”, dijo Leo Lisogorsky.
“Pero por sobre todo la comunidad nos dio un sentido de pertenencia y nos ayudó a comenzar nuestra cadena canadiense al conectarnos con otras familias canadienses que nos invitaron a cenas de Shabat o Seder de Pésaj, y facilitando nuestra participación en una variedad de eventos comunitarios”, agregó.
Hernan Popper, otro inmigrante de Argentina, tuvo una experiencia similar cuando llegó a Winnipeg con su mujer Andrea Roitman y su bebé en marzo del 2003. “Recibimos mucho apoyo de la Federación Judía. Tenían un interés honesto en recibirnos y hacernos parte de la comunidad judía de Winnipeg. Nos conectaron con la vida judía ahí y nos dieron ayuda y apoyo a través del Servicio de Niños y Familias Judío, y nos conectaron con la industria de líderes que nos guiaron en la búsqueda de trabajo”, contó.
Con su experiencia en empresas y marketing, Popper encontró rápidamente un trabajo en este campo, y ahora trabaja en una posición de dirección para una organización sin fines de lucro. Lisogorsky, Allami, Skladnik y Orbach también encontraron empleos gratificantes y desafiantes en sus carreras elegidas de ingeniería, consejería, empresas y mercado, a los pocos meses de mudarse. Sophia Allami es particularmente agradecida de que puede trabajar de terapeuta mientras termina su título Master. Winnipeg todavía está en alza económica en comparación con otras ciudades de Norte América, y como resultado el desempleo es bajo. La mayoría de las personas que llegan a la ciudad encuentran un trabajo que los satisface en un año, y usualmente antes.
“Todos los argentinos que conozco, de un modo u otro, encontraron el modo de crecer en sus carreras. Es un asunto de trabajar duro y encontrar las oportunidades”, dijo Dafne Orbach.
Trabajar duro y mantenerse positivo y abierto parecen ser las claves para una inmigración exitosa. Mientras que claramente hay ciertos desafíos a superar cuando uno se muda de un país a otro, los cientos de argentinos que fueron a Winnipeg, Manitota, Canadá, están contentos con su decisión y son unánimes en su amor por la ciudad adoptada.
“Tenemos amigos cercanos y todo en Winnipeg es cercano. Podemos comprar una casa, y considerando que somos inmigrantes, pudimos tener un buen estilo de vida. Los ciudadanos de Winnipeg son amistosos y sentimos que no somos discriminados por ser inmigrantes. Es un ambiente seguro para criar una familia. La comunidad judía es activa, podemos enviar a nuestros hijos a un colegio judío”, agregó. 
Lisogorsky hace eco de estos sentimientos: “Nuestra comunidad da la bienvenida. A pesar de que trabajamos duro, el ritmo de la ciudad es calmo. Las horas picos son un chiste y uno se siente seguro en la mayor parte de los lugares. El mercado laboral no es enorme pero es diverso. Todos nuestros amigos están trabajando y creciendo en sus trabajos. Winnipeg combina los servicios de una ciudad con el sentimiento de un pueblo pequeño. Podemos andar en bicicleta o esquiar en los bosques en nuestro barrio, y minutos después podemos estar en el teatro”.
Estos beneficios de vida, combinados con una cálida bienvenida e inmigración y apoyuos para reinstalarse que la comunidad judía local provee, hacen que Winnipeg sea un destino ideal para aquellos que buscan un nuevo hogar cómodo, seguro y hospitalario.
“Canadá es un gran país y está lleno de oportunidades. Estoy muy orgulloso de convertirme en un ciudadano canadiense y de criar niños canadienses. Los valores de esta sociedad son admirables”, dijo Orbach.
Para conocer más sobre la inmigración a Winnipeg mande un mail a [email protected].
 

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